Cómo elegir entre dos opciones cuando sabes que ambas son malas

Tener que decidir ir por una vía o por otra puede ser una decisión terriblemente complicada, lo será aún más cuando ambos recorridos son malos pero sí o sí hay que escoger uno

Se trata de un dilema que se denomina ‘el dilema de la manta corta’. Es muy fácil de entender y, seguramente, te ha ocurrido en alguna ocasión. A lo largo de nuestro recorrido vital vamos a enfrentarnos a múltiples decisiones, algunas estarán marcadas por dos vías que quizás no sean complicadas, en otras habrá muchas más opciones… Las situaciones pueden ser variadas pero, en esta ocasión, hablamos de ese momento en el que tienes que elegir entre dos caminos y ambos no son de tu agrado. Desde La Mente es Maravillosa lo explican de la siguiente manera: “son encrucijadas vitales en las que todo lo que se abre ante nosotros es complejo y adverso”. Así pues, ¿cómo actuar?, ¿cómo tomar una decisión?

Como siempre, un ejemplo es más valioso para entender a qué nos tendríamos que enfrentar: “visualicémonos a nosotros en una cama en pleno invierno. Hace frío y solo tenemos una manta de pequeñas dimensiones, una manta corta. Ante esta situación solo tenemos dos opciones: taparnos los pies o cubrirnos la cabeza. Elijamos lo que elijamos, el resultado será el mismo: helarnos igualmente”, explican desde la web. Esta situación tiene una consecuencia clara: la frustración o la angustia. Con el ejemplo de la cama se puede entender fácilmente, lo complicado aparece cuando una situación parecida se nos presenta en la vida y no tiene relación con tener que taparnos ante el frío nocturno.

Desde luego, esta premisa encierra una trampa: en la vida no solo suele haber dos únicas opciones, casi siempre hay alguna más. El dilema de la manta corta es “en determinadas ocasiones un tipo de manipulación social”. Esto quiere decir que nuestro entorno y la forma en la que está construido nos obliga a escoger siempre entre dos bandos muy diferenciados y casi siempre contrarios. Pero realmente, si consigues fijarte bien y mirar al detalle, te darás cuenta que seguramente hay otros caminos que no están a simple vista. Cuando nos parece que delante de los ojos solo hay malas decisiones, seguramente sea porque nos encontramos en un momento complejo en el que reina el pesimismo. Nos vemos tan enfocados en el problema y en las emociones que nos genera tal conflicto que somos incapaces de ver y de adquirir otras perspectivas.

A partir de esto ya podemos tomar consciencia y actuar en consecuencia pero, ¿y si seguimos viendo solo dos vías malas? “El dilema de la manta corta refleja a veces realidades muy concretas y también adversas. En esos momentos duros estamos obligados a tomar la opción menos mala pero a la vez la más adecuada para, posteriormente, hacer las paces con nuestra decisión. Esto ocurre, sobre todo, cuando tenemos que tomar decisiones para otras personas, como por ejemplo, para elegir cómo enfrentar la situación de un familiar que necesita asistencia médica constante y nosotrxs, a la vez, tenemos que seguir cumpliendo con nuestras obligaciones y no podemos atenderle cada día. El dilema de la manta corta no es, en realidad, que la manta es muy corta. El problema real es que tenemos frío y hay muchas formas de entrar en calor. Si consigues trasladar esto a tu día a día, seguramente lo verás más claro y te darás cuenta cuáles son las otras opciones posibles.