Piensa esto: ¿y si hoy fuese el último día de tu vida?

“Beban por mí, beban por mi salud. Yo ya no puedo beber más”. Estas son las últimas palabras que dijo Picasso antes de morir. Él había sido feliz y nos dejaba tras una larga vida. No había motivos para estar triste. Quería que aquellos que le amaban celebrasen la maravillosa vida que había tenido. Porque la vida es maravillosa hasta en el dolor, que es cuando más vivos somos y tomamos mayor consciencia de las oportunidades que nos brinda esta cada día. Pero, y si tuvieses que elegir hoy tus últimas palabras, ¿cuáles serían?

Probablemente nunca te lo hayas planteado porque no solemos pensar en la muerte como algo que nos puede pasar a nosotros. Y, ni mucho menos, como algo que puede pasar ahora, así, sin previo aviso. Pero es que, por suerte o por desgracia, la mayor parte de las cosas que te van a pasar en la vida –tanto las buenas como las malas— llegan sin avisar. Y no temas por ello, porque esta espontaneidad conlleva la magia implícita de sorprenderse en cada paso.

Por eso, en un mundo donde apremia lo inmediato, donde vivimos tan deprisa que no somos conscientes de nuestra propia existencia, tampoco percibimos que esta se puede acabar. Somos eternos. O eso creemos, porque muy a nuestro pesar, esto tan solo es una imagen desdibujada de nosotros mismos que ni siquiera nos atrevemos a proyectar.

¿Es tu vida es como la habías soñado?

Ojalá lo sea. Pero, si no estás haciendo todo lo que puedes para sentirte orgulloso de ella, para ser feliz: cámbiala. Está en tu mano. No tus circunstancias pero sí lo que decides hacer con ello. Y es que, en ocasiones, parecemos meros espectadores de lo que nos pasa. Nos paraliza el miedo, el dolor o el propio vértigo que sentimos al ir a por aquello que deseamos. Pero, ¿en qué momento nos dañó tanto la vida como para querer protegernos de la felicidad?

En serio, todo lo que no hagamos será una asignatura pendiente; todo lo que no digamos, un vacío; lo que no arriesguemos, algo que pudimos haber tenido; lo que no nos permitamos sentir, un recuerdo muerto… Piensa que quienes van por delante del dolor por intentar evitarlo se acaban hiriendo por miedo a vivir. Realmente, y me da igual la edad que tengas, somos demasiado jóvenes para haber perdido la ilusión pero demasiado mayores para estar tan llenos de miedo.

Y miedo, de lo único que debería darte es de vivir a medias. De no vivir con la ilusión, la pasión y la fuerza que quede a la altura de tus sueños. Y, no me refiero al simple hecho de conseguirlos, sino, a la bonita carrera de fondo que supone ir tras ellos. Que, al fin y al cabo, eso es la vida: ir sin destino pero disfrutando del viaje.

Poder echar la vista atrás, hacia el recuerdo, y sonreír satisfecho. Porque, quizá puedas creer que tu historia no está llena de grandes proezas, o que no has marcado un hito en tu generación, pero si está llena de ti y de todo lo que ha sido importante para ti, sin duda, será la mejor historia. Porque eres tan grande como te sientas y como decidas llenar tu vida de aquello que te la da.

Imagina que hoy fuese el día… ¿has vivido y valorado cada instante tanto como para poder despedirte satisfecho, sonriendo y celebrando como Picasso? Pues, recuerda que cada día es una oportunidad para ser feliz y el secreto para serlo es vivir enamorado de la vida.