Cómo evitar que el mal rollo de los demás te amargue el día (o la existencia)

Estás teniendo un día estupendo. Te has levantado petado de energía, has asimilado esa frase ingenuamente positiva de tu tacita del café y las cosas marchan sobre ruedas como si estuviesen escritas por el mismísimo Paulo Coelho. Te sientes invencible. En una nube donde todo fluye. Hasta que tu jefe, compañera de trabajo, novio o colega se acerca a tu espléndida áurea de felicidad para destrozarla con su mal humor. Quejas, reproches, ira, bajonas. Te han jodido el día. Y no lo has visto venir. No has podido evitarlo.

Según la coach y autora de programas de inteligencia emocional, Pilar Fernández, "a veces ni nos damos cuenta de que estamos siendo invadidos de alguna manera por las emociones de los demás". Tú estás en tu burbuja de buen rollo y el contagio emocional va agujereándola hasta que en algún momento recobras la lucidez y piensas "¿pero qué ha pasado?". Te han envenenado de mal rollo. La razón, explica la especialista, es que "los estados de ánimo negativos se contagian con mucha más facilidad que los positivos".

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Pero calma, que hay maneras de impedirlo. La coach emocional, Cecília Ruiz, cree que diferenciar entre empatía e identificación cuando alguien viene a desahogarse es fundamental. "Empatizar es dejar que resuene en ti la energía de otra persona. Pero cuando dejas de observar desde fuera y comienzas a identificarte con su problema lo haces tuyo. Te conviertes en actor protagonista. Y es importante trabajar para no identificarnos con lo que ven, viven o sienten otras personas para no entrar en su energía", apunta.

Es la misma línea teórica que propone Pilar Fernández, que hace especial hincapié en la observación. "Hay una frase que me encanta: si eres libre en la observación serás esclavo en la elección, pero si eres esclavo de la observación serás libre en la elección. El cuerpo humano es sabio. Se infecta, se intoxica y necesita vomitar el veneno en forma de negatividad, ansiedad o violencia. Y ningún vómito es bonito. Por eso hay que observarlo, tomar consciencia y elegir qué hacer", señala. De lo contrario, nos empaparemos de vómito ajeno.

De todas formas, tan imprescindible es nuestra forma de enfrentar el ánimo de los demás como el propio entorno anímico donde nos movemos. La coach Fernández insiste en ello: "Es muy importante tener presente que por muchas ganas que tengas de renunciar a contaminarte, mientras estés en un entorno tóxico tarde o temprano terminarás reaccionando también de una manera tóxica. Lo ideal sería estar en entornos emocionalmente sanos pero la ansiedad, el estrés, la depresión o la ira están por todos lados".

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Por eso, explica la coach, es tan importante la cantidad de tiempo que pasamos dentro de ese entorno. "Imaginemos que hablamos de un entorno laboral tóxico donde debemos pasar más de ocho horas diarias. Si luego tienes la posibilidad de limpiarte emocionalmente haciendo deporte, paseando, escuchando música o cogiendo fuerzas en entornos más positivos, reduciremos los contagios. Pero, aún así, seguiremos padeciéndolos mientras sigamos rodeados de toxicidad tan frecuentemente", cuenta Pilar.

Y todos sabemos que hay entornos más tóxicos que otros. Y personas más tóxicas que otras. Por eso Cecilia, coach personal, nos invita a hacer un acto de sinceridad y humildad hacia nosotros mismos y responder a una sencilla pregunta: "¿Para qué mantengo una relación que me destruye? Y es evidente que si perpetuamos una relación tóxica es porque sentimos que nos aporta algo que no podemos aportarnos nosotros. Es una buena oportunidad para trabajar en esa necesidad o dependencia".

Pero también debemos tener en cuenta que muchas veces somos nosotros, con nuestro mal día o actitud negativa, quienes jodemos el ánimo a quienes nos rodean. Y es normal. Como explica Fernández, "todos podemos vivir situaciones que nos superen y vivir emociones desagradables". El truco está, insiste, en ser consciente de ellas, permitirnos vivirlas y saber vomitarlas. "Pero es importante tener personas en nuestra vida que nos ayuden a vomitar y nos comprendan sin identificarse con esas emociones negativas", añade.

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Por otro lado, tratar de contagiar nuestro buen rollo a los demás es, según coinciden ambas expertas, una forma de manipulación. Algo así como "estoy bien, no quiero que lo estropees y en lugar de concentrarme en mí mismo, voy a tratar de arreglarte". Pero, como explica Cecilia, "hay momentos, situaciones y competencias que no son responsabilidad nuestra. Podemos aconsejar, pero lo que otro decida hacer es cosa suya. Y pretender que sea cosa nuestra es manipular y muestra un ego distorsionado por nuestra parte".

Todos tenemos días buenos. Y todos tenemos días malos. Pero si todos aprendiésemos a observar nuestras emociones y las de quienes nos rodean, sin criticarlas ni identificarnos con ellas, nos iría un poquito mejor. Un trabajo individual que nos atañe a todos. Para desintoxicar el ambiente y vivir una vida más agradable.