Hay una razón por la que nadie te puede obligar a estar siempre feliz

Hace dos años Disney-Pixar realizó su propio manifiesto en favor de la tristeza y las llamadas ‘emociones negativas’ como parte esencial de la vida. La película Inside Out (Del Revés) resaltaba la importancia de la tristeza en contraposición a la felicidad y nos enseñaba que, en un mundo de dualidades, una no es posible sin la otra. Además, la trama y el final —que no vamos a spoilear— dejan claro que la tristeza es esencial para avanzar y que sin ella no podemos adaptarnos ni superar ciertas circunstancias de la vida.

El desarrollo de la psicología positiva a partir de los años noventa gracias a su 'gurú' Martin Seligman ha desembocado en una orgía de manuales y cosmovisiones dirigidos a aumentar tu felicidad y entrenar tus capacidades para alcanzarla, entendiendo la felicidad como una estación de destino donde el resto de emociones —las supuestamente negativas— se evaporan en el aire una vez la alcanzas. De hecho, esta nueva corriente de pensamiento implica conceptos como que ‘estar triste es malo’, que hay que ‘ver las desgracias como oportunidades‘ o que ‘todo depende de ti y de tu optimismo’.

Estas ideas buscan fomentar la positividad y ayudar a las personas a escapar de la depresión, lo cual esta genial, pero son un arma de doble filo en la medida en que invitan a rechazar o negar estadios como la tristeza o el miedo, emociones inherentes a la condición humana que si existen es por algo.

Es necesario estar triste para alcanzar el bienestar

Está claro que la solución —al menos parcialmente— está en nosotros mismos, en el autoconocimiento, pero también lo está en la aceptación. El ser humano es inseguridad y miedo en la misma medida que alegría y fortaleza. Además, no somos omnipotentes ni capaces de controlar por completo nuestros destinos. Menuda responsabilidad si todo lo que te sucede depende únicamente de ti. Vaya presión si cada cosa mala que pase —porque te seguirán pasando por mucho que proyectes positividad al Universo— trae consigo la culpa, porque claro, todo 'está en ti'.

Si tienes un fracaso amoroso o te echan del trabajo, por descontado debes analizar la situación y aprender de ella, asumir tus errores, pero el contexto social y las decisiones de los demás influyen en lo que nos pasa, así que no, no tienes la santísima culpa de que algo no te salga bien. De la misma forma, tampoco la suerte es solo del que se la labra ni todo lo bueno llega en consecuencia al esfuerzo. Hay muchas variables aleatorias. En resumen, tienes derecho a estar jodido, y de hecho, debes estarlo de vez en cuando.

Las Etapas del duelo fueron establecidas en 1969 por Elisabeth Klüber-Ross en su libro Sobre la muerte y los moribundos y, en ellas, tienen cabida diferentes emociones y todas son necesarias. De hecho, la última fase antes de la aceptación es la pena. Estas etapas, aunque se establecieron respecto a la superación de la muerte de un familiar, se pueden aplicar a muchos tipos de pérdida: el amor, el trabajo, el estilo de vida. Bloquear las emociones y su función reparadora puede ocasionar el efecto contrario al que buscamos, es decir, la 'bola' se hace más grande y luego se te atraganta vete a saber dónde.

Evitar estar triste o enfadado no borra de un plumazo la emoción, solo la deja rezagada, esperando para contraatacar cuando menos te lo esperes en forma de traumas o somatizaciones. Además, la tristeza tiene una respuesta fisiológica necesaria, ya que "genera inactividad y desmotivación, así como un ligero aumento de la actividad cardiaca y neurológica. Sirve para fomentar la reflexión y el análisis tras una pérdida o un fracaso" explicó Gonzalo Hervás, experto en emociones y psicología clínica, en un artículo para S Moda. 


La felicidad no existe como la venden en los libros de autoayuda

Es curioso, además, que después de tantos libros de autoayuda y empoderamiento personal seamos igual de 'no-felices' que hace 40 años, según constató un estudio de la Universidad de Chicago. La cuestión es que, tal y como afirmó el reconocido psicólogo evolutivo Frank T. McAndrew en un artículo para la revista The Conversation, "puede que estemos programados para estar insatisfechos la mayor parte del tiempo". Para ello, McAndrew hace referencia al libro The Happiness Myth de la filósofa Jennifer Hecht. En él se explica que la felicidad no es homogénea, sino que está formada por diferentes tipos que en muchos casos no son complementarios.

Si quieres labrarte una carrera profesional de 'jefazo' y, además, mantener una relación sentimental a largo plazo, es posible que veas poco a tus amigos y que tengas que renunciar a salir de copas o marcarte un viaje improvisado. Si por el contrario decides disfrutar de tu dinero, viajar y cultivar tus amistades, así como otros placeres más mundanos, es probable que tengas que renunciar al ahorro, a una pareja estable y a muchos tipos de carrera profesional. La obligación e intento de estar plenamente feliz en todos los ámbitos de tu vida solo te traerá frustración, y por tanto, más tristeza. Toca aceptar que, de una forma u otra, siempre estarás insatisfecho. Tranquilo, no pasa nada.

Según McAndrew, está 'insatisfacción crónica' es de hecho un mecanismo evolutivo. Tendemos a recordar el pasado de color de rosa y a pensar en un porvenir lleno de luces de color. Esta cuestión no es sabiduría popular, sino un mecanismo de nuestro cerebro llamado 'sesgo optimista' donde el presente siempre sale malparado en comparación con el pasado y el futuro cuando está comprobado que no tiene por qué ser así. Y, sin embargo, lo creemos. Gracias a esta idea y a la 'insatisfacción crónica' seguimos adelante, seguimos trabajando y creando, seguimos viviendo. Si se pudiera alcanzar la felicidad completa a largo plazo, se nos acabarían los motivos para desear y esforzarnos. El mundo se detendría.

Igual que en Inside Out, la tristeza se puede convertir en la heroína de tu vida, la mártir que sacrifica su imagen pública en favor de tu bienestar futuro. Te ayuda a valorar los aspectos en los que estás satisfecho y te hace disfrutar de los momentos felices que endulzan tus días. Recuerda, la felicidad es una pasajera en el tren de tu vida, no la estación de destino. Disfruta de ella cuando se siente a tu lado.