El Secreto Para Comerse El Mundo Es Madrugar, Madrugar Y Madrugar

Si quieres tener éxito, levántate temprano. Michelle Obama madruga, Jack Dorsey (cofundador de Twitter) madruga y el genio de Steve Jobs lo hacía. Hay una obsesión cultural por creer que si te levantas con el toque de diana serás más productivo, tendrás más energía y mejor humor durante el día y alcanzarás la gloria y parece ser que no está lejos de la realidad.

El best seller The Miracle Morning -o 'los seis hábitos que transformarán tu vida antes de las ocho de la mañana'- ha hecho mucho daño. Gente que tras leer el libro se levanta a las cinco de la mañana porque, oye, si Richard Branson (fundador de Virgin Group) y Howard Schulz (consejero delegado de Starbucks) lo han probado y les funciona, ¿por qué a mí no? Te diré por qué. En el tiempo en que estos superhombres han meditado, escrito sus planes para el día, hecho ejercicio, llevado a sus hijos al colegio, contestado la mitad de sus mails después de tomar un desayuno de campeones y están listos para ganar millones, a ti solo te ha dado tiempo de rodar de la cama y quemar una tostada.

Cada persona tiene su ciclo circadiano o, en cristiano, ese reloj interno programado en ciclos de 24 horas que te dice cuándo dormir y cuándo despertar. Eres más bien de un cronotipo madrugador, dirás, pero no sabes por qué, siempre sales de casa con un petardo en el culo. Y si eres un búho que se acuesta cuando empieza la Teletienda, por la mañana no eres persona hasta que te has tomado el tercer café.

El método matinal, al que los CEO de las mejores startups deben sus éxitos, contempla una fase de meditación, tiempo para escribir unas líneas en tu Moleskine, visualización de tus objetivos y deseos, una rutina de ejercicio y algo de lectura. Todo eso está muy bien si estás podrido de dinero y no te hace falta trabajar. Pero si eres como el común de los mortales y tienes una jornada laboral de ocho horas, difícilmente dispondrás de dos horitas para hacer el ganso por la mañana.

Lo normal es que te levantes de la cama después de posponer la alarma del móvil cada cinco minutos. Por cierto, si eres de los que tortura su cuerpo mediante la práctica del snooze, que sepas que estás interfiriendo en la inercia del sueño engañando a tu reloj biológico para que entre en un nuevo ciclo de sueño e interrumpirlo inmediatamente después. No seas iluso, ¿acaso esos cinco minutos de propina te van a servir de algo si te has acostado a las tantas? Vete a dormir a una hora prudente para garantizar, por lo menos, siete horas de sueño.

Podemos sacar una máxima de todo esto: si empiezas bien el día, quizás no acabe siendo un desastre. Tampoco hace falta levantarse a las cinco de la mañana. Eso sí: si suena el despertador a las siete y media, levántate a las siete y media. Madrugar sin sufrir es posible. Solo tienes que acostumbrar al cuerpo a cierta rutina. Puedes probar, progresivamente, a levantarte cada día cinco o diez minutos más temprano. Está claro que una mayor exposición a la luz natural actúa como estimulante, así que sube las persianas y deja que los rayos del sol acaricien esa carita. Y si eres de los pringados que se tienen que levantar cuando aún es de noche... mi más sentido pésame.

Sacrificar veinte minutos de sueño para hacer algo de ejercicio tampoco te hará tanto daño. Al contrario, el deporte a primera hora ayuda a quemar más grasas y salir con las pilas cargadas de casa. Al levantarte antes también te dará tiempo a desayunar como Dios manda. El desayuno es la comida más importante del día, dedícale el tiempo que merece. Bebe agua aunque no tengas sed. Pasamos unas cuantas horas sin beber mientras estamos durmiendo, así que tomar un vaso de agua nada más levantarte te hidratará. Y no salgas de casa sin desayunar o acabarás atracando la máquina de vending de la oficina, esa odiosa trampa del diablo cargada de galletitas vestidas de chocolate con cuerpo de cacahué.

Si con el tiempo consigues mantener una rutina de actividades que te motiven de buena mañana, tienes mucho ganado para que el resto de la jornada vaya como la seda. Por último, dedica unos minutos a pensar en ti -organiza tu día, piensa en cómo te sientes o en lo que te falta en la nevera, o simplemente relaja la mente dejándola en blanco-. Hazlo en posición de flor de loto o mientras visitas al señor Roca. Da igual cómo lo hagas pero hazlo; quizás sea el único momento del día que tengas para hacerlo.