Si de verdad quieres ser bueno con los demás, empieza por pensar en ti

Es domingo, tu mente está centrada en la tarde de manta y sofá que te espera con tu serie favorita después de un fin de semana en el que has hecho de todo menos descansar. Tu móvil suena y ahí está el mensaje de uno de tus amigos diciéndote que tiene ‘resaca psicológica’ y te necesita para hacer terapia. Por supuesto, cambias tus planes, a pesar de que mañana te espera un lunes movidito, y te quitas el pijama para acudir a resolver sus problemas.

Hasta aquí todo bien. Siempre estás ahí para dar todo lo que puedes —y más— por los demás. Eres buena persona. Tus amigos, familiares, compañeros de trabajo, e incluso, tus vecinos lo saben y no te importa que te pidan favores ni hacerlos si está en tu mano. El problema surge cuando se cumple el dicho ‘de bueno, tonto’ que tantas veces te ha dicho tu madre, y no porque no seas inteligente sino porque eres una ‘persona plastilina’.

¿No sabes lo qué es? Son aquellas personas que lo dan todo por los demás pasando por encima de sus propias necesidades. Esta es una descripción con la que te puedes sentir identificado y también posiblemente el 80% de la población, porque —reconócelo—, te consideras buena persona y siempre crees que haces mucho más por los demás que ellos por ti. Pero no se trata de que los demás no sean tan buenos contigo, si no de que tú no eres lo suficientemente bueno contigo mismo.

La psicóloga Rosa Luna explica que hacer cosas por los demás “es una dinámica social, es una forma de relacionarnos y de supervivencia”. Y engancha, porque, según añade el psicólogo Gabriel Pozuelos, “te sientes bien cuando ayudas a alguien" y resulta "difícil poner un tope”. Y tiene razón. Es difícil decir ‘hasta aquí’ cuando tus compañeros esperan que organices la mejor cena de Navidad por décimo año consecutivo o tus amigos saben que eres la opción segura para hacer cualquier cosa a cualquier hora. Y si dices que no, “pasas de ser el bueno, a ser el malo”, afirma Luna.

De tan bueno, solo

Si eres de los afortunados que ha conseguido cambiar esas dinámicas, ¡enhorabuena! Si no, ten cuidado. Las consecuencias no son baladíes y es que estar siempre ahí para los demás, genera estrés y conlleva lo que se conoce como “ansiedad social”, explica Pozuelos. Es, además, una manifestación de problemas de autoestima. “Son personas cuya confianza depende de otro, del exterior, por eso siempre están esforzándose por los demás”, indica Pozuelos.

Y te sientes mal si crees que has fallado a alguien, cuando, en realidad, el mayor drama que tendría que no fueras a acompañar a tu amiga a buscar un nuevo vestido sería que tendría que ir sola. Pero no, eso no lo sabes porque no se te pasa por la cabeza dejarla ‘tirada’. “Si le preguntas a alguien que se comporta de esta manera qué pasaría si dejasen de hacer favores te sorprenderían las respuestas. Te dicen que serían unas personas horribles”, apunta Pozuelos.

Pero no, no eres una persona horrible por querer pasar un rato a solas. Esta ansiedad social es difícil de manejar y por algún lado tiene que hacerse presente. Y es que, como con la plastilina, que con el uso se termina endureciendo y rompiendo, las personas que dan tanto por los demás tienen un límite. “Las consecuencias son muy graves: estallidos de agresividad, sentimientos de hostilidad hacia los demás, te destroza la autoestima, y por ello, te terminas aislando. Si no te puedes relacionar como eres, prefieres no relacionarte. Al fin y al cabo, se construyen relaciones muy pobres”, explica Rosa Luna.


Introduce el “no” en tu vocabulario

Tranquilo, se puede dejar de ser una ‘persona plastilina’ y recuperar el control de tu tiempo y tu vida. Para este comportamiento, y para otras tantas cosas en la vida, lo más importante es aprender a decir que no, algo que no es nada fácil. “Se puede ensayar”, comenta Gabriel Pozuelos. Por ejemplo, de cada tres cosas que te propongan, esfuérzate en rechazar una. O dedícate un día de negatividad, en el que podrás tener el lujo de rehusar cualquier propuesta que te hagan, venga de quien venga, y te haga sentir como te haga sentir. Con el tiempo, encontrarás la satisfacción a decidir cuándo y con quién hacer cada cosa.

Además, hay otras técnicas que puedes aplicar para comenzar a cambiar las dinámicas de tus relaciones sociales, como controlar tu lenguaje corporal y tu lenguaje verbal. "Debes modificar tu lenguaje corporal para que de una sensación de bienvenida”, aclara la especialista quien añade que este deberá estar en consonancia un lenguaje verbal “asertivo, breve y preciso”. La psicóloga también aconseja utilizar el ‘yo’ para hablar y proponer alternativas. Es una forma de llevarte a tu terreno los planes de los demás sin que tengas que renunciar a los tuyos.

Y tendrá otro efecto beneficioso, que al tener que hablar de ti, tendrás que pensar en ti primero y tomar conciencia de tus necesidades y de lo que tú quieres. Como cualquier cambio, dejar de ser una ‘persona plastilina’ no será fácil, y no todo el mundo lo comprenderá. “Giras una pieza y las otras piezas del puzzle que es tu vida tienen que girar. Algunos amigos te van a acompañar, otros no, pero que se vayan. Eso es bueno”, concluye Luna. Lo mejor que tienen las limpiezas es que te dejan tiempo y espacio para respirar. Piénsalo, por lo menos así podrás terminar de ver tu serie favorita.