No Quieras Ser Bueno En Todo; Cultiva Tu Talento Y Sé Muy Bueno En Algo

El otro día, en una de esas páginas web que en su mayoría publican chorradas, leí una cosa que me dio que pensar. El tema era el siguiente: un profesor le dice al padre de un alumno que su hijo es muy bueno en pintura, pero que va justo en matemáticas, a lo que el hombre responde apuntando al niño a horas extra de mates. La etapa de la educación obligatoria nos deja la sensación de que tenemos que ser buenos (o lo menos malos posible) en todo, y esa idea, por lo general, nos acompaña toda la vida obviando una verdad innegable: a todo el mundo hay algo que se le da mal.

Además, esto se aplica a todos los ámbitos, queremos estar preparados para cualquier eventualidad, cosa que no es mala, pero aquí surge una pregunta: ¿es mejor intentar ser bueno en todo o ser sublime en algo específico? Creo que hoy en día tendemos a centrarnos demasiado en lo negativo, y aunque no sea nuestra intención solemos mostrar ese pensamiento a los demás. Alguien puede ser inteligente, honrado, gracioso y todos los atributos positivos que se te ocurran, que no te pararás a hacérselo saber (o al menos no siempre); pero si esa misma persona flaquea en algo, digamos por ejemplo que es poco generoso, no dudarás en decírselo para que mejore.

¿Por qué? ¿Por qué esta necesidad de no aceptar que todo el mundo tiene puntos débiles, que todo el mundo tiene cosas que por más que lo intente no se le darán bien? Hemos creado una especie de miedo a la mediocridad sobre asuntos particulares (es decir, tenemos la idea de que ser malos en algo anula todo lo buenos que podemos ser en otras cosas), y esto no hace más que seguir con el proceso en el que te inician en la escuela, el de querer ser bueno en todo, aunque con un pequeño matiz: al saber que ser buenos en todo es imposible, nos conformamos con no ser malos. Pero, ¿y si en vez de decirle a esa persona que sea más generosa, le pedimos que sea más inteligente, más honrada y más graciosa de lo que ya es? Es como si un día a Bécquer le hubiesen dicho: "Deja de escribir y ponte a cocinar que no haces un puto guiso bien".

Parémonos a pensar en lo siguiente: alguien que es decente en todo no llega a destacar jamás en nada, no tendrá ese punto extra que puede marcar la diferencia a la hora de conseguir algo. Poniendo un ejemplo sencillo: una persona (inteligente pero que no se ha cultivado más porque estaba intentando ser más graciosa) quiere ligar con otra (a la que le gusta la gente inteligente), y esta decide que va a pasar de su cara porque no es ni suficiente inteligente ni suficiente graciosa. Resultado de ese empeño en evitar destacar negativamente en algo: has dejado de destacar positivamente en otra cosa, eres uno más entre un montón de personas que persiguen lo mismo.

Porque lo que ocurre es que al final somos todos productos en serie, gente capaz de hacerlo todo pero incapaz de hacer una sola cosa a la perfección. Si sabes que se te da bien algo, no desperdicies ese talento, dedícale más horas que a nada y olvídate de querer ser uno más entre todos los que prefieren ser buenos a ser legendarios -parafraseando a Barney Stinson, un tío que no necesita leer este artículo-.