¿Por Qué A Mí?, Una Pregunta Dolorosa Con Una Respuesta Simple

¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Supongo que son preguntas que todo el mundo se hace alguna vez  en la vida por una razón u otra. A mí esa duda me asaltó muy pronto, tanto que ni recuerdo el momento exacto en el que fue. Sólo me acuerdo de la rabia y la impotencia, de las ganas de culpar a alguien porque no lograba encontrar respuesta a esa pregunta que me rondaba la cabeza continuamente: ¿Por qué a mí entre tantas personas?

Dicen que no puedes echar de menos algo que nunca has tenido, y que por tanto es más fácil sobrellevar una situación que sufres desde que naces que si te viene después. Puede que sea cierto, no sé lo que se siente al perder la facultad de caminar, pero sí lo que se siente al no haberla tenido nunca. Jamás ha sido una sensación intensa, pero es una pena que dura para siempre, porque lo que realmente duele es la incertidumbre, la curiosidad.

A estas alturas de mi vida, teniendo más que aceptado que este sentimiento no se pasará, y pese a que he sido y soy feliz, debo decir que sufrir una enfermedad como esta es una absoluta mierda. Y te das cuenta de ello muy rápido. Desde el primer día que en el patio del colegio los niños se ponen a correr y tú no puedes. Al principio las sensaciones son mucho peores, ya que solo sientes la impotencia, solo ves injusticia. Lo vas superando porque te das cuenta de que siempre hay otras maneras de hacer las cosas, de que la gente te puede ayudar a llevar una vida relativamente normal y que no es difícil sentirte uno más aunque no puedas hacer lo mismo que el resto. Pero cada cierto tiempo vuelve la maldita pregunta: ¿Por qué?

motivación, felicidad, experiencia, codigo nuevo

Y aunque no quieras, ese por qué se convierte en una especie de obsesión que te acompaña siempre, que de vez en cuando te grita al oído que por más que lo intentes no eres como los demás, que nunca podrás lograr ciertas metas aunque lo quieras con todo tu corazón, que la vida no es como una película y que las cosas imposibles existen.

Van pasando los años y llega un momento en el que esa sensación vestida de normalidad se convierte en parte de ti. La rabia desaparece, y solo queda un vacío extraño, como si te hubiesen arrancado un trozo de tu personalidad y lo hubiesen pisoteado tan fuerte que se te quitan las ganas de recuperarlo, porque sabes que tenerlo duele. Y así estás bien, pero notas continuamente que te falta algo. Dejas de preguntarte por qué, simplemente te acomodas en ese estado y dejas que los días vayan pasando.

Pero estando incompleto no se puede vivir, sólo sobrevivir, porque poco a poco te vas convirtiendo en alguien que no eres y todo se vuelve gris. No fue una revelación repentina, sino más bien algo que se fue gestando con el paso del tiempo, pero un día decidí que tenía que recuperar aquel pedazo de mi mismo. Miré hacia atrás intentando averiguar cuándo lo había perdido, y lo que vi fue simplemente maravilloso. Contemplé toda mi existencia en panorámica y no había rabia, no había tristeza, no había decepción.

motivación, felicidad, experiencia, codigo nuevo

Lo que había eran un montón de malos momentos superados que me hacían sentir tremendamente orgulloso. Y descubrí que hasta mis peores días aportaban algo positivo. Me vi en una cama de hospital con tubos por todas partes, y también vi a mi familia allí; me contemplé a mi mismo en el instituto mientras mis compañeros jugaban a fútbol en el patio, y también vi a los amigos que se quedaban conmigo; vi todas las cosas que no pude hacer, y también vi todas las que sí.

En definitiva, lo que contemplé fue una vida de la que no cambiaría nada, y entendí que el por qué no importaba. En ese momento tuve claro que lo único por lo que hay que preocuparse es por vivir cada experiencia lo más intensamente posible, sea buena o mala. Tuve claro que todos los sentimientos, incluidos los dañinos, forman parte del proceso de aprendizaje, y que arrancarlos para no sentirlos no sirve de nada.

Entonces recuperé esa parte de mí a la que yo mismo sin darme cuenta había desahuciado, y para mi sorpresa la rabia había desaparecido, el dolor no era tal. Solo estaba yo, completo y agradeciendo cada día de mi jodida existencia. Y me volví a hacer la pregunta: ¿Por qué?

Porque esta es mi vida, y quiero vivirla.

Crédito de la imagen: Diggie Vitt