Pensamientos irracionales que te están jodiendo la vida sin que te des cuenta

¿Crees que si te repites algo muchas veces acaba siendo verdad? Pues muchas veces sí. Puede que sean ideas, conceptos o valores que nos ha transmitido nuestra familia, que hemos aprendido en el colegio o en nuestro grupo de amigos. Se nos han instalado en la cabeza como patrones de comportamiento sin pedir permiso y en realidad nos están amargando la vida de lo lindo. Lo importante es ser conscientes de que los tenemos y decidir si queremos o no que nuestra vida siga rigiéndose por ellos a partir de ahora.

1. Necesito tener pareja para ser feliz y estar completo

Está claro que compartir la vida con alguien nos aporta muchísimas cosas, pero pensar que sin una relación nunca voy a poder ser feliz, nos convierte en carne de cañón de la dependencia emocional.

2. Si mi pareja me ha sido infiel tengo que dejarla

Suele ser por una cuestión de ego. Decimos que perdemos la confianza, pero en realidad nuestro 'yo' se siente ofendido y humillado. Cada persona debe tomar la decisión que crea más conveniente, pero una infidelidad en pareja también se puede superar si ambas personas están dispuestas a intentarlo.

3. La vida me hace sufrir y no puedo hacer nada por evitarlo

No tenemos poder sobre lo que nos pasa o sobre lo que la gente nos dice, pero solo nosotros decidimos cómo nos lo tomamos. Podemos enfadarnos y sentirnos ofendidos o no, podemos llorar, sufrir y hundirnos o levantarnos y utilizarlo para crecer.

4. Debo preocuparme por los demás

Hay que ocuparse de los demás y brindarles toda la ayuda que necesiten. Pero no tiene sentido preocuparse ni dejarse arrastrar al estado de ánimo de otra persona. Porque alguien querido esté pasando un mal momento, no le hacemos ningún favor sufriendo también, al contrario lo que necesita es nuestra entereza para salir de ahí. Igual que preocuparnos de que les vaya a pasar algo malo tampoco es nada productivo. Cuando les pase, si es que pasa, estaremos ahí para ayudarles.

5. La soledad es mala

"Si estoy solo es porque no valgo lo suficiente como para estar acompañado". Es un concepto que, aunque nos costará reconocer, muchos tenemos arraigado en el fondo de nuestros corazones y por eso sentimos cierto rubor cuando nos preguntan con quién vamos al cine y tenemos que contestar: "solo". Pero la soledad es el estado idóneo para cultivar el silencio, la conexión con uno mismo, conocerse, aprender y crecer.

6. Tengo que conseguir todo lo que me propongo

Es bueno tener ambición sana (en la que aspiras a superarte a ti mismo y no a los demás) y querer crecer a nivel profesional, pero no hay que pensar que la felicidad llegará cuando alcancemos nuestro objetivo laboral. Puede que el día en que estemos arriba seamos igual de miserables que el anterior, y nos demos cuenta de que nos olvidamos la felicidad por el camino.

7. Debo hacer las cosas bien

El tipo de trabajo que hay que conseguir, el tipo de pareja, la edad a la que casarse, comprarse un piso o tener hijos... Es un error condicionar el amor propio a si lo hacemos todo como creemos o nos han dicho que tenemos que hacerlo. Nuestro amor por nosotros mismos tiene que ser incondicional, independientemente de los errores que cometamos o los caminos que tomemos.

8. Tiene que salir como yo quiero

En función de lo que hemos aprendido y experimentado, nuestra cabeza cree que sabe cómo tienen que ser las cosas y cuál es 'la única' manera en que se pueden resolver. Pero no somos conscientes de que si dejamos que fluya, nos abrimos a nuevas experiencias y nuevos caminos, podemos incluso llegar a aprender algo.

9. La gente debe de tratarme bien

Esperar que todo el mundo nos trate bien es bastante poco realista y nos puede llevar a una frustración importante. Debemos tener el suficiente equilibrio interior como para que cuando alguien nos hable mal o nos trate de forma irrespetuosa, ignorarlo, la mayoría de las veces, pedirle que nos trate de otra manera o alejarnos de esa persona si ninguna de estas medidas surten efecto.

10. Si mi vida no es emocionante, la estoy malgastando

Saltar en paracaídas, hacer puenting o subir el Himalaya pueden ser experiencias muy divertidas, pero si no te atraen, no significa que estés desperdiciando tu vida.

11. El pasado determina el futuro

De dónde venimos condiciona a dónde vamos, pero no lo determina. Porque hayamos nacido en una familia pobre, hayamos tenido una infancia infernal o una experiencia traumática, el resto de nuestra vida no tiene que girar en torno a ese acontecimiento. El abanico de posibilidades que se abre ante nosotros es infinito, siempre.

Crédito de la imagen: Alberto Polo