Procura Comprender Y Después Ser Comprendido

Primero comprender

¿Cuántas veces juzgamos, diagnosticamos o damos un consejo antes, no sólo escuchar, si no también, de entender bien el problema que se nos plantea? Es como cuando estabas en el cole, en clase, y tu profesor te decía que no es suficiente con oirle si no que tienes que escucharle, en ese momento no eras consciente de la verdadera importancia que esto tenía; y aún así en las relaciones interpersonales, esto no es suficiente. Existen varios niveles de escucha antes de llegar a la que sin duda más puedes aportar y por supuesto, más te aportará a ti: la escucha empática.

"No te muevas, no te muevas

Hay otra?

Está en los pies de tu cama, sobre la barra... ¡Ten cuidado va a saltar!

Shhhhhh...."

La escucha empática supone sentarte delante de esa persona, captar su mensaje sin prejuicios e intentar ponerte absolutamente en su papel para comprender el punto de vista exacto desde donde está viendo el problema. La parte de la escucha quizás puede ser, a priori, la más sencilla de hacer bien. Al final la principal diferencia radica en el grado de interés e implicación que le ponemos cuando queremos ayudar a alguien. Sin embargo, por lo general en el proceso de comprender, no nos tomamos el tiempo suficiente para ver las cosas desde un punto de vista distinto al nuestro. Cuando damos un consejo normalmente nos basamos en experiencias propias o cercanas que nos ayudan a emitir un juicio de valor que transformamos en formato consejo pero ¿y todo aquello que se escapa de ese circulo? Quizás para entender bien a los demás, deberíamos salirnos de ahí e intentar verlo desde un punto de vista completamente ajeno a lo conocido antes. 

Y después ser comprendido

Si consigues realmente ponerte en la piel de la persona que tienes delante, si llegas a entenderle sin juzgarle a través del filtro de tus propias experiencias, tendrás una gran parte del camino hecho para que esa persona también empatice contigo. Porque la segunda parte consiste en que te entiendan a ti. En conseguir transmitir lo que realmente sientes, pero si la persona que tienes delante se ha sentido escuchada y apoyada, estará mucho más predispuesta a hacer lo mismo contigo. Mostrará un interés sincero y no te estará oyendo mientras piensa en tus propios quebraderos.

Si te quejas porque la gente de tu alrededor no te escucha, párate un momento y pregúntate si tú lo haces. Pero no te pongas a la defensiva ni te sitúes en un papel de víctima, porque no son nada constructivos. Toma la delantera y practica la escucha empática, verás como tu interlocutor tendrá tendencia a devolverte la cortesía.