Cuando tu pareja te hace de espejo para tus miedos e inseguridades

Hay cosas que hace tu pareja que te sacan de tus casillas pero no tienes ni idea de por qué te enervan tanto. A veces son absolutas tonterías. Tal vez te enfurezcas cuando te da la razón, o cuando te lleva la contraria, o cuando te mira de un modo determinado o cuando hace ciertos chistes. No es ese tipo de rabia que aparece cuando ha habido una desavenencia o una discusión, sino un enfado con un origen difícil de detectar, que viene de detalles, miradas, comportamientos o costumbres que te encienden un poco porque sí. Te revienta su forma de ser o de actuar en algunas ocasiones pero no sabrías explicar muy bien por qué. Hay veces en que tenemos motivos para estar molestos por algo, pero cuando un tipo de comportamiento nos enfada muchísimo sin razón, es probable que, más que con nuestra pareja, nos estemos enfadando con nosotros mismos.

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El psicólogo Raúl Pérez explica que esto se debe a La Sombra. Carl Jung fue un discípulo de Freud que estudió el inconsciente colectivo y desarrolló la teoría de los arquetipos. Los arquetipos son imágenes que condicionan nuestra manera de percibir el mundo y que son una herencia ancestral. Es decir, son una manera de pensar y de pensarnos, de entender la realidad que nos rodea y la que somos. Jung explica muchos de ellos, pero los más importantes son el ánima, el ánimus, la persona, el sí-mismo y la sombra. 

'La sombra' es esas partes de nosotros mismos que no nos permitimos ver y que, sin embargo, también nos definen. Este tipo de cosas, al rechazarlas en nosotros mismos, se manifiestan a través de nuestros complejos y, además, nos enfadan muchísimo cuando las vemos en los demás. Por ejemplo, una persona que tenga muchísimo miedo a ser egoísta, puede llegar a ser muy intransigente cuando ve en alguien un comportamiento remotamente desconsiderado. Y, como vemos a nuestra pareja ser de muchas maneras debido a la cercanía, es fácil que reflejemos en ella nuestra propia sombra, nuestros complejos.

"Toda figura de apego nos sirve de espejo, para bien o para mal".

Pero esto no significa que sea malo que nuestra pareja sea un espejo de nosotros mismos. De hecho, es completamente normal. Cada persona con la que nos relacionamos nos devuelve una imagen. Raúl Pérez señala que "toda figura de apego nos sirve de espejo, para bien o para mal, ya que la forma en que los demás se portan con nosotros nos da información sobre cómo somos". Es decir, que la sombra es solo una parte de lo que reflejamos en los demás. En otras personas vemos también todo lo bueno que hay en nosotros. Cuando se portan bien con nosotros, entendemos que merecemos ese buen trato y nos sentimos valiosos.

Raúl insiste en que sentirse importante y querido es una necesidad básica del ser humano y eso tiene varias consecuencias. Por una parte, que lo peor que se le puede hacer a alguien es hacer que se sienta inexistente. Hacer el vacío a otra persona es un castigo mucho mayor que una agresión verbal, por ejemplo.

Otra consecuencia que se deriva de esa necesidad es que "el enganche con una pareja depende, en gran medida, de la imagen que devuelve de nosotros mismos". Si nos relacionamos de forma sana, vamos a buscar a alguien que nos devuelva nuestra mejor versión. Sin embargo, puede que, sin querer, escojamos a alguien que refleje lo que menos nos gusta de nosotros mismos porque, por ejemplo, creemos de forma inconsciente que no merecemos ser queridos.

En cualquier caso, no hay por qué alarmarse. Ahora que sabes que lo más probable es que tu sombra esté tocando teclas dentro de ti todas esas veces en que tu pareja te hace hervir la sangre sin que entiendas muy bien el motivo, es más fácil que descubras qué melodía es esa que está sonando. Y, así, ese reflejo que te devuelve te ayudará a conocerte mejor, a no acabar tratando de forma injusta a quien tienes a tu lado y, poco a poco, a que abraces también esas partes de ti que tienes escondidas. Seguro que no son tan terribles como tu inconsciente piensa.