Qué puedes hacer cuando te arrepientes de haber dicho algo

No eres la única persona a la que le ha ocurrido esto, en muchas ocasiones, muchxs de nosotrxs hemos abierto la boca o bien en el momento menos indicado o bien con las palabras menos adecuadas

¿Sabes ese instante en el que abres la boca y mientras lo estás haciendo te das cuenta que mejor no haberlo hecho? El rostro de la otra persona (o de las otras personas) queda en pausa, neutra, sin expresión. Acabas de hablar y ya te estás arrepintiendo. Puedes arrepentirte porque no era el momento ideal para hablar de ello o puedes hacerlo porque las palabras que has usado —o el mensaje— no venían a cuento. Eso ya está ahí, ya ha pasado, retroceder en el tiempo no es posible. Esto puede ocurrir porque no nos hemos parado a pensar en nada o bien porque no creíamos que tal comentario ofendería a alguien. Sea como sea ¿ahora qué?

Como explican desde Psychology Today, “el autor estadounidense Edgar Allan Poe culpaba a esas declaraciones descuidadas a algo que él denominaba el ‘diablillo de lo perverso’ mientras que Freud se las adjudicaba a algo que llamada la ‘contravoluntad’”. Ambos vienen a referirse a algo parecido. Para ello existe un ejemplo: intenta bloquear de tu mente durante el máximo tiempo posible a un elefante rosa, no pienses en ello. Aunque puede parecer fácil, el simple hecho de leerlo te hace pensar en ello. Es algo natural que sucede en nuestros cerebros y que puede llevarnos a decir algo que no queríamos decir.

“Sin importar qué tan determinado estés para no pensar en algo, es probable que encuentres esa imagen o esa palabra apareciéndose constantemente en tus pensamientos. Lo que ocurre es que piensas en ello y a la vez piensas que no tienes que pensar en ello, lo cual te lleva otra vez a pensar en lo mismo. Es un bucle del que no es muy sencillo salir. Así, cuando no lo esperes, puedes hacer que eso se escape”. Puede pasar algo similar con los secretos, sabes que no tienes que decirlo y que para ello, mejor ni pensarlo y lo único que hace tu mente es enfocar su atención en ello.

Aún así hay maneras de no llegar a arrepentirnos de haber abierto la boca cuando no era adecuado porque podemos prevenirlo. “Lo que hay que hacer es eliminar el pensamiento de nuestra conciencia mediante la distracción, enfocando nuestra atención en otra cosa. Es posible hacer esto cuando estamos en calma pero corremos el riesgo de que el pensamiento aparezca en momentos de estrés o de agobio”. Es más, estos instantes son, casi siempre, los culpables de que abramos la boca cuando no es debido.

Lo ideal es mantener la calma y, sobre todo, no martirizarse si acabamos diciendo algo que no venía a cuento o que causa que alguien se ofenda. Es bastante complicado mantener nuestros pensamientos impulsivos metidos en una casilla. Si no los dices cuando los piensas seguirán estando ahí y querrán salir en cualquier momento. Lo mejor, a veces, es aceptar abiertamente que has metido la pata y ya está, algo así como: “vaya, no debería haber dicho esto, qué incómodo”. Quizás así se normalice.