¿Por qué siento que todos piensan algo malo de mí?

Esa vergüenza que todxs hemos sentido al decir o hacer algo equivocado y que para el resto no es más que un detalle insignificante que no pasará a la historia

 

Has salido de casa corriendo, con las llaves en una mano y la mascarilla en la otra. Llegas al metro y haces scroll con el móvil. De pronto, sientes que todo el mundo te está mirando. Algo va mal. Seguro. Pero la camiseta no está del revés y esta vez te has peinado, no mucho, pero ya es más que otros días. Enseguida descubres el desliz: ¡mierda! En tus tobillos, el calcetín amarillo contrasta con el verde fosi que nunca te pones. Excepto hoy.

Hay quien lo verá como una tontería, mientras que otras personas pueden estar dándole vueltas al tema todo el día. Lo miran, lo esconden, buscan en maps una tienda cercana donde comprar un par más nuevo, quizá más limpio. Empiezan a estar literalmente obsesionadxs con algo que pasará desapercibido para muchas personas, pero que para ellxs tiene muchísima importancia. No pueden dejar de pensar que todo el mundo, los de la ofi, y también la gente que viaja en el bus, va a ver su calcetín feo, su camisa mal planchada y ese grano que no desaparece ni con mascarillas antiacné.

Y así un largo etcétera de pequeños errores, detalles insignificantes que podrían hacernos quedar “mal” delante del resto, y que no esconden más que una exagerada percepción de nosotrxs mismxs y nuestro lugar en el mundo. Es lo que se conoce como efecto spotlight, un fenómeno psicológico con el que muchxs de nosotrxs podemos identificarnos.

Tranqui, no eres el centro de atención

A no ser que seas Kim Kardashian o Rosalía, no tienes que preocuparte por llevar las uñas mal pintadas o por haberte resbalado al entrar en una reunión. Por suerte, la mayoría de personas están demasiado ocupadas pensando en sí mismas y no notarán si un día haces o dices algo fuera de lo común.

El problema viene cuando le das demasiada importancia, creyendo que es algo excesivamente llamativo (¿cómo no se van a dar cuenta?) y que todo el mundo te juzgará por eso. Es entonces cuando entra en acción el conocido como efecto spotlight, muy frecuente en personas muy introspectivas o que tienden a focalizarse mucho en sí mismas y sus acciones. A partir de ahí, empiezas a sobreestimar todo lo que haces, desde tu conducta hasta tus características, como si un dedo enorme te señalara todo el tiempo y fueras tú quien tuviera que dar explicaciones a ese juicio letal.

En ese momento activamos un sistema muy duro de crítica hacia nosotrxs mismxs que amplifica nuestros errores y defectos, pudiendo llegar a autoconvencernos de que nuestro interlocutor está juzgándonos y riéndose de nosotrxs. Pero te diré una cosa: relájate, porque nadie pierde más de dos segundos en mirar eso que para ti puede ser TAN terrible.

Vales más que una camisa mal planchada

Las personas que son víctimas del efecto Spotlight sienten que no pueden cometer ni un solo error porque lxs demás están fijándose constantemente en ellxs y aprovecharán ese desliz para criticarle. De hecho, para que alguien llegue a pensar todo ese gran entramado, “deben confluir dos situaciones aparentemente contradictorias: que tengan baja autoestima y, a la vez, que se sientan el centro del universo”, comentan los psicólogos de Una Mente Maravillosa.

Ahora bien, lo del efecto focalización, además de ser algo totalmente subjetivo que varía en función de la importancia que le otorgas a las cosas, tiene también su base científica. Es algo documentado y observado en múltiples experimentos como el de la Universidad de Cornell, un estudio en el que se pidió a estudiantes que se vistieran con camisetas que ellxs consideraban vergonzosas. Es decir, que se pusieran la prenda más ridícula que tuvieran en su armario. Esa que, de vez en cuando, puede hacernos sentir bastante insegurxs.

Las respuestas fueron bastante sorprendentes. Primero se les pidió que evaluaran el número de personas que se habían fijado en ese detalle que para ellxs era vergonzoso, y luego se les preguntó a las personas que observaban cual era su opinión. La contrastación de datos y de respuestas reflejó que menos de la mitad de las personas que los participantes consideraban que se habían fijado en ellxs lo había hecho realmente.

El experimento se ha realizado de muchas maneras, como cambios en el peinado o participación en debates, y los resultados son siempre los mismos: nadie se fija tanto como crees en eso que para ti es la mayor ridiculez del mundo. Si hoy llevas un calcetín de cada, don’t worry, quizá solo se fijan una de cada diez personas con las que te cruces. Puede que hasta les saques una sonrisa con ese error de cálculo que a ti te pesa como una losa y que, para el resto, no es más que un despiste tonto. Nadie es perfecto. Tampoco Kim Kardashian o Rosalía se despiertan con un magnífico efecto glitter, así que relájate, ya vendrán tiempos mejores.