Si hagas lo que hagas te sientes fuera de lugar, solo tienes dos opciones

A menudo sientes que no cuadras, que te ahogas, te frustras o simplemente todo te es indiferente. Se te ha olvidado qué coño haces aquí. Tu curro, tus estudios, tu familia y tus amigos no te satisfacen, o te agobian. Sentirte fuera de lugar es más habitual que un pedo en Navidades, y sin embargo siempre piensas que esto solo te pasa a ti. Para dejar de sentirte un perro verde fluorescente no hay una fórmula absoluta, pero aquí te dejamos dos caminos que a menudo se acaban encontrando.


1. Lárgate de todo

Quizás ahora no lo veas, pero tu vida es demasiado breve para pasarla en mala compañía o en el lugar equivocado. Suda de amistades o parejas tóxicas. Incluso con algunos miembros de tu familia a veces es importante saber mantener una distancia prudencial. Esto no significa ser incapaz de aceptar la crítica constructiva. Pero si notas que la gente a tu alrededor te juzga por tus motivaciones o por salirte de la norma y que su actitud destruye más que construye, desconfía: no es ningún secreto que el planeta está lleno de mentes obtusas, de gente incapaz de ver más allá de sus narices. No te quedes en el pantano de su supuesta 'comodidad' por la que, o bien no se cuestionan nada, o se pasan el día machacando al resto.

Y lo mismo vale para un trabajo, un hobby que ya no te llena, tus compañeros de piso, incluso tu ciudad: cambiar de aires y de rutina es lo más difícil del mundo hasta que te lanzas, entonces te preguntarás por qué no lo hiciste antes. Jamás tiene que ser un "me piro para que me echéis de menos", sino más bien un "con (o sin) vuestro permiso, voy a recuperar mi ilusión por vivir". Es muy triste la cantidad de gente que se queda al lado de unos llamados 'seres queridos' que lo hacen sentir como una mierda. Si lo intentas con ganas y paciencia, apartarte de lo negativo te dará la oportunidad de conocer el universo que te estabas perdiendo: hay muchos ambientes ahí fuera que inspiran, gente que escucha y que ilumina, personas que mejoran el mundo con su actitud en lugar de chupar la energía de los demás sin aportar nada. No te conformes.

2. Mírate por dentro

La inquietud es buena, pero el malestar crónico no tanto. A veces la sensación de estar fuera de lugar viene más de nuestra mente que del exterior. Ojo con estar siendo demasiado exigente con cada apartado de tu vida: ver el vaso medio lleno no significa esperar que se llene del todo. La imperfección y las interrupciones son parte de la vida misma, y no vamos a conectar al 100% con todos y todo, todo el día.

Por otro lado, quizás estás demasiado metid@ en el torbellino constante de tus pensamientos y por eso no acabas de estar a gusto socializando. Relájate, no hay que buscarle el sentido exacto a cada momento de tu vida. Poner el cerebro en modo zen de vez en cuando y reírte de cuatro tonterías es tan saludable como bueno para tus relaciones.

También puede que sin saberlo esperes tener atención o reafirmación constante, y eso no es sano en ningún contexto. Llega un punto en el que cada uno tira con su vida como puede, y a veces nos sentimos perdidos o abandonados cuando el resto están en el mismo barco. No está de más hablar con alguien de confianza del tema, y si hace falta pedir un poco más por esa boquita. Aunque quizás lo que te falte sea abrir los ojos de verdad: hacerte una lista mental de lo bueno que hay en tu vida y lo que sí te satisface de lo que haces y de la gente que te rodea. Y finalmente, no es por ponernos budistas, pero está claro que cuanto menos necesites más feliz serás: esta es la filosofía más barata y menos practicada del mundo.

¿Largarte o pararte a pensar? Puede que tengas que hacer ambas cosas, en el orden que sea. O puede que esta sensación que tienes sea una etapa, y de pronto pase algo o alguien que haga que te sientas en casa. Tampoco podemos estar como pez en el agua todo el día, y recuerda que eso está sobrevalorado: nos acostumbramos demasiado rápido a que todo vaya bien. Que la vida te seguirá poniendo retos no es ninguna novedad.