El "sueño bifásico" podría ser la solución medieval a tu insomnio

La manera de dormir de los seres humanos cambió drásticamente con la llegada de la Revolución Industrial provocando alteraciones en el descanso como el insomnio y desterrando la tradición del "sueño bifásico"

Desde que comenzó la pandemia los casos diagnosticados de insomnio aumentaron un 35% y es muy posible que tú también estés luchando por lograr el ansiado descanso por las noches. Sin embargo, la investigación de un historiador de la Universidad Estatal de Virginia (Estados Unidos) podría desmontar todo lo que creías saber sobre el sueño y cómo los seres humanos hemos dormido a lo largo de la historia. El término acuñado por Roger Ekirch tras consultar cientos de documentos históricos es el “primer sueño” o “sueño bifásico”.

Al parecer, eso de echarse en la cama durante 8 horas o más es algo relativamente reciente e la historia del ser humano. En realidad, se trataría de un lujo al que no habíamos tenido acceso hasta la industrialización y la adaptación de nuestros horarios de sueño y vigilia a la producción industrial. Prueba de ellos es que en la Europa Medieval era una costumbre completamente asentada, y que Ekirch remonta a tiempos prehistóricos, el echar un sueño de unas dos horas entre las 21 y las 23h de la noche. 

Eso sí, el “primer sueño” no era igual para todos. Los ricos disponían de colchones a base de paja o trapos, mientras que el resto de los mortales apenas tenían espacio para dormir en habitaciones colectivas (muchas veces establos o cocinas) directamente sobre la paja o el suelo. A pesar de dormir juntos, existían estrictas convenciones sociales para evitar problemas como limitar los movimientos, el contacto físico o distribuirse de una manera ordenada en la habitación.

Como explica el historiador, a las niñas les correspondían los espacios pegados a las paredes mientras que la madre y el padre dormían en medio y los hijos varones en el otro lado. El periodo de vigilia que existía entre el primer sueño y el segundo era conocido como “el reloj”. Durante ese tiempo las personas se dedicaban a vigilar o alimentar el fuego, hacer sus necesidades, repasar el estado de los animales en la granja y, en los países cristianos, dedicar un tiempo a la oración. 

Por supuesto, se sabe que esos periodos eran también los preferidos para el sexo ya que, en realidad, durante el día los campesinos y artesanos estaban tan ocupados que a penas disponían de tiempo libre para esos menesteres. Además, las dos primeras horas de sueño facilitaban un ligero descanso después de un duro día en el campo o el taller. Ya la segunda fase del sueño solía prolongarse hasta el amanecer, momento en el que retomaban las labores de cuidado del ganado y que solían iniciar con una nueva oración. 

Otra de las cosas que comprobó Ekirch e inspiró su libro ‘At Day's Close: A History of Nighttime’ es que esta costumbre también era común en casi todas las regiones del globo. Un documento portugués datado en 1555 confirmó que los indios tupinambá de Río de Janeiro no cenaban hasta echar “el primer sueño” lo que, probablemente, era una práctica muy extendida en todas las comunidades indígenas del Nuevo Mundo. De hecho, entre los primates y lémures la práctica de dividir el sueño en varias fases es lo más común. 

Pero la llegada de la sociedad industrial y la iluminación artificial cambió todo. “La iluminación artificial se volvió más predominante y poderosa, y además de alterar los ritmos circadianos de las personas, permitió que se quedaran despiertas más tarde”, explicaba Ekirch a la BBC. Así que si eres de las personas que sufre con el sueño no dudes en echarle la culpa al ritmo de la sociedad industrial. Quizás tengas más horas de sueño que ninguna otra generación de humanos, pero eso también puede ser un problema.