Cómo lidiar con una persona pasivo-agresiva (sin volverte loco)

El trastorno de personalidad pasivo-agresivo es más común de lo que podríamos imaginar. De hecho, es probable que conozcas a alguien que lo sufre, pero también lo es que esa persona ni siquiera sepa que lo padece. Incluso tú mismo podrías estar sufriéndolo. Uno de los principales problemas de esta clase de trastornos es que son egosistónicos, es decir, las personas que los padecen no son conscientes de ello.

“Es raro que un paciente acuda a consulta para tratar su trastorno de personalidad. Los motivos que llevan al pasivo-agresivo a buscar ayuda psicoterapéutica son los síntomas secundarios que se derivan del trastorno, como por ejemplo síntomas depresivos, ansiosos o problemas en las relaciones interpersonales incluidas las de pareja”, cuentan Esther Blanco García y Andrés Calvo Kalch, psicólogos y directores de la Clínica de Psicoterapia y Personalidad Persum

Se trata de un trastorno que dificulta mucho las relaciones; tanto para quien lo sufre como para quienes tratan con él. Por ese motivo es importante entender qué lleva a las personas pasivo-agresivas a hacer lo que hacen y saber cómo tratarlas para mejorar la relación.


Entender el trastorno: primer paso para saber lidiar con él

“Muchos de los conflictos laborales y de pareja tienen su origen en un trastorno de la personalidad. La falta de autocrítica, la inflexibilidad o la hipersensibilidad a la crítica son características que dificultan seriamente las relaciones interpersonales”, explican. Además, los especialistas aseguran que la postura ideal que debemos adoptar para tratar con una persona con trastorno pasivo agresivo es entender por qué tienen este comportamiento, aunque no lo compartamos.

Será crucial tener, al menos, un conocimiento básico del funcionamiento de la mente de una persona pasivo agresiva, para poder identificar las situaciones en las que se manifiesta y tratarlas adecuadamente. Por desgracia, es difícil para alguien que no sea un especialista identificar el trastorno. “Las reacciones de una persona pasivo-agresiva no se corresponden con la normalidad, por lo que las personas de su entorno se encuentran desconcertadas e incluso pueden llegar a pensar que son los causantes de este tipo de comportamientos anómalos”, dicen desde la Clínica Persum.

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A pesar de que existen ciertas pautas de comportamiento y acciones que pueden ayudarnos a identificar que estamos tratando con alguien pasivo agresivo, lo cierto es que también podrían venir de alguien sin ningún problema que actúa de ese modo en un determinado momento. La clave sería fijarnos en la recurrencia de sus acciones, ¿es siempre así o se trata sólo de momentos puntuales?

Un individuo pasivo-agresivo se caracteriza por buscar siempre la compañía de los demás; le gusta que le cuiden y es muy dependiente, pero al mismo tiempo es muy celoso de su autonomía y su libertad; no le gusta acatar ordenes, o ceder en sus opiniones, por lo que termina boicoteando sus relacionesComo podéis apreciar, se trata de un comportamiento muy ambivalente; ni contigo, ni sin ti, podría decirse.

Las personas pasivo-agresivas desarrollan ciertas 'estrategias' que les permiten, o al menos eso creen ellos, mantener una buena relación con todos, pero sin llegar a ceder nunca el control.  Por ejemplo, cuando reciben órdenes recurren a cosas como posponer lo que les hayan pedido de hacer, o hacerlo mal; "retrasan, olvidan y obstruyen los planes de los demás obteniendo así una mayor sensación de control, pero pagan un alto precio a largo plazo", aseguran desde la Clínica Persum.

El precio a pagar es el desprecio y rechazo de las personas que los rodean. Cuando nos enfadamos con un pasivo-agresivo por sus acciones, éste sabe que tenemos motivos para ello, pero no quiere perdernos y sentirse solo, por lo que opta por "hacerse el loco", actuar con perplejidad, como si no supiera el motivo de nuestro enfado, pudiendo incluso fingir haberse olvidado del asunto. En el fondo, su problema esconde un complejo de inferioridad: se sienten gafados, ninguneados, celosos y resentidos por la suerte de los demás. La imagen que acaban ofreciendo es la de una persona poco o nada cooperadora, enfurruñada, pesimista y malhumorada.


Consejos para tratar a una persona con trastorno pasivo-agresivo

Al tratarse de un problema de personalidad es común que las personas que rodean a quienes lo sufren se sientan atacadas personalmente. Es decir, olvidamos que no se trata de una forma de ser o una personalidad que nos puede "caer mal" o no gustarnos, sino que es un trastorno con el que saber lidiar y que hay que tratar con especialistas.

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  • El primer consejo es aprender a mantener las emociones personales fuera de la ecuación, de lo contrario corremos el riesgo de perder de vista el problema psicológico subyacente y tratarles con rabia o enfado, empeorando así la situación.
  • No te enfrentes a la persona o intentes razonar con ella sobre la 'agresión' que has sentido o percibido por su parte, el pasivo-agresivo no puede ni quiere reconocer su actitud. Si quieres explicarle que te parece que su forma de actuar no es la correcta es mejor hacerlo como espectador objetivo, es decir, no te pongas en el papel de víctima, ni le juzgues. Solo describe su conducta.
  • También es recomendable no atacar a la persona; olvídate de decirle “te he pillado, sé lo que estás haciendo”. Sólo se conseguirá que se sientan peor y reaccionen con frustración y enfado. Es preferible crear un ambiente en el que la persona pueda sentirse segura, hacerle saber que puede comunicarse libremente y que sus opiniones serán escuchadas; al fin y al cabo eso es lo que más valoran de sí mismos. Podemos preguntarles qué es lo que les está molestando, para que sientan que nos importa saber cómo se sienten y qué piensan.
  • Si se hace necesario darle una orden lo conveniente sería hacerlo con amabilidad y cederle el control en algún detalle. Por ejemplo, preguntarle que si hay alguna cosa que vea que se puede hacer de otro modo que te lo comente, o que algo de lo que le pidas quede exclusivamente a su cargo, aunque sea un detalle que no tenga mucha importancia. De esta forma le das autonomía a la que aferrarse.
  • Las personas pasivo-agresivas tienen miedo a la competición ya que no cuentan con autoconfianza suficiente para implicarse en una. Por eso, a menudo se distancian de la carrera competitiva pero puede que compitan en secreto, para no entrar en conflictos con el resto de participantes. Cuando trates con una persona con el trastorno, no le retes, ya que inmediatamente dejarás al descubierto su miedo, le harás sentir pequeño porque dudan de poder ganar y se vuelven más vulnerables e inestables.
  • Utiliza el humor y las charlas sin importancia para romper el hielo de una situación tensa que se haya podido generar.

Estas son solo pistas de cómo tratar con una persona pasivo-agresiva. Evidentemente, lo mejor es que dicha persona termine en manos de un especialista que le ayude a controlar su ira, su frustración y los complejos que le han llevado hasta ese punto. Si tienes una relación estrecha con alguien que sufre este trastorno tal vez sería incluso conveniente que tu también le acompañaras a alguna sesión, para que el experto pueda darte consejos sobre cómo lidiar con el problema en base a la conducta especifica de esa persona.