Por Qué Yo Sola Soy Mi Propio Caballero Andante

En los tiempos que corren, ya deberíamos tener claro que el papel de la damisela en apuros que necesita ser salvada por el caballero andante ha quedado obsoleto. En cambio, de vez en cuando el mundo parece confabularse; nos pone abismos y dragones en el camino, y nos susurra que solas no lo lograremos.

El kétchup y la mostaza

El mundo parece hecho para unirse por parejas, incluso la mostaza se pone en la mesa junto al kétchup. Parece que si no encontramos a un mozo recio que nos saque las castañas del fuego acabaremos solas, nos recluiremos en una casa oscura donde comenzaremos a acumular basura y gatos, que nos comerán cuando nos muramos sin que nadie se dé cuenta. Bueno, quizá esto último es un poquito extremo. Pero no deja de ser cierto que una nube sombría parece seguir flotando sobre las chicas solteras.


All the single ladys

"¡Que se te va a pasar el arroz!" nos decían nuestras abuelas, y a nosotras nos daba la risa. "¡Calla, abuela, que me estoy pegando una paellada!". En cambio, los años van pasando, la gente se va emparejando, y de pronto tú empiezas a mirar el reloj, y a acordarte de tu abuela y de la madre que la parió. ¿Qué voy a hacer si nadie me quiere? ¿Qué voy a hacer si nadie se fija en mí y me quedo soltera para siempre-jamás?


Un mundo de posibilidades

Aparte de lo estúpido que suena el concepto de 'siempre-jamás', necesitamos recordar que tener pareja es solo una opción. No vamos hacia allí, no es obligatorio, no es una necesidad, y no debería ser el objetivo en la vida de nadie. Hubo un tiempo en el que, lamentablemente, una mujer poco contaba sin un marido. Pero no hoy. Nos jactamos de ser independientes, de ser libres, y de ser capaces de ser y hacer lo mismo que los hombres (¡y además nosotras podemos hacer todas esas cosas al mismo tiempo!). Así que, ¿a qué viene esta autocompasión?


Sálvate a ti misma

La compañía de alguien especial puede ser agradable, pero no es básica. Hay algo también mágico acerca de ser solteras, que a veces olvidamos; salir de copas con las amigas a despellejar al sector masculino, y reír hasta reventar, coquetear con chicos guapos y ligarnos a alguno. Tener emocionantes primeras citas y esperar fascinantes primeros besos. El corazón que bate acelerado con la novedad. Estar abiertas a trabajar en cualquier lugar del mundo sin tener que esperar a nadie, viajar solas. Parar en cafés a merendar y a leer un libro sin darle charleta a nadie. Romper una tarde con el mundo para quedarnos en casa a bebernos un té calentito mientras llueve afuera. Tomar nuestras propias decisiones sin contar con nadie, solucionar nuestros problemas, ser capaces de todo, de comernos el mundo, de conquistarlo, de hacerle un baile, y de acostarnos felices, porque todo, lo logramos solas.


Con esa perspectiva, si el Príncipe Azul no quiere irse con nosotras, es que es un verdadero mequetrefe. Pero en cualquier caso, lo sabemos, no le necesitamos, porque nosotras ya somos nuestro propio caballero andante.