El Factor D es la explicación por detrás de esas personas malignas que te intentan joder la vida

Psicólogos de la Universidad de Copenhague desarrollaron una investigación con la que determinar los nueve rasgos de la maldad humana

Párate un segundo y piensa en las personas a lo largo de tu vida que han sido malas contigo. Pero no malas de haberte hecho daño sin querer, no. Hablamos de personas malvadas que han disfrutado haciéndote daño y que lo volverían a hacer si les dieras la menor oportunidad. Las mismas que campan a sus anchas por el mundo aprovechándose de la buena voluntad de la mayoría para aprovecharse de ellos y sin sentir lástima o el más mínimo arrepentimiento. Esas que a las que la palabra ‘empatía’ les suena a libro de autoayuda y que, además, siempre se creen mucho más listas que tú.

El mal nace y se hace

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La pregunta obligatoria es: ¿esos hijos del mal nacieron malignos o se hicieron malignos? Pues bien, basándose en las teorías del psicólogo inglés Charles Spearman, que aseguró que las personas inteligentes reúnen una serie de características que agrupó bajo el término Factor G, psicólogos de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, desarrollaron una investigación con la que determinar los nueve rasgos de conforman el Factor D, es decir, el factor de la maldad humana:

  • Egoísmo: preocupación excesiva por las propias necesidades y anhelos frente a los de los demás
  • Maquiavelismo: manipulación de todo y de todos para conseguir unos objetivos personales
  • Desconexión moral: incapacidad para sentir remordimientos ante un comportamiento poco ético 
  • Narcisismosentido de superioridad extremo que exige la atención constante de los demás
  • Derecho psicológico: la exigencia de un trato preferente solo por el hecho de creerse mejor
  • Psicopatía: ausencia de empatía y autocontrol unido a una fuerte impulsividad
  • Sadismo: placer ante el dolor ajeno y deseo de causarlo en el propio beneficio
  • Interés propio: obsesión por ascender social, personal y económicamente a cualquier coste
  • Rencor: incapacidad para perdonar y voluntad de ejercer una venganza

“Del mismo modo que podemos obtener una puntuación alta de inteligencia, es probable medir la parte ‘oscura’ del ser humano. Se ha investigado y observado que la malevolencia tiene una serie de rasgos en común. Y lo cierto es que estos rasgos de personalidad están muy relacionados con los pliegues, el volumen y el grosor de nuestro cerebro”, asegura el psicólogo y director clínico del Instituto Madrid de Psicología, Héctor Galván. Sin embargo, aunque bien es cierto que algunas personas nacen con propensión hacia la maldad, el experto matiza que “nuestra personalidad puede cambiar con la edad y con variables del ambiente”.

La maldad siempre tiende a crecer

Al parecer, las investigaciones en este sentido han demostrado que los tres principales elementos del Factor D —egocentrismo, narcisismo y rencor— pueden ir desarrollándose uno a uno a lo largo de nuestra vida dado que, según Galván, “tienen una inercia y cercanía conductual clara”. Esto significa que las personas que presentan el Factor D podrían ir potenciando y desarrollando sus rasgos de personalidad maligna en función de su interacción con su entorno de tal manera que, lo más probable, es que su maldad no irá decreciendo con los años sino por el contrario irá tornándose cada vez más compleja hasta ocupar toda su personalidad.  

Por suerte o por desgracia, eso no significa necesariamente que estas personas tendrán una vida miserable y aislada de la sociedad sino más bien todo lo contrario. “Este perfil de personalidad puede obtener éxito y satisfacciones a corto y medio plazo como, por ejemplo, obtener ascensos en sus puestos de trabajo, etc.”, afirma el psicólogo que, no obstante, aclara que “a largo plazo se sentirán desdichados porque se les irán cerrando todo tipo de puertas y la frustración irá en aumento”. Vamos que la maldad podría verse recompensada socialmente en un principio, pero tarde o temprano sus acciones y manipulaciones acaban delatándoles.

Ciegos e insensibles a su propia maldad

“Cuando hablamos de este tipo de personalidad, debemos tener en cuenta que siempre buscarán satisfacer sus propios intereses o deseos por encima de cualquier cosa. Incluso, en ocasiones, llegando a sentir placer al lastimar al otro aunque la motivación principal en este perfil de personalidad no es tanto dañar a los demás como fin, sino un medio para su motivación principal: obtener lo que desean, pasando sobre los derechos de los demás si es necesario”, sentencia Galván mientras lamenta que infelizmente “trabajar con este tipo de personalidad puede ser algo complicado para todo terapeuta” dado que “no tienen consciencia de tener un problema”.

Y es que un verdadero malvado jamás reconocerá su maldad, es más, siempre intentará disfrazar sus malas intenciones de gestos heroicos y altruistas. Algo que reflejan con fidelidad los supervillanos de los dibujos animados y que, por lo visto, no son más que una fiel caricatura de las personas más oscuras de nuestra sociedad. “Cualquier dificultad las atribuirá a los demás o a la mala suerte. Para un trabajo terapéutico eficaz es necesaria la implicación de la propia persona, tener la intención y actitud de mejorar patrones de conducta y actitudes propias”, concluye el experto. Todos tenemos un lado oscuro, pero no todos tenemos un lado brillante para compensarlo.