Por qué es sano estar de vez en cuando de mal humor

Según un estudio, la probabilidad de sufrir es mucho más alta si tienes una actitud positiva

Afrontar el día con una sonrisa, actitud positiva y confiando siempre en los demás quizá no es la mejor forma. Siempre se suele decir que el pensamiento feliz y buenrollero es a lo que deberíamos aspirar todos, pero no se suele contar la cara más oscura: nos convierte en seres más inocentes, indefensos y nos amplifica la exposición al sufrimiento.

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Un estudio publicado en la revista académica Journal of Experimental Social Psychology determinó que estar de mal humor y dejar las sonrisas aparcadas nos daban mayores capacidades sociales para detectar mentiras y tomar decisiones más conscientes y que nos expongan a un menor riesgo de sufrimiento.

El estudio puso a un grupo de personas a ver un duro vídeo de muerte por cáncer y a otros un videoclip de comedia. Aquellos que salieron destrozados por el vídeo del cáncer pudieron detectar más mentiras que los felices, a la vez que cometieron menos errores de juicio, tuvieron mayores capacidades de comunicación estratégica y fueron más precavidos en la toma de decisiones para evitar dolor. Por otra parte, los que estaban en un estado más dicharachero estaban cegados por una gran positividad que los mantenía más expuestos a mentiras, engaños, trampas y situaciones perjudiciales.

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En definitiva, el estudio concluyó que cuanto más feliz eras, más probable es que acabases sufriendo. Y que aquellas emociones que siempre se catalogan de negativas (la desconfianza, el miedo, los nervios, etc) nos protegen de lo que podría hacernos daño.

Aun así, como explica Tim Herrera en el New York Times, las conclusiones de este estudio no deben tomarse al pie de la letra. Es decir, no debes convertirte en un amargado para dejar de sufrir. “Lo que las investigaciones quieren decir es que debes estar consciente de tus emociones y sentimientos —y cómo influyen en lo que haces— al momento de tomar decisiones importantes o discutir temas delicados”, añade.

Al final, esto solo nos demuestra que podemos ser más susceptibles al engaño cuando estamos felices o cuando el mentiroso o persona que nos va a perjudicar es alguien con quien tenemos confianza y nos queremos. Así que, no estés siempre con la ceja arqueada desconfiando, pero tampoco vayas por la vida cegado por la positividad. Porque entonces serás muy vulnerable.