La fórmula matemática para la felicidad que está dando la vuelta al mundo

Mo Gawdat ni es gurú, ni es coach, ni te quiere vender la moto, pero le está cambiando la vida a millones de personas. Este ingeniero egipcio es el responsable de la apertura de la mitad de oficinas de Google en todo el mundo, y ahora se ha propuesto un reto que poco tiene que ver: difundir una fórmula matemática para ser felizSu libro El algoritmo de la felicidad lo está petando y Gawdat nos recibe para hablar de él. Con una alegre sonrisa a juego con su camiseta, cuyo dibujo de una tarta llama la atención, Mo empieza su relato con una mezcla hipnótica de entusiasmo y paciencia.

CN: ¿Cómo acaba el director comercial de Google[x] publicando un libro sobre la felicidad?

M: Me di cuenta de que aunque lo tenía todo, no era feliz. Tenía un puesto de prestigio, un sueldo más que generoso y una familia, pero me seguía faltando algo. Descubrí que no era cuestión de comprar más coches, sino de encontrar la forma de valorar lo que ya tenía. Muchos de los libros que ya hay ahí fuera se centran en sentarse a meditar, pero yo me puse a investigar el tema como ingeniero. No lo habría conseguido sin mi hijo, al que siempre dije que le tendríamos que haber puesto pañales naranjas, porque era como un pequeño monje zen sin saberlo. Él sí que era feliz, sabio y tranquilo, y convertía mis análisis de ingeniería en resultados emocionales y sociales. Tras nueve años investigando sobre la felicidad, construimos el modelo del que más adelante trataría el libro. Por primera vez, me sentí en paz.

Pero entonces, en 2014, Ali murió. Le hicieron una operación de apendicitis que debería de haber sido rutinaria, pero el cirujano cometió cinco errores seguidos. De repente desapareció mi sol, mi luz, mi mejor amigo, mi maestro. Si hubieras abrazado una sola vez a mi maravilloso Ali entenderías que tras su muerte quisiera encerrarme para siempre a llorar. Pero no lo hice. Puse a prueba mi algoritmo, y a pesar del profundo dolor, recibí su muerte en paz. Recuerdo que fuimos su madre, su hermana y yo quienes consolábamos a los asistentes del entierro, y empezaron a decirme que tenía que escribir esa fórmula increíble. Antes de morir, Ali me había pedido que siguiese trabajando con el corazón y no con la cabeza, así que dos semanas más tarde me senté a escribir.

CN: Te propusiste hacer feliz a 10 millones de personas, y has superado con creces el reto. ¿Por qué hay tanta demanda de libros sobre el tema?

M: Porque nuestra sociedad persigue ilusiones. El mundo moderno te miente, te promete que si haces ciertas cosas y alcanzas ciertos resultados, acabarás siendo feliz. Es como un videojuego en el que una voz te promete tarta al final de cada pantalla, hasta que descubres que la tarta es una mentira. Esa es la metáfora de la camiseta que llevo. Te hacen creer que necesitas el último iPhone, pero no encuentras felicidad al final del arco iris, porque el éxito material no te la garantiza. Esa ‘tarta’ puede ser dinero o reconocimiento, porque creo que entre los jóvenes hay mucha ansiedad por gustarle a todo el mundo, en lugar de querer ser honestos con nosotros mismos. ¿Cuántas veces alguien podrido de fama y dinero se acaba suicidando?

Suelo comparar al ser humano con un móvil nuevo. Está diseñado para funcionar, y si empieza a ir mal al cabo de un tiempo es porque lo sobrecargas de apps, o lo desbloqueas cada dos minutos para ver tus likes. Empezamos a instalar en nuestra mente aplicaciones extrañas, como la priorización del éxito o del dinero, los estándares de belleza que nos venden, la ansiedad por quedar bien y encajar. Quienes se creen esas promesas de felicidad y las dominan, pueden navegar bien el mundo moderno y quizás hasta consigan un supuesto ‘éxito’, pero por el camino han perdido la batería de su móvil: la felicidad. La infelicidad es un instinto de supervivencia, un estímulo que te manda el cerebro cuando se siente en peligro: compara el evento actual con una idea de mayor seguridad. Pero si apagas el cerebro unos minutos, o si tu cerebro está de acuerdo con la situación, lo que queda es felicidad.

CN: ¿Qué es para ti esta felicidad?

M: Todos nacemos felices, estamos diseñados para ello. Los bebés son felices una vez los alimentas y cubres sus necesidades básicas, no necesitan una Xbox ni que alguien les diga lo bonito que llevan el pelo ese día. La felicidad es exactamente lo mismo para todos, a cualquier edad y en cualquier lugar del planeta, y es tan predecible que sigue una ecuación: es igual o mayor que la diferencia entre los eventos en tu vida y tu expectativa de cómo debería ser esa vida. En esta ecuación, la felicidad no es lo que nos vende el mundo moderno, sino esa sensación de paz y tranquilidad cuando el presente, ese preciso instante, te parece bien.

CN: Pero si rebajo mis expectativas, ¿cómo conservo mis motivaciones y mis planes a largo plazo?

M: Mi modelo no va de volverte indiferente, sino todo lo contrario, porque cada uno de nosotros está aquí para hacer algo por el mundo. Y esto no es un Come, Reza, Ama, ¿eh? no te estoy pidiendo que te vayas a meditar fuera del mundo moderno, sino que te involucres con él y que tengas éxito, pero siendo feliz. Si tu relación o tu carrera no te hacen feliz, no te quedes allí. No busques el trabajo que te de más dinero, sino el que te motive a despertarte por las mañanas. Yo he llegado hasta donde estoy haciendo exactamente eso, priorizando la felicidad. Si Google cuida tanto a sus trabajadores no es por altruismo, sino porque la felicidad es productiva. Cuanto más feliz seas, más éxito tendrás. Ahora he aumentado mi objetivo, me he propuesto hacer feliz a 1.000 millones de personas, aunque parezca una locura. Pero si no llego, no me moriré, y solo con llegarle a una persona más ya estoy haciendo algo. Es tu gestión de las expectativas lo que determina la felicidad.

CN: ¿Me das un ejemplo de situación en la que podamos aplicar tu fórmula?

M: Si tienes la expectativa de estar con tu pareja toda la vida y lo dejáis, tu decepción será profunda y duradera. Pero si por el contrario estás abierto a otras posibilidades (que dure menos, que se acabe mañana) tu dolor será mucho menor. No significa que vuestros vínculos sean menos sólidos, sino darte cuenta de que el futuro es una ilusión y de que lo único que tienes es el presente, así que te toca valorarloComo te decía antes, estás prediseñado para ser feliz, y no necesitas nada externo para ello, así que para volver a tu estado original tienes que desinstalarte aquello que te afecta negativamente: las seis falsas promesas del mundo moderno, que detallo en el libro, y los llamados ‘ángulos muertos’ que nos separan de la verdad (filtrar, dar por hecho, cazar, recuerdos, etiquetas, emociones y exageraciones).

No pretendo hacerte feliz todo el rato, sino darte técnicas para contraatacar la infelicidad cuando aparece. Eso sí, la felicidad es como ir al gimnasio. Tienes que entrenar, no conviene dejarla de lado durante mucho tiempo, y cuanto más la ejercitas mejor te sale. Yo mido el éxito de mi fórmula por el tiempo que tardo en recuperar la felicidad cuando la pierdo, y te puedo asegurar que en el último año lo máximo que he estado mal han sido 24 horas. 

CN: Suena bien. Antes de despedirnos, no puedo evitar preguntarte por tu industria. Con la de gente adicta al móvil que hay, ¿crees que la tecnología realmente está diseñada para hacernos felices?

M: La tecnología es irrelevante, solo es una herramienta que expande y magnifica nuestra realidad. Si uso este bolígrafo que hay en la mesa para metértelo en el ojo, ¿será culpa del bolígrafo? Las redes sociales a veces muestran nuestra superficialidad, nuestro ego, nuestra pretensión, y también nuestra soledad. Puedes dejar de usarlas, o puedes tratar de cambiarlas, pidiéndoles a sus responsables que las cambien. Si todos consideramos la felicidad nuestra prioridad, y pedimos que los productos nos aporten eso, el próximo diseñador lo tendrá en cuenta. Además, está en tu mano utilizar las redes sociales para buenos fines, como por ejemplo, para hablarles a tus amigos de este mensaje de felicidad.