Ahora Mismo Estás Siguiendo Las 7 Pautas De La Vida Líquida (Y Tú Sin Saberlo)

"Fluyendo como el agua avanzas veloz con ella, sin ir nunca contra la corriente, sin detenerte hasta estancarte, sin aterrarte a los márgenes ni a las rocas del río —los objetos, las situaciones o las personas que pasan por tu vida—, sin ni siquiera tratar de conservar tus opiniones o tu visión del mundo, sino simplemente sosteniendo ligera pero inteligentemente lo que se te vaya presentando a tu paso para inmediatamente soltarlo con elegancia, sin agarrarlo…".

Este fragmento del pensador chino Lao Tse encaja perfectamente con el concepto de la 'vida líquida' que defendió el filósofo polaco Zygmunt Bauman hasta el último de sus días. Según él, todo fluye, todo cambia, todo se escurre como el agua entre los dedos: el tiempo, el amor, el trabajo, la vida.

Bauman creía que vivimos en una sociedad líquida formada por individuos que viven aquí y ahora, que van haciendo sobre la marcha. Que 'demomentean'. Y luego ya veremos. Como el carpe diem de toda la vida, pero llevado al extremo. Como bien apuntó el economista francés Jacques Attali, los integrantes de esta sociedad "no poseen fábricas ni tierras, ni ocupan puestos administrativos. Su riqueza proviene de un activo portátil: su conocimiento de las leyes del laberinto".

Aunque Bauman murió recientemente a los 91 años, la radiografía (casi visionaria) que hizo de la sociedad actual es muy certera. El mundo cambia a una velocidad tan frenética y drástica que no nos queda otro remedio que adaptarnos a este constante cambio en todas las vertientes de nuestra vida. Fluir. Como el agua. O como el líquido se amolda a cualquier recipiente en el que sea vertido. Esto es lo que Bauman dice que nos pasa:

1. A la deriva

Tenemos un barco sin rumbo ni patrón. Vamos en busca de cosas que nos satisfagan ahora. Pero no vemos más allá, porque ni siquiera sabemos si hay más allá. Y si existe, nadie ha vuelto para contarlo. No hay plan (y no pasa nada). La parte mala de esto es que tenemos una sensación de incertidumbre constante.

2. Dejar atrás

Airear, oxigenar, quitar. Olvidar, borrar, dejar y reemplazar. Es más importante librarse de las cosas que adquirirlas.

3. Aquí y allá

Nos sentimos como en casa en muchos sitios, pero en ninguno en particular. Como estamos en constante movimiento (nosotros y las cosas), hoy podemos vivir aquí y mañana allá.

4. Eutropia

Vivimos en la ciudad descrita por Italo Calvino. Cuando nos sentimos presos del hastío y ya no podemos soportar nuestro trabajo, ni a nuestros parientes, ni nuestra casa, ni nuestra vida, nos mudamos a la siguiente ciudad.

5. Amor líquido

Te quiero (de momento). Quiero la felicidad que me provocas ahora. En este instante. Me gusta esa cara que se me pone cuando te veo llegar, como cuando veo que sale mi maleta en la cinta del aeropuerto. Pero eso, de momento.

6. Libertad

Para elegir, para movernos, para dejar de ser lo que ya no queremos ser.

7. Lumpenproletariado espiritual

Vivimos en y por el presente. Vivimos para sobrevivir. No hay margen para preocuparnos por ninguna otra cosa que lo que podamos consumir y disfrutar aquí y ahora.

Lo cierto es que este incesante cambio tiene un gran inconveniente: el miedo. Cosificamos a las personas. Y si las cosas caducan, las personas también. Por todo ello, nos deshacemos de las parejas con la misma facilidad con la que sacas del armario esas zapatillas que han pasado de moda. Porque esos pompones que el año pasado te parecían divinos, ahora te horrorizan. Y además ya no se llevan. Y tú no quieres quedarte atrás. Tienes miedo de dejar de gustar, igual que esas zapatillas. De que tu jefe ya no te vea lo suficientemente polivalente. De que tus amigos ya no te consideren tan ocurrente. Tienes miedo del miedo. Y solo puedes moverte con la suficiente rapidez como para seguir corriendo sin detenerte a mirar atrás. Sin hacer recuento de las ganancias y las pérdidas.

Y entonces, devorado por esta vida loca (digo líquida) que no se detiene para nadie, solo te queda reposar sobre al agua. Flotar y fluir. E intentar llegar a puerto con la esperanza de no haberte perdido entre la vorágine.