Dejar De Hablarle A Alguien Después De Una Discusión, ¿Es Infantil O Necesario?

Amigos, parejas o familiares. Personas con las que te relacionas, de las que esperas cariño, amor, comprensión, cercanía, apoyo. Y también personas que, en alguna ocasión, te decepcionan. Consciente o inconscientemente. Por una tontería o por algo grave. Y a la inversa, que tú tampoco eres perfecto. Y dicen que de las crisis se sale fortalecido, que no hay nada como hablar las cosas, pero, ¿qué sucede cuando se opta por el silencio? Tal vez en alguna ocasión pueda ser constructivo, necesario, procedente.

Pero hay que saber utilizarlo bien. Hablamos de los míticos ‘pues ahora no le hablo y que le den’ y ‘¿qué habré hecho yo para que me haya retirado la palabra?’ con la psicóloga Elena Cocho que nos enseña el camino para contar con el silencio como un aliado y no como un recurso que puede dinamitar todo aquello que os une y con lo que no quieres terminar.

silencio1-mileniales-codigo-nuevo

“La comunicación es muy amplia y se puede practicar de muchas maneras, no solo hablando. Podemos comunicarnos en silencio, mirándonos a los ojos, y también podemos pasar toda la tarde hablando sin haber comunicado nada en absoluto”, reflexiona la terapeuta. Y el silencio, entendido como una herramienta más para relacionarnos con el otro, debe saber gestionarse con inteligencia. Porque no es lo mismo dejar de hablar a tu pareja, a un amigo, a tu jefe o a un familiar, y conviene tener claro, como asegura nuestra experta, que “dejar de hablar a alguien sin decírselo es una conducta infantil y tan agresiva como un insulto”.

Tal vez la pareja sea el núcleo en el que el silencio se utilice con mayor asiduidad. En ese contexto, “si se opta siempre por la estrategia de zambullirse en él buscando no discutir, tarde o temprano terminarán por ver cómo ese malestar estalla”, afirma la psicóloga. Las crisis y las discusiones son oportunidades para crecer y conocerse en profundidad, por lo que “si siempre quedamos ‘mudos’, sin expresarnos, sin confrontar las ideas y opiniones, nunca podremos llegar a conocernos”, explica Elena Cocho.

Porque sí, está bien asumir ese papel de pareja ‘buenrollera’, esa a la que nunca le pasa nada, a la que todo le viene bien, pero de vez en cuando es necesario soltar un rotundo “no estoy de acuerdo” o “no me gusta nada eso que acabas de hacer”. Pero ni tanto ni tan calvo; ni callarse ni gritar: “Algunos optan por discutir cualquier nimiedad de forma acalorada y eso tampoco es saludable. Escuchar, ceder, respetar la perspectiva del otro, todo nos ayuda a controlar nuestro ego y a aprender a convivir adaptándonos al otro”, reflexiona la terapeuta. Así que, una vez más, los extremos nunca son saludables.

silencio2-mileniales-codigo-nuevo

Y lo que se aplica a la pareja puede aplicarse a cualquier relación de dos, aunque con algunas implicaciones diferentes. Discutir o sentirse decepcionado con un amigo o un hermano o ser ‘castigado’ con el silencio por parte de cualquiera de ellos dibuja un escenario de tensión que, en ocasiones, puede tornarse irreversible. Y por eso, como aconseja Cocho, “conviene calibrar cuáles van a ser las consecuencias de dejar de hablar a alguien”.

Pero, ¿existen momentos en los que el silencio puede convertirse en un recurso aceptable? “Durante una discusión, aprender a mirarse a los ojos y decirse ‘vamos a dejarlo aquí y a esperar a estar más tranquilos’ es muy saludable y permite darse un espacio de tiempo para conectar con lo emocional”, explica la terapeuta, que añade: “El silencio sirve para respirar, para dejarse sentir lo que duele, dónde duele y qué nos quiere decir ese dolor. Ese es el ‘silencio nutritivo’ que posibilidad la apertura emocional y que es diferente a contestar con cualquier grosería”.

En definitiva, el silencio para no pasar a mayores. Pero, ¿qué sucede cuando es solo uno de los dos protagonistas de la escena el que opta por callar? “Ese silencio queda muy lejos de ser ‘nutritivo’ y solo tiene una vertiente ‘agresiva’. Y uno puede ser agresivo manteniendo una conducta activa, es decir, discutiendo, o pasiva, o sea, callando”, detalla la terapeuta. Por eso, es mejor explicar, de forma sosegada, qué es lo que nos ocurre.

Del mismo modo que el recurso de ‘me callo porque contigo no se puede hablar’ es también un error: “Las personas que adoptan esta postura suelen ser poco conscientes de que con su silencio también están agrediendo y, tras esa máscara, tan solo se oculta un ánimo por seguir teniendo el poder en la relación”, afirma la experta.

silencio3-mileniales-codigo-nuevo

Entonces, ¿en qué escenario se torna más adecuada la opción de callar? La terapeuta responde: “Los extremos solo hay que usarlos cuando todo lo demás ha fallado, cuando uno está muy cansado, muy harto, y siempre evitando decir algo ‘irreversible’. Si uno está pensando en romper esa amistad o relación, tal vez tenga que callar, meditar la situación racional y emocionalmente, sin amenazas”. Tan solo en esos casos, cuando el fin último es positivo y busca solucionar la situación, tomar distancia y guardar silencio puede ser un arma positiva. Y lo demás, caminos equivocados.

Tal vez ese amigo o esa pareja termine por caer en la cuenta de lo que ha hecho mal si dejas de hablarle, pero siempre será más sano confrontar las opiniones y explicárselo de la mejor manera. Quizás echar tierra encima tras una discusión optando por no hablaros contribuya a que amaine el temporal, pero este aflorará de nuevo cuando menos lo esperéis si no os dedicáis a poner en común vuestras impresiones y sentáis las bases para que la situación no se repita.

Y, desde luego, no serás mejor persona por evitar la confrontación; es más, eso denotará que, en el fondo, tampoco tú tienes demasiadas ganas de solucionar los problemas desde su base. Porque el ‘me pico y no te hablo’ estaba bien en el colegio, cuando tu compañero de pupitre te robaba las ceras, cuando tu primo no te dejaba jugar con su balón nuevo o cuando la chica que te gustaba se daba un besito con tu enemigo del recreo, pero ahora estamos ya en otra película.