El motivo por el que nos encanta cotillear la vida de los demás

Por lo general puede estar mal visto pero ninguna persona se escapa del gustirrinín que genera dar pie al salseo y enterarse de cosas de lxs demás, a continuación te contamos por qué

Estás con tu grupo habitual de amigxs tomando unas cervezas en una terraza. Cuando el encuentro acaba te vas caminando con la persona que va a la misma parada de metro que tú y en ese lapsus de tiempo te enteras de que tal del grupo se enrolló con la expareja de otrx tal del grupo. Te quedas perplejx y quieres saber más: cómo pasó, la otra persona lo sabe o no lo sabe, cómo se enteró la persona que te lo está contando, si lo sabe alguien más y “madre mía, qué fuerte”. Ahí se desarrolla una conversación y unos sentimientos que todxs hemos vivido en algún momento. En definitiva, nos encantan los salseos y compartir opiniones sobre ellos. Pero ¿a qué se debe?

La revista Current Biology publicó un trabajo que muestra que “el 65% de las conversaciones que mantenemos en nuestro día a día giran en torno a temas sociales de los cuales un 14% consisten en cotilleos. Así que hablar y opinar sobre la vida íntima de lxs demás ocupa buena parte de nuestro tiempo”. El estudio trabajó con decenas de participantes divididos en grupos de seis personas. Cada una de ellas recibiría 10 dólares en diez rondas consecutivas y en cada una de ellas la persona tendría que elegir entre poner el dinero en un bote o quedárselo. Al final el bote común se multiplicaría entre 1,5 y se repartiría equitativamente entre todxs lxs participantes. El final es claro: si no compartes el dinero, al final tendrás más, ¿qué habrías hecho tú?

Realmente el objetivo del estudio no era ver qué hacía cada persona en particular sino más bien observar cómo las personas podrían enterarse de lo que había hecho el resto. Ningunx de lxs participantes podía saberlo previamente, así que en cada ronda dejaban a las personas hablar entre ellas. Para poder saber quién había contribuido al bote o quién se había quedado con el dinero solo podían hacer una cosa: cotillear. Este intercambio de información se entiende, entonces, como instrumento social. Como explica el New York Times “el trabajo sugiere que hay más riqueza en el cotilleo del que estamos dispuestos a admitir”. Cuando hablas sobre otras personas, las mismas entran en juicio, nos da la libertad de opinar si lo que hizo estuvo bien o estuvo mal sin manchar nuestra propia imagen.

El salseo se entiende, entonces, como una vía hacía la socialización. Es fácil de entender, cuando una persona y tú opináis lo mismo (tanto si es negativo como positivo) de alguien, se genera un vínculo. Puede suceder incluso con alguien que opina negativamente, casi siempre esta forma de actuar es tachada: si habla así de mal de alguien, es posible que hable así de mal de mí. Dependen muchos factores, con un amigo o amiga con quien tengas mucha confianza te sientes cómodx al intercambiar opiniones negativas pero hay que sabes cuándo arriesgarse y, sobre todo, entender y saber que el chismorreo tiene una gran parte de toxicidad porque se realza más lo negativo que lo positivo. No hay que sentirse mal por hacerlo, solamente hay que ser consciente de que es bueno tener ciertos límites.