Así es cómo las emociones refuerzan o destruyen tu salud sin que te des cuenta

Cada uno de nosotros es un complejo tejido de emociones. Ellas nos definen, nos motivan, nos hacen crecer y también sufrir. Cada emoción que sentimos deja huella en nuestro organismo de una u otra forma. ¿O es que nunca te ha pasado que en épocas de ansiedad te ha dolido más la cabeza o incluso has tenido más contracturas? O quizás tras un cabreo has podido sentir cómo tu cuerpo se agotaba considerablemente o incluso, cuando estabas nervioso has tenido más problemas estomacales de lo normal. Descubrir cómo es la relación entre las emociones y nuestro cuerpo nos ayudará a manejarlas para luego influir no solo en nuestra salud emocional sino también física.

El origen de los trastornos psicosomáticos

Científicos de la Universidad de Aalto (Finlandia) desarrollaron un interesante estudio en el que afirmaron que todas las emociones tienen una respuesta somática, determinando además cuáles eran las zonas del cuerpo que se activaban cada vez que se experimentaban. De modo que, a partir de este descubrimiento, ha sido más fácil entender a aquellas enfermedades físicas que tienen su origen en factores psicológicos conocidas como trastornos psicosomáticos.

Para llegar a comprender cómo se producen lo primero es saber cómo se manifiestan las emociones. De tal manera que podemos distinguir tres vías por las que estas se hacen presentes: la vía cognitiva, la fisiológica y la motora, es decir, el conjunto de pensamientos,  sensaciones corporales y conductas que se dan cada vez que experimentamos una emoción. Por ejemplo, algunas manifestaciones cognitivas del enfado son pensamientos del tipo “es increíble, ¡cómo puede hacerme esto” o “seguro que lo hacer para hacerme daño”. Mientras que, a nivel fisiológico, sería el aumento de la frecuencia cardíaca y la respiración. Por último, a nivel conductual, los gritos o movimientos más rápidos de lo normal.

Una vez que nuestra emoción se ha expresado por medio de las diferentes vías queda la parte de cómo esta se manifiesta a nivel interno. Así, dependiendo de su intensidad habrá unas consecuencias u otras, siendo negativas cuando esta activación se mantiene en el tiempo o cuando alcanza niveles demasiado elevados. De modo que nuestro cuerpo, estaría en tensión por encima de nuestras posibilidades, sobrecargando a nuestros órganos y afectando a sus funciones y estructuras. Y así se originarían los trastornos psicosomáticos, los cuales pueden ser cardiovasculares como la hipertensión arterial, dermatológicos como la urticaria y los eccemas, inmunológicos como el dolor crónico, endocrinos como la diabetes, gastrointestinales como el síndrome del colon irritable o respiratorios como el asma bronquial entre otros.

El mensaje emocional del cuerpo

Todo esto nos lleva a pensar que cada señal que nuestro cuerpo emite lleva consigo un profundo mensaje emocional y que la forma en la que percibimos, interpretamos y actuamos en las diferentes situaciones que nos suceden puede ayudarnos o por el contrario, dificultarnos nuestro salud física y emocional. Por lo que, si conseguimos gestionar las emociones negativas de un modo adecuado, nuestro cuerpo no se sobrecargará y tendremos muchas menos posibilidades de desarrollar un trastorno psicosomático. Ahora bien, si por ejemplo nos dejamos llevar por las explosiones de ira continuas o episodios de ansiedad constantes inevitablemente esto dejará de alguna forma una huella en nuestro cuerpo que con el paso del tiempo lamentaremos.

Por ejemplo, si discutimos mucho con nuestra pareja y tras los conflictos seguimos enfadados durante mucho tiempo, dando vueltas a lo ocurrido, a aquello que dijimos y se nos olvidó decir, a lo que quizás hubiera sido mejor no mencionar, etc. permanecemos bastante tiempo en tensión, la cual no se aliviará por mucho que hablemos y nuestro presión arterial irá en aumento, pudiendo desarrollar a la larga una hipertensión arterial o cefaleas intensas. Otro ejemplo puede ser aquella persona que es despreciada continuamente por su jefe y que a raíz de esto se encuentra totalmente frustrada y desmotivada. Así, llegará a casa totalmente abatida, con dolores de cabeza por la tensión y el estrés soportados, sufriendo por las noches de insomnio y acabando por desarrollar un problema de ansiedad, una úlcera por presión, fuertes contracturas o una ligera depresión.

Gestionar nuestras emociones es salud

Como vemos nuestro cuerpo está más unido a nuestras emociones de lo que pensábamos. Ahora bien, esto no quiere decir que únicamente una emoción sea capaz de originar un trastorno o una enfermedad pero sí que pueden desempeñar un papel esencial junto a otras variables como las genéticas o ambientales. Así, si gestionamos nuestras emociones de forma sana y adecuada podremos escuchar los mensajes que nuestro cuerpo nos envía. Pero si nos perdemos en sus intensas y descontroladas expresiones seremos víctimas de sus consecuencias.

La clave está en aprender a identificar lo que nuestras emociones nos transmiten para evitar así que afecten a nuestro cuerpo y en definitiva a nuestra salud global. Porque, en ocasiones, somos más frágiles de lo que pensamos y lo que no podemos hacer es olvidarnos de nosotros mismos. Debemos estar preparados y tener habilidades que nos permitan afrontar las diferentes situaciones que nos iremos encontrando a lo largo de la vida como aprender a poner límites, decir en voz alta lo que queremos o mantener una buena autoestima. No obstante, si en algún momento nos sentimos incapaces de sobrellevar alguna situación que nos produzca sufrimiento lo recomendable es acudir a un especialista.