La técnica de 4 pasos para ganar cualquier discusión aunque no tengas la razón

Aunque no lo parezca, escuchar los argumentos de quien tienes en frente, es la mejor forma de afianzar los tuyos

El algoritmo nos tiene cada vez más encerrados en nuestra propia burbuja, nos rodeamos de gente con la que estamos de acuerdo y seguimos solo a quienes refuerzan nuestra postura ante la vida. Pero aun así, siempre nos vamos a encontrar con alguien que nos lleve la contraria. Y eso es bueno, porque nos enriquece, pero tenemos que estar preparados para argumentar de forma constructiva y si es posible, convencer. Sin embargo, escuchar no está de moda. Aquí van unos cuantos consejos para que tu opinión sea escuchada aún con el peor de los interlocutores

1. Escucha antes de hablar

En lugar de empezar con tus argumentos fuertes, estate atento a los de tu adversario para entender sus fuertes y sus debilidades. Para ganar una discusión, lo más importante es saber escuchar. Entender los argumentos de quien tienes al frente para poder construir los tuyos con mayor solidez y contundencia. "Presta atención a las razones por las cuales alguien está en desacuerdo contigo", explica Fanele Mashwama, miembro del equipo que ganó el Campeonato Universitario Mundial de Debate de 2016. En una entrevista con el New York Times, Mashwama explica que si solo conoces tus argumentos y no eres capaz de empatizar, va a ser imposible que tu postura le resulte interesante a alguien. Así que imposible convencer.

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2. Combina argumentos racionales y emotivos 

Una vez que tengas el control de la situación y conozcas las posturas de ambos lados, es el momento de contraatacar. Seguro que te viene a la cabeza la típica persona a la que siempre la acabas dando la razón. Eso pasa porque es hábil y te conquista por dos caminos que a ti te pueden confundir. Ten claro que elementos más pragmáticos para tener razón y otros que van directos al corazón y a las emociones. Es la esencia de la dialéctica clásica griega, pero sigue funcionando.

3. No tenses la cuerda 

Si os estáis poniendo nerviosos, mejor mantener las distancias y dejarlo para otro día. Psychology today describe así las diferencias entre pelear y discutir. El primero se caracteriza por un tono de voz alto (gritos), retraer el pasado (reproches) y un enfoque hacia los problemas. El segundo, sin embargo, se trata de mantener el tono calmado, el respeto mutuo y la búsqueda de soluciones. Es la forma ideal de llegar a algún lado constructivo. Además, si sueles tener desencuentros con tu pareja, lo mejor es elegir un tiempo para hablarlos y fijaros un plazo para no estancaros en la eterna discusión.

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4. Cuéntalo bien

No es lo mismo discutir a tropezones que con una buena narrativa. Si quieres ponerte a la gente en el bolsillo, céntrate en cómo explicas las cosas. En este artículo de la Universidad de Cleveland nos dan algunas técnicas perfectas para conseguirlo: muestra las causas y consecuencias de las cosas, en especial, cuando algo que defiendes produce un efecto positivo; recuerda el famoso trío introducción, nudo y desenlace (todo se puede convertir en una historia para hacerlo más atractivo); cuando te alargues explicando algo, mantén la tensión para que te escuchen hasta el final; usa metáforas y citas literarias

Con estas cuatro normas, conseguirás que tus discusiones se conviertan en anuncios publicitarios. Todo el mundo te escuchará y acabarás convenciendo, aunque no tengas razón del todo, sin necesidad de entrar en batallas e insultos. Pura elegancia y armonía. 

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