La ley de la controversia de Benford: jamás discutas con el listo de turno

En el ecosistema de las discusiones en Twitter, en familia o en el trabajo siempre emerge el mismo espécimen al cual resulta imposible de convencer de algo que no sea su propia opinión

El listo de turno es un ser autóctono de estas latitudes y está presente en todos los hábitats, como si fuera una plaga imposible de exterminar. Da igual que sea una cena con amigxs, un compi de trabajo, el vecino o tu primo el del pueblo, en este rincón del mundo siempre habrá alguien dispuesto a soltar un “no tienes ni puta idea” y a explicarte gentilmente toda su teoría al respecto basada básicamente en aire y sus propios prejuicios. Opinar de lo que no se tiene ni puta idea es una tradición ibérica que algunos elevan a la categoría de arte, pero creerte, además, que sabes de lo que estás hablando y que puedes sentar cátedra sobre el tema es una ley sociológica bautizada como controversia de Benford y se resume con un esquema muy simple:

Especialmente común en las discusiones de temas peliagudos como ciencia, política o religión, todo materias en las que los taxistas y tuiteros españoles tienen un doctorado cum laude, consiste en la defensa a ultranza de unas posiciones como si se tratara de una verdad absoluta y, además, de la única opción correcta de pensar. Como apuntan desde la web La Mente es Maravillosa, la explicación a esta ley se base en el efecto Dunning-Kruger que consiste en un sesgo cognitivo de superioridad ilusoria en sujetos con escasa habilidad o conocimientos que les hace creerse expertos en un tema y más inteligentes que el resto. Dicho de otra manera: los ignorantes e incompetentes tienden a sobrevalorar su inteligencia y conocimientos.

Justamente, el hecho de haber detectado que los individuos más ignorantes son los que menos dispuestos están a aceptar que otras personas son más inteligentes o más versadas en un asunto, les valió el premio Nobel a los investigadores que dieron nombre al efecto: Dunning y Kruger. Sin embargo, ni el sesgo ni la ley de controversia de Benford son tan negativos como podríamos pensar. En realidad, se trata de un mecanismo del cerebro para ayudarnos a tomar decisiones sin miedo y con determinación aunque, en realidad, no estemos capacitados para hacerlo. Aprovechar la emocionalidad para ser más resolutivo es un mecanismo muy exitoso de la evolución que nos ha permitido llegar a donde estamos sin que necesariamente todos los individuos con la responsabilidad de tomar decisiones sean especialmente sabios. 

Por tanto, el mecanismo bien entendido es más positivo que negativo ya que nos ayuda a no ahogarnos en un mar de dudas e incertidumbres que nos impida avanzar a base de decisiones, pero como todo en la vida lo importante está en ser conscientes de nuestros sesgos e intentar aplicar la moderación. Puede que ser consciente de tu ignorancia no te haga más inteligente o experto en una determinada cuestión, pero desde luego te ayudará a tomar decisiones sabiendo que todos nos equivocamos y que, en ocasiones, es mucho mejor escuchar que andar soltando lo primero que se nos pase por la cabeza solo por demostrar que sabemos y que tenemos la razón en todo. La próxima vez que escuches a un cuñado opinar ya sabes: respira, cuenta hasta diez y recuerda que su cerebro solo está buscando sacar provecho a su ignorancia. 

CN