El peligro de vivir a base de volantazos

Nacimos en un mundo de máquinas expendedoras. Aprietas un botón, metes una moneda, y te sale una chocolatina o un refresco. Muchas veces se nos olvida que el resto de la vida no funciona así: ni las relaciones de pareja, ni la vida profesional... Nos frustramos porque no sale todo como nos gustaría, y al poco tiempo de esperar desistimos y vamos a por otra cosa.

A  veces, si has tomado una decisión  hay que seguir  y tener paciencia  para ver frutos. La impaciencia te puede arruinar una posible historia de amor, y te puede estropear una venta o un proyecto emprendedor. ¿Habrías abandonado tan deprisa ese proyecto si alguien te hubiera dicho que solo te quedaban dos meses para vislumbrar el éxito, y que necesitabas seguir trabajando en ello para lograrlo? ¿Habrías dejado de luchar por esa chica si un adivino del futuro te hubiera contado que, después de unas semanas, ella también iba a enamorarse de ti?

Muchas veces, la vida se parece a una olla caliente: unos pocos segundos antes de que el agua comience a hervir, parece que esté totalmente quieta y que ahí no vaya a ocurrir nada. De los diez grados a los 95, el agua sigue igual y nosotros tenemos la sensación de que no hemos avanzado nada, de que es un desastre. Sin embargo, de pronto el agua hierve, igual que muchas veces hierve nuestra vida en pareja, una relación de amistad o la propia carrera profesional.

El efecto del centésimo mono

Este fenómeno social, que parte del concepto físico de masa crítica, fue un descubrimiento de unos científicos japoneses a partir de un estudio con monos, que viene a decir que hay un número crítico de monos a partir del cual la población global de monos ha hecho un cambio. Es fácil trasladarlo a nuestro mundo digital: todos los vídeos virales empezaron teniendo solo tres tristes visitas, pero la parte más lenta fue pasar de 0 a 100.000 visitas; una vez llegadas las cien mil visitas, es decir, alcanzada la masa crítica, se producía el efecto del centésimo mono y el vídeo se había vuelto tan viral que crecía exponencialmente cada pocos minutos.

Así es nuestro éxito: en el amor, en el dinero y en todo en la vida. Las relaciones personales se trabajan poco a poco. También en la vida profesional ocurre lo mismo: vamos adquiriendo habilidades, desarrollando recursos y dando forma a las relaciones interpersonales. Si vivimos a base de volantazos, nunca dejamos tiempo para que las cosas cuajen, para que se pongan a hervir como el agua caliente.

Quizá cada vez que estabas a punto de encajar en un trabajo lo dejaste, y entonces tienes la sensación de que nunca te va bien en ningún lado, y puede que el problema es que te falte un poco más de paciencia y tiempo para que las cosas te funcionen.

Por eso, merece la pena tener más paciencia y seguir luchando, confiando en que tarde o temprano llegaremos a esa masa crítica, a ese punto culminante que lanzará nuestra carrera o nuestra vida amorosa hasta las nubes.

Crédito de la imagen: Jérôme Lich