No Tenemos Mucha Suerte, Sino Mucho Trabajo A Las Espaldas

Cómo dolía pasarte largas horas estudiando y después de sacar buena nota que alguien te dijese: "Qué suerte tienes, has sacado un diez". Aquella frase sonaba como una bofetada en toda la cara. Las horas de estudio previas parecían de pronto insignificantes, porque esa frase que en principio no pretendía ofender a nadie ocultaba un desprecio por todo el trabajo y la dedicación. Detrás estaba la idea de que no había ningún mérito por hacerlo bien, sino solo puro azar, o dioses conspirando a nuestro favor.

"Tu esfuerzo de ahora alguien lo llamará buena suerte en el futuro".

La frase contraria también tenía su veneno: "Qué mala suerte". La mala suerte de suspender, la de tropezar y romperte la pierna o que aquel chico te dejase plantada. Haber aceptado esa idea me habría condenado a no aprender nada, y cometer repetidamente los mismos errores con los exámenes y los hombres. Ha sido precisamente mi escepticismo acerca de la Suerte lo que ha hecho que prospere, mejore y aprenda. La suerte nos puede atraer y seducir, pero sus garras nos destruyen. Es como las antiguas sirenas de la mitología clásica: sonaban a cantos de mujer, pero eran peces crueles que se comían a los marineros que se lanzaban al agua encandilados.

"La suerte arrasa con el mérito e impide que los problemas se conviertan en oportunidades".

Muchas personas en la antigua Grecia creían en la suerte, como una especie de destino implacable que estaba escrito desde el principio y no nos quedaba otra que aceptarlo. Por eso, Edipo, el protagonista de una famosa tragedia griega, acabó matando a su padre por accidente y casándose con su madre sin saber que lo era, a pesar de que todos habían intentado a toda costa evitar que se cumpliera la profecía. Ellos creían que no había forma de escapar de esa suerte, y solo quedaba asumirla, ¿pero dónde quedaba entonces la libertad para crear el propio destino personal?

"Cuanto más duro trabajo, más suerte tengo" - Thomas Jefferson

También hoy en día hay personas que creen en la Suerte, como si fuera cuestión de magia o de fe, así que cuando algo les sale bien es buena suerte y cuando tienen problemas es mala suerte. El problema es que es difícil aprender de un fracaso si pensamos que ha sido pura mala suerte. Si creemos demasiado en la buena suerte tampoco podremos aprender a identificar lo que nos ha funcionado bien para repetirlo más veces, ni podremos reforzar la autoestima a partir de los propios logros.

Otro problema de creer en la suerte es que nos cuesta más ser agradecidos. Si creemos que vivir en la era de Internet es una suerte, entonces fácilmente nos olvidaremos de que es algo que han hecho posible muchas personas: toda una suma de ideas, sueños, trabajo y creatividad.

En las últimas semanas, ha tenido mucho movimiento en las redes sociales esta imagen de autor desconocido. Resume muy bien esta filosofía que entiende que la suerte en realidad no existe, sino que es el fruto de trabajar y mejorar cada día.

No tenemos mala suerte, sino muchas cosas de las que aprender aún, y errores que solucionar. Además, necesitamos aceptar que por estadística no puede salirnos todo bien, pero eso no es mala suerte, sino un cierto balance vital que es necesario y normal. Claro que hay mil aspectos que no dependen de nosotros, pero nos acercaremos más a la solución trabajando por ello que apelando a la mala suerte. En cuanto a las alegrías que nos suceden, no es que tengamos buena suerte, sino mucho trabajo a las espaldas. Lo que tenemos hoy es el resultado del trabajo de todas las personas de la Historia que han hecho que seamos quienes somos hoy, y podamos disfrutar de las mil maravillas que nos rodean.

Crédito de la imagen: Alejandro Pinto