La razón por la que a nadie le importan una mierda tus excusas

El tiempo y el dinero son las dos principales excusas que damos para no hacer cosas que en realidad NO queremos hacer. Porque, si de verdad quisiéramos, la insistencia y la perseverancia harían que removiéramos cielo y tierra para encontrar tanto dinero como tiempo, por ejemplo, cambiando el orden de nuestras prioridades o usando nuestra creatividad para encontrar maneras de financiar nuestro sueño.

Las excusas también se ponen cuando algo no ha salido. Si suspendemos un examen, decimos que "el profesor nos tenía manía", cuando no ganamos una carrera, decimos que "nos pusieron la zancadilla" y cuando nos reprochan que tenemos un carácter difícil, nos escudamos en la educación que recibimos. Pero nada de esto tiene sentido. ¿A quién le estamos poniendo estas excusas? ¿A quien nos pregunta o a nosotros mismos?

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No hay nada más penoso que observar desde fuera a una persona a la que se le llena la boca de autoengaños. "A mí me da igual lo que me cuentes, quien saldrá perdiendo eres tú", te gustaría decirle. Pero muchas veces te abstienes para evitar que tu interlocutor derive hacia el victimismo y, no solo no se dé cuenta de su propia responsabilidad, sino que encima te reproche a ti que no entiendas las 'terribles' circunstancias que le impiden alcanzar sus metas. Por supuesto que hay traumas tremendos y pesadas cargas que a uno le hacen el camino más difícil, pero también abundan los ejemplos de que con voluntad todo se supera, ya sea una infancia difícil, una malformación física o un desafortunado accidente.

Vivimos en una sociedad en la que son los resultados los que hablan de una persona y no las excusas que esta pone para no llegar a ellos. Nadie le va a dar la medalla de oro al segundo porque explique lo que le pasó por el camino, ni el Óscar a quien no se lo merece por decir que durante el rodaje de la película le dolía la tripa. Durante la crisis financiera que empezó en 2008 muchas empresas se fueron a pique, pero también ha habido otras tantas que no. Por lo que cada uno tiene que aprender a bailar con sus circunstancias y a ponerlas a su favor.

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Así que es mejor dejar las quejas y las excusas de lado y analizar honestamente los propios errores, lo que se hizo mal y lo que directamente no se consiguió hacer para sobrevivir o llegar al objetivo. Con este análisis bajo el brazo hay que levantarse, volver al barco y ponerse a remar de nuevo hacia el destino al que se quiere llegar. Y sobre todo, dejar en tierra esa odiosa manía de dar explicaciones, tanto a los demás como a uno mismo. No pasa nada, ¿fracasaste? Aprende de ello y triunfarás.

La otra opción es que te des cuenta de que a lo mejor ese no era tu camino, de que lo que hacías no te apasionaba lo suficiente. Y aprender lo que no te gusta es algo muy valioso que poco a poco irá permitiéndote saber lo que te gusta. Pero solo si tienes el valor de dejar de inventarte excusas y mirar la realidad de frente, encontrarás algo que te apasione, a lo que quieras dedicarle todo tu tiempo y hasta el último céntimo.