Un psicólogo nos da las claves para superar el miedo a un posible atentado

París, Niza, Bruselas, Londres… Son ciudades que están a un tiro de piedra y muchos podemos sentirnos identificados directa o indirectamente con la tragedia. Hasta hace un año yo misma vivía en Londres y, entre otras cosas, uno de mis sitios favoritos era el Borough Market. Era lo más parecido a un mercado típico español que podía encontrar allí, iba siempre de paseo por la zona en busca de algo que me hiciera sentir como en casa, que me hiciera sentir segura. 

También mi prima vivía en Londres, volvió hace unos meses, poco antes de que un coche embistiera a una multitud de personas que paseaban por el puente de Westminster. Mi mejor amigo estuvo viviendo en Bruselas, tuvo la fortuna de conseguir una beca para trabajar en el Parlamento Europeo. Hacía un mes que había vuelto a España cuando explotó una bomba a las 9:30h en la estación de metro de Maelbeek, la misma parada en la que se bajaba cada mañana para ir a trabajar.  

No puedo evitar verme reflejada de algún modo en cada uno de estos sitios, ni puedo evitar pensar: 'por los pelos'. La sensación de que me podría haber tocado a mí, o a mis familiares y amigos, hace que sienta miedo, el mismo miedo que se está empezando a extender entre la población. Lo vemos a menudo, en las avalanchas cuando estalla un petardo en un sitio público, o en las reacciones de la gente en el metro cuando alguien se pone a gritar. Tener miedo es natural, pero en este caso también es peligroso. Puede que empieces a notar que el miedo toma el control en las pequeñas decisiones de tu vida: tal vez querías ir a París de viaje y has pensado en aplazarlo, o puede que te prives de ir a un concierto por si acaso, o que directamente intentes evitar toda clase de aglomeraciones.

“El miedo es inherente a nuestra existencia, a lo largo de nuestros orígenes hasta hoy, ha sido un mecanismo básico de supervivencia”, asegura Andrés Cuartero, especialista en psicología clínica y miembro de la Sección de Psicología de Emergencias en el COPC. Andrés ha podido tratar a víctimas directas de atentados terroristas y hemos querido pedirle ayuda para averiguar cómo superar el miedo que se está generando a raíz de los ataques terroristas que estamos viviendo en los últimos años.  

En esencia, lo que pretende un ataque terrorista es crear inseguridad y miedo lanzando ataques a lugares públicos y cotidianos, como  plazas, centros comerciales, conciertos, etc. "Los terroristas saben que un gran número de personas se pueden sentir identificados con el ataque. Aunque solo hubiera una víctima, o ninguna, el miedo ya se ha sobredimensionado porque ha afectado a un espacio cotidiano", apunta el experto. A través de la generación de inseguridad buscan un hueco para instaurarse ellos como “los nuevos garantes de la seguridad, con sus reglas, su ideología y política”. Pero, ¿cómo hacemos frente a esta dinámica de generar terror?

“Nadie permanece inalterado ante ataques terroristas”, asegura Andrés, pero partiendo de esa base, las reacciones de la población pueden tener diferentes niveles de intensidad y afectación. “Es inevitable que en los primeros momentos, semanas o tal vez meses, muchas personas cambien sus hábitos o actividades cotidianas; como no subir a un avión, no ir al teatro, cafés o celebraciones en la ciudad", dice. Además, la percepción de miedo no es sólo individual, sino que se extiende a los seres queridos y cercanos. Sin embargo, esas primeras reacciones de estrés y miedo desaparecerán en unos 30 días. A los tres meses del hecho, tan solo una pequeña proporción puede desarrollar miedo patológico en forma de trastorno o fobia”.

Según Andrés, esta guerra del terror psicológica provoca dos clases de miedo: "El miedo racional es aquel que nos alerta; lo que antes se veía como improbable porque sucedía lejos de nuestras fronteras, ahora se ha convertido en algo probable. Se trata de un miedo útil, nos mantiene en alerta para reaccionar. Sin embargo, el miedo irracional es el que sobreestima las posibilidades de llegar a ser víctima de un atentado. Este miedo es el que tiene la capacidad de extenderse como la pólvora y generalizarse".

Lo ideal es encontrar el equilibrio entre el miedo racional y el irracional, ni debemos sobredimensionar, ni minusvalorar. Por ejemplo, podemos evitar ver de cabo a rabo los despliegues especiales que se hacen en televisión para hablar de un atentado. La mayoría de veces duran horas y no aportan información nueva, simplemente se recrean en las imágenes del suceso y en la repetición de lo sucedido. También suelen implicarnos emocionalmente con la reconstrucción de los hechos a través de las víctimas y las familias de éstas. Si sabemos que este es un tema que nos afecta, debemos evitar una sobreexposición al mismo, para no alimentar el miedo.

Entre los ejercicios para calmar el estrés o temor a un atentado, se recomienda la racionalización, es decir,  acogerse a los datos y valorar el riesgo real. Hay que tener en cuenta que el terrorismo supone aproximadamente un 0,00058% de las muertes en el mundo según los datos de la OMS. Si lo piensas fríamente es mucho más probable morir de un derrame cerebral, en un accidente de tráfico o incluso en un incendio, antes que morir en un ataque terrorista.

Otro dato que puede sorprender es que los diferentes estudios y encuestas que se han realizado tras atentados, han demostrado la existencia de una entereza social frente a actos terroristas, no solo por el efecto de la habituación, sino también por la capacidad de los individuos y sociedades a recuperarse de hechos traumáticos. “Para la mayoría de personas expuestas a incidentes traumáticos, se calcula que en torno al 70 o 80 por ciento, no hay secuelas psicológicas”, nos indica Andrés.

Sin embargo, también puede llegar a darse un efecto de acomodamiento ante repetidos sucesos traumáticos: “Se puede producir una desensibilización por sobreexposición, llegando a mantenerse la vida normal, a pesar de los riesgos o incluso estando directamente expuestos a ellos”, asegura Andrés. Este fenómeno, que a priori puede parecer positivo porque nos ayuda a controlar la ansiedad y miedo colectivo, conlleva sus riesgos y no es aconsejable. Andrés advierte que, a largo plazo, puede "derivar en una situación en la que la violencia se vea como algo normal, o incluso justificado".

La clave está en el equilibrio y en no dejar que nuestro miedo más irracional tome el control de la situación. En un momento dado, ante un peligro inminente, todos activamos nuestro miedo racional y eso nos ayuda a sobrevivir. Lo que pasa es que, hasta que el momento no llegue, ese miedo no nos sirve absolutamente de nada.