La Soledad Es Hermosa Cuando Se Tiene Con Quien Compartirla

No hay soledad más dura que aquella que uno siente rodeado de mucha gente. La soledad de sentirse incomprendido, de sentirse poco querido. La soledad de notar que uno va en la dirección contraria al mundo. Estar solo, en cambio, pero sentirse acompañado de las personas que recordamos, es mucho mejor. Es la paz de poder disfrutar en el cine con uno mismo, sabiendo que tendríamos un amigo al que llamar si nos hubiese apetecido. Es la alegría de dormir ocupando toda la cama, sabiendo que nuestra pareja viaja pensando en nosotros... o que si estamos solos, solteros, es porque ahora mismo nos encanta estar así.

No estamos solos si nos sentimos acompañados, porque sabemos que podemos descolgar el teléfono y habrá alguien que nos escuchará con ilusión al otro lado. Pero a veces necesitamos esa soledad ausente, aquella que nos permite disfrutar de la presencia de ese mejor amigo con el que siempre vamos enganchados, sin poder evitarlo: nosotros mismos. Una relación que necesita ser cultivada como todas las demás, y que muchas veces dejamos de lado, porque nos ocupamos en exceso de todas las otras.

Estar solo sintiéndonos acompañados es la oportunidad perfecta para desarrollar la autoestima, para recordarme a mí mismo que me quiero, que estoy ahí para lo que necesito. Es la ocasión ideal para dejar de buscar la aprobación de los demás a toda costa. Para hacer todas esas cosas que los demás consideran que no son divertidas y a nosotros nos encantan: es genial descubrir que hay alguien que se divierte exactamente como tú. Estar solo es la mejor forma de asegurar a las personas que queremos que cuando estamos con ellas realmente queremos estar, y no es porque las necesitemos, para llenar un vacío que nos hace sentirnos incómodos cuando no hay nadie a nuestro lado.

"¿Por qué, en general, se rehuye la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos" - Carlo Dossi

A veces nos da miedo esa soledad, y la evitamos a toda costa, buscando distracciones. Llenamos ese vacío con el Whatsapp, trabajando más de la cuenta, con las redes sociales, con un amigo tóxico al que hace tiempo deberíamos haber dejado ir, o en discusiones con la pareja porque no pasa demasiado tiempo a nuestro lado... Pero la soledad se entrena, se aprende, y se vuelve cada vez más maravillosa cuanto más se practica. Esto no significa que nos volvamos lobos solitarios, porque esa clase de soledad es en realidad el complemento perfecto de la compañía, porque aquellos que disfrutan de ella, después saben apreciar mejor una conversación, un abrazo, un amigo, una llamada...

Hay tantas cosas maravillosas que se pueden hacer cuando uno está solo... Esas que nos perderíamos si siempre llenásemos ese hueco con gente... Leer, recordar a un viejo amigo, hacer fotos sin prisa, dar forma a nuestros sueños, observar a la gente que va por la calle, escribir una carta, ver películas que solo te gustan a ti, cantar, aprender a hacer algo nuevo, reflexionar, conectar con la naturaleza, hacer deporte, jugar a algún pasatiempos...

La soledad, si la elegimos nosotros, es un regalo para disfrutar, un espacio único donde aprender a ser felices.

“Porque sin ti, sin ti lo soy todo” - Bárbara Esteban

Consejo Milenial: regálate espacios de soledad, y es más probable que cuando estés acompañado no te sientas solo.

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