Soy una persona tímida y no necesito que me cambies

Crédito de la imagen: Isolde Woudstra

Durante una temporada, tuve que trabajar en un lugar que estaba a más de una hora de mi casa en transporte público. Aquello fue una bendición: tener el curro así de lejos me permitía tener dos horas para mí. Solía armarme con mis auriculares (tenía diferentes listas de reproducción según el estado anímico), un libro y un cuaderno. Así, podía usar esas dos horas para leer relajadamente, para escribir o dibujar o para, simplemente, mirar por la ventanilla mientras oía música y pensaba en mis cosas. Tener tiempo para pensar pausadamente siempre me ha venido muy bien: cuando me oigo, me entiendo y, cuando me entiendo, puedo tomar las decisiones correctas para ser más feliz.

Después de un tiempo trabajando allí, empecé a trabar relación con varios compañeros. Me caían genial y eran gente estupenda, aunque no tuviéramos mucho en común. Y entonces sucedió. Una mañana, coincidí en el autobús con un compañero y, obviando mis cascos y mi libro, se sentó a mi lado y empezó a darme conversación. Y me jodió el rato.

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Aquel compañero era un amor y, en otras circunstancias, me habría encantado escuchar sobre su vida. Pero a las personas introvertidas, la interacción social nos requiere un esfuerzo. Susan Cain, autora de El poder de los introvertidos, afirma en su charla TED que, durante muchos años, también a causa del juicio que sufrió por su necesidad de soledad, tuvo que esforzarse por ser extrovertida y socializar. Explica que la introversión y la extroversión dependen, simplemente, de cómo respondemos a los estímulos.

Hay personas que se alimentan de la interacción con otros, necesitan la compañía y el intercambio. Pero un tercio de la sociedad se siente abrumada por el exceso de estímulos y, de vez en cuando, necesita inhibirse y retirarse a su mundo interior. Y ese tercio es "castigado" por su forma de ser. Para entender por qué sucede esto, hay que tener en cuenta varios factores. Por una parte, no es lo mismo timidez que introversión.

El psicólogo Raúl Pérez explica que la introversión es una forma de ser, es un rasgo de la personalidad que indica que la persona prefiere la soledad y la reclusión en su mundo interior. Esto no significa que no sean sociables y que no aporten a la comunidad, sino que están más cómodos en círculos pequeños y calmados y que necesitan momentos de soledad para funcionar mejor, ser más creativos y llegar a conclusiones. La timidez, sin embargo, no es un rasgo de la personalidad sino una actitud ante el mundo o las otras personas: un tímido puede querer interactuar con los demás pero no se atreve. Por eso, una persona introvertida puede no ser tímida y viceversa.

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En segundo lugar, volviendo a la teoría de Susan Cain, es importante señalar que ser introvertido o ser tímido no es algo, en sí, malo. El problema es que nuestra sociedad prefiere la extroversión. Esto sucede, explica en su charla, porque con la llegada de la industrialización y el capitalismo, la gente emigra a las ciudades. En lugar de desarrollar su vida en un espacio pequeño en donde todos se conocen, tiene que salir adelante en un lugar masificado donde tiene que relacionarse con un montón desconocidos y, a ser posible, destacar para lograr oportunidades.

Por eso, la sociedad actual rechaza a las personas contemplativas y defienden a las que se mueven a la acción, a las carismáticas y "echadas para adelante". Pero, señala, esto tiene un peligro. Antropológicamente está demostrado que, para adaptarnos, tendemos a imitar el comportamiento y las opiniones de la persona dominante. Por tanto, que una persona sea la que mejor argumenta no la convierte en la que tiene las mejores ideas. 

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Necesitar espacio no tiene nada de malo. Preferir la calma o los círculos pequeños es perfectamente normal, por mucho que la sociedad lo penalice. Siempre y cuando te valores a ti mismo, estés cómodo con quien eres y tu dificultad para interactuar no se vuelva incapacitante, ser introvertido no va a impedir que tengas una vida plena y satisfactoria. De hecho, las personas reservadas tienen mejor acceso a su mundo interior y, por lo tanto, se conocen mejor a sí mismas. Y, al conocerse, pueden tomar las mejores decisiones.

Por eso, la próxima vez que no te apetezca una mierda salir de fiesta, coge tu libro o tu película con orgullo y di sin miedo "hoy no, hoy he quedado conmigo".