Así es como puedes canalizar tus sentimientos de culpa para convertirte en mejor persona

El arrepentimiento se dedica a fustigarnos diariamente pero bien gestionado puede ayudarnos a crecer

El arrepentimiento es una de las emociones más frecuentes. El sentimiento de arrepentimiento, además, no viene solo: también hay culpa, desilusión y frustración. Al final, acabamos repitiendo en nuestra cabeza todo lo que hemos hecho durante el día y todas las elecciones que hemos tomado, pensando cómo podríamos haberlo hecho mejor y qué oportunidades hemos dejado correr. Es un sentimiento negativo que nos va devorando poco a poco por las cosas que hemos hecho y que podríamos haber mejorado.

Sin embargo, las "nutricionistas emocionales" Shoba Sreenivasan y Linda E. Weinberger explican en un artículo de Psychology Today que se le puede dar una vuelta a este sentimiento tan negativo y utilizarlo para convertirnos en mejores personas. Principalmente porque la culpa puede llevarnos a hacer un análisis retrospectivo de nuestra vida que nos ayude a comprender por qué actuamos de la forma que actuamos y cuáles de nuestras decisiones causan dolor (a los demás y a nosotros mismos). Si nos tomamos el arrepentimiento como una forma de identificar el dolor y la desilusión y no como un sentimiento que nos erosione la moral poco a poco, nos permitirá aprender de nuestros errores.

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Pero lo primero es lo primero. El sentimiento de arrepentimiento es muy negativo, y antes de poder usarlo como una forma de crecimiento personal tenemos que lograr que no nos devore por dentro. Algunos consejos para aprender a dominarlo: cada vez que te venga un "y si..." a tu cabeza, identifícalo como sentimiento destructor e intenta ignorarlo. Lo que ha sucedido ha sucedido, y ahora toca trabajar a partir de ello y no regodearse en este pasado que nos entristece. Otro consejo es aceptar que hay muchas cosas que escapan a nuestro control y que no podemos culparnos por todo, porque la gran mayoría de las veces la culpa de que algo no suceda no es solo tuya, también implica a otros. 

Al final, si comprendemos que las decisiones que tomamos están tomadas y no hay marcha atrás, no pensaremos más "no debería haberlo hecho así" o "podría haber salido mejor", sino que pensaremos en cómo enmendarlo. Lo importante, siempre, es que lo que venga después sea bueno y enriquecedor. En este sentido, dominando el arrepentimiento no solo eliminaremos los sentimientos negativos de nuestro cuerpo cada vez que tomemos una decisión, sino que haremos el bien en los demás. Por ejemplo, si somos conscientes del sentimiento de culpa, aprenderemos a pedir más perdón y a hacer acciones que reparen tus actos nocivos y, por lo tanto, nos unan más a los que queremos. Porque pedir perdón es muy difícil, pero necesario. 

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Otro de los problemas de la culpa y el arrepentimiento es que nos acabamos regodeando en lo malo y no avanzamos. Pero bien gestionado, el arrepentimiento nos puede impulsar para evitar procastinar y trabajar mejor y más duro para corregir los errores. Para dominar las emociones negativas tenemos que analizarnos muy bien, y eso siempre es positivo porque te conocerás más y mejor. Una vez dominadas estas emociones, podemos convertirnos en mejores personas, siempre y cuando seamos capaces de encaminarnos en la dirección adecuada, aquella que se aleje del arrepentimiento constante. 

En definitiva, trabajar bien el arrepentimiento hará que nos conozcamos mejor y sepamos de dónde vienen nuestras frustraciones, además de conectar mejor con los que nos rodean. Si estamos preparados emocionalmente para afrontar el arrepentimiento, con el tiempo también seremos más felices porque seremos más capaces de gestionar la toma de decisiones y sus consecuencias. Porque así es la vida, irremediablemente la cagaremos. Con la diferencia que, con una buena educación emocional, cuando llegue el momento inevitable del dolor estaremos preparados.