Para Solucionar Un Problema Solo Deja De Preocuparte Por Él

Todo en esta vida es una cuestión de actitud, esto está claro. Ver el vaso medio lleno o medio vacío depende únicamente de tus emociones en ese momento. A todos nos gustaría verlo medio lleno, pero no siempre es posible, porque a veces nuestras preocupaciones nos hacen ser pesimistas.

Y no voy a decir ahora que hay que ser siempre positivo porque, cuando la vida te está jodiendo, intentar evitar los sentimientos dolorosos es un error; todos los sentimientos son útiles y no debemos suprimirlos. Pero últimamente me estoy dando cuenta de que la gente se busca más preocupaciones de las necesarias, comiéndose la cabeza por problemas cuya importancia es muy relativa.

De hecho, tengo una teoría: que los problemas realmente no existen o, al menos, no deberían tener el poder de alterar nuestro ánimo. ¿Por qué? Pues porque si el problema tiene solución y está en tu mano arreglarlo, no tienes motivos para rayarte, simplemente arréglalo; si por el contrario no tiene solución, o la tiene pero tú no puedes hacer nada al respecto, para lo único que te sirve darle vueltas es para perder el tiempo y las ganas de vivir (que oye, si necesitas una excusa para no ir a comer a casa de tu suegra, puede ser útil).

Pero en ninguno de los dos casos preocuparte por ello tiene una utilidad práctica, y lo único que consigues es que el problema se enrede en tu cabeza y te vaya minando la moral y a la larga afectando a tu comportamiento. Un ejemplo: para muchas personas los nervios ante un examen son un problema serio. Se pasan las horas previas pensando si se lo sabrán bien, si se les habrá olvidado algo, si les preguntarán ese tema que no les ha dado tiempo a mirarse... y al final los nervios les juegan una mala pasada y la cagan en preguntas que se sabían.

Pues esto es una tontería, y solucionarlo es tan fácil como plantearlo así: tú ya has hecho todo lo que estaba en tu mano estudiando, y el resultado depende de que las preguntas coincidan con lo que te sabes. ¿De qué cojones sirve preocuparse si no puedes hacer nada más para alterar lo que va a pasar? Este ejemplo es tonto, pero esta filosofía se puede aplicar a todo.

Hay quien confunde no preocuparse con que no te importe, pero es justamente lo contrario. La preocupación, en el 99,9% de los casos, solo te afecta de manera negativa. Te hace ver el vaso medio vacío y te lleva a obcecarte con ese problema, evitando que lo veas todo desde una perspectiva más completa. La rayada no solo te impide ser efectivo en la resolución del problema, también te quita tiempo y atención de otras cosas que te podrían ser mucho más útiles. Por tanto, ¿no es mucho más lógico no preocuparse?

Crédito de la imagen: DiggieVitt