La forma en la que hablas dice todo esto sobre lo feliz que eres 

La de veces que nos habrán dicho de pequeños eso de “¡niño, habla bien!”. Pues parece que había más de una razón además de ser educado. Desde luego, lo de usar o no usar tacos en nuestro vocabulario habitual no va a hacer que seamos más o menos felices (si es lo que estabas pensando). Pero a lo mejor podríamos hacer más por nuestro día a día con solo un par de cambios en nuestro vocabulario. Porque las frases y palabras que usamos son el reflejo de nuestros sentimientos mucho más de lo que creemos y están cargadas de contenido emocional. 

Aquí están los hechos científicos: nuestro cerebro registra sensaciones más positivas cuando pronunciamos palabras como "alegría", "ilusión" o "energía" que cuando construimos frases con las palabras "asco", "desprecio" o "preocupado". Porque todos los vocablos están asociados a sentimientos o actitudes y, desde luego, condicionan la manera en la que nuestra mente las registra.

Palabras Codigo Nuevo

El filósofo Luis Castellanos, autor del libro La ciencia del lenguaje positivo. Cómo nos cambian las palabras que elegimosdefiende que aplicando los avances de la neurociencia y teniendo una buena 'salud narrativa', podremos mejorar nuestro bienestar y afrontaremos de mejor ánimo todos los problemas que se nos presenten.

Si todo esto te suena a muy complicado, solo tienes que pensar en el camino que haces habitualmente: Cuando hay algo que nos preocupa o que nos perturba, nos esforzamos por controlar ese pensamiento y contrarrestarlo con otro positivo. Si estamos en un mal momento, necesitamos pensar que esa época complicada pasará, y nos consolamos a nosotros mismos (sea mentalmente o desahogándonos con un amigo). Pues con el lenguaje, lo mismo. Solo hay que atajar usando palabras que aporten positivismo y nuestra disposición para afrontar el día será mucho más enérgica. 

Castellanos distingue también entre el lenguaje que utilizamos para hablar con nosotros mismos, el que construye las frases de nuestros pensamientos, y el que usamos para comunicarnos con los demás, el que ayuda al resto a crearse una imagen de nosotros. Y el filósofo asegura que igual de importante es uno como el otro, puesto que el interior es el que nos predispone ante la vida y el segundo es el que nos sirve para construir las relaciones con los demás. Así que de poco nos va a servir ser positivos en casa si después no somos capaces de llevarlo fuera. Se trata de un ejercicio que beneficia tanto a nosotros mismos como a los que nos rodean.

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Bien, muy bonito. Pero vayamos al grano. ¿Cómo se hace todo esto? Primero, hay que tomar conciencia de nuestro lenguaje actual apuntando las palabras que solemos utilizar y detectando, por ejemplo, la cantidad de veces que decimos la peor palabra de todas: "No". Puedes hacer este ejercicio con un amigo, preguntándoos por los diferentes aspectos de vuestras vidas. Encarad una conversación larga y olvidaos de ser estrictos con vuestro vocabulario ahora mismo. Sobre todo, sed naturales.

El segundo paso es decidir qué palabras queremos incluir en nuestras frases de manera habitual, buscando hacernos un listado de las que tengan un contenido positivo. "Esperanza", "interés", "orgullo", "inspiración"… frente a todas las que queremos sacar de nuestros pensamientos (y que hemos detectado antes). Y, por último, solo tenemos que acostumbrarnos a utilizarlas en nuestro día a día. Parece fácil, pero será un esfuerzo por no dejarnos llevar por los malos hábitos.

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Y todo esto no es sólo teoría. Si te parecían castillos de humo, te diré que Castellanos ya está formando en este 'lenguaje positivo' a deportistas, empresarios o, incluso, personal sanitario. Personas que deben enfrentarse a determinadas conversaciones que son cruciales para los demás, o que deben tomar decisiones que afectan al resto. Porque si un médico tiene que darte una mala noticia, mejor que sepa hacerlo con las mejores palabras. Porque el lenguaje condiciona y no te olvides de que, al final, eres tú quién escoge cómo de lejos puedes llegar.