Qué Hacer Cuando Has Perdido A Alguien Y El Dolor Te Paraliza

Probablemente nunca te hayan arrancado un brazo, pero es posible que hayas sentido un dolor parecido cuando la vida te ha arrancado a alguien muy importante. Cuando te ha dejado la pareja de la noche a la mañana, cuando has discutido irreparablemente con un amigo o cuando se apaga un padre después de una larga enfermedad, independientemente de la forma en la que hayas perdido a esa persona tan querida, se inicia de manera automática un proceso psicológico llamado duelo. 

En él tienes que volver a aprender a vivir sin ese pedazo de ti. Seguramente pases por una montaña rusa de emociones, habrá momentos en los que te veas más fuertes y capaz de seguir adelante con tu vida y otros totalmente contrarios, llegando a pensar que nunca lo superarás, sin ganas de hacer nada, sintiéndote invadido por rabia, tristeza, desesperación como en un callejón sin salida. En esos momentos es muy importante saber que todas las emociones que vengan son buenas y si las tenemos es porque seguramente nuestro cuerpo y nuestra mente las necesiten.

Aunque no nos demos cuenta, después de la pérdida comienza en nosotros un proceso natural de recuperación. Como cuando nos caemos y nos hacemos una herida, el cuerpo empieza a movilizar todos sus recursos para curarla, pues a nivel psicológico ocurre algo parecido. Pero hay algunas creencias impiden o dificultan ese proceso natural de curación. Estamos demasiado acostumbrados a tener ideas preconcebidas de cuál es la manera en la que una persona debe reaccionar y lo que debe sentir. Por ejemplo, pensar que si dejamos de sentir tanto dolor al recordar a nuestro ser querido va a significar que, en realidad, no lo hemos querido lo suficiente, y nos imponemos dejar de disfrutar de las cosas. O si alguna vez lo hacemos, nos sentimos culpables.

Otra creencia que pueden impedir la superación es que si lo vivimos con menos sufrimiento perderemos los recuerdos que teníamos del ser querido. Pero nada más lejos de la verdad. Cuando llegamos al estado de aceptación seguramente sigamos sintiendo la tristeza de no poder compartir cosas junto a la persona que ya no está, pero se da prioridad en nuestra cabeza a todos aquellos recuerdos positivos, a todo lo que nos ha aportado.

Las circunstancias en las que se ha producido la pérdida son importantes a la hora de cómo se vive el duelo. Por ejemplo, un suicidio, genera mucha culpabilidad en la familia y amigos de la persona que ha tomado esta decisión porque se reprochan cómo no se han dado cuenta y no lo han evitado.

Si nuestra pareja nos ha abandonado, queda el miedo de volver a tener otra relación. Por lo tanto se tiene que hacer un trabajo importante para volver a recuperar esa confianza y no llevarnos el miedo a la siguiente relación. Porque si empezamos otra relación sin haber curado esa herida, seguramente el miedo a volver a ser abandonados haga que vivamos en un estado de hiperalerta y necesitemos controlar a nuestra pareja de una forma excesiva.

La conclusión es que en estos momentos tan duros, seguramente nos venga muy bien el apoyo de nuestra gente, pero el verdadero apoyo, cariño, comprensión y, al fin y al cabo, amor que necesitamos  es el nuestro propio. Necesitamos cuidarnos y mimarnos, permitiéndonos sentir lo que necesitemos sin juzgarnos demasiado ni imponernos nada, porque esa autoaceptación incondicional es lo que hará que el sufrimiento que estemos sintiendo dé paso a un estado, no necesariamente de alegría, pero sí, de paz y tranquilidad muy necesarios para poder seguir con nuestra vida.