Así es la dismorfia corporal, el trastorno que hace hace que te veas lleno de defectos que no tienes

Crédito de la imagen: Emily Knecht

Todos tenemos algún complejo con nuestro aspecto físico. Es difícil encontrarse a alguien al que le encante todo de sí mismo. Pero del "me gusta todo de mí" a la dismorfofobia hay una gran distancia, que es relativamente fácil recorrer en este sentido, pero muy difícil en el contrario.

Este trastorno se caracteriza por distorsionar la imagen que uno tiene de sí mismo hasta puntos que son difíciles de imaginar. "La persona es capaz de formar una imagen distorsionada de su figura o de una parte, como la nariz o el culo. Se puede llegar a percibir como un monstruo", explica la psicóloga clínica Rosa Luna.

Sin ánimo de ser alarmista, no es algo de lo que podamos decir que estamos a salvo, porque puede pasarle a cualquiera. “Aunque las personas que están muy seguras de sí mismas es más difícil que desarrollen este tipo de trastornos, porque una alta autoestima es un factor de protección ante cualquier miedo, no hay unas características típicas de personalidad de las personas que sufren dismorfofobia. Le pasa a toda clase de personas”, apunta Luna. Afecta por igual a hombres y a mujeres, porque todos podemos tener una preocupación con nuestro físico. La línea que separa una cosa de la otra es convertir esto en una obsesión que cambie por completo nuestras vidas.

A nivel teórico puede parecer muy complicado desarrollar este tipo de trastorno, que se suele presentar en las personas que sufren desórdenes alimenticios —anorexia, bulimia, vigorexia—, pero con un ejemplo puede que te quede más claro. En un momento determinado te empieza a preocupar el tamaño de tu trasero. En cada espejo por el que pasas, en lo único que te fijas es en tu culo y, ¿cómo no? Si es lo único que se ve y eso que es la parte de detrás de tu cuerpo. Los pantalones vaqueros te hacen el culo gordo, las faldas respingón, la ropa de tu talla te da la impresión de resaltar tu trasero hasta parecerte que llevas un flotador…

Empiezas a cambiar tu estilo de vestir, te compras ropa dos, tres o cuatro tallas más grandes de la que necesitas. No dejas de hacer dietas con las que crees que vas perder la grasa que se acumula, precisamente, en esa única parte de tu cuerpo. Todo el mundo se fija en tu culo, pero no para bien, sino para hacer comentarios velados sobre su gran tamaño, porque directamente nadie te lo dice, y si te dicen algo es lo contrario y, por supuesto, están mintiendo. Te sientes incómoda en compañía de otras personas, porque solo te miran el trasero en cuanto pueden, pero ¿cómo no hacerlo? Tú también lo harías con esas dimensiones. En conclusión, te aíslas… Por supuesto, nada de esto es real, pero sí que está en tu mente, y has sido capaz de crear esa realidad.

"Comienza como una preocupación que da el salto a un pensamiento obsesivo, y termina generando niveles de ansiedad muy elevados", indica Rosa Luna. Es tal esta ansiedad que "el cuerpo produce un cambio químico para que veas la imagen distorsionada", continua. Y, como consecuencias, modificas tu conducta, tu comportamiento y tus actitudes para adaptarlos a esa nueva realidad.

No existe un patrón de personas que sufren dismorfofobia, y suele aparecer ante un "estímulo suficiente", como una operación quirúrgica, un accidente de tráfico o el simple hecho de tener una cicatriz en el tu cuerpo. Por lo tanto, cualquier persona puede desarrollar una preocupación que se convierte en una obsesión. Y no se lo pueden sacar de la cabeza, por lo que deciden cortar por lo sano. ¿Cómo? En el quirófano. Por supuesto, no sirve para nada, ya que la obsesión no se ha creado por una realidad, si no por el miedo a que se materialice.

Aunque estos comportamientos son los mínimos, ya que los cirujanos plásticos pueden detectar el problema y recomendar terapia antes que la operación, el aislamiento sí que es una de las características comunes de las personas que sufren dismorfofobia. Y es que al igual que cualquier trastorno asociado a la ansiedad, "genera sentimientos de hostilidad hacia tu entorno", explica el psicólogo Gabriel Pozuelos.

Las personas de alrededor son las primeras que perciben que existe un problema y las primeras que pueden ayudar a tomar conciencia de que algo no va bien —quien lo sufre es el último en reconocerlo—. Sin embargo, como niegan una realidad que para ellos es incuestionable —su culo tiene el tamaño de un campo de fútbol, y de los grandes— y dicen todo lo contrario, no quieren estar con ellos. "Es muy difícil tratar estos trastornos. Se necesitan terapias de choque", indica Rosa Luna.

A pesar de las buenas intenciones de la familia y los amigos de las personas que sufren dismorfofobia, la mejor forma de ayudar no es contradecirles, sino empatizar con los sentimientos de sufrimiento —el trastorno va asociado a tristeza e incluso depresión—que se generan en este tipo de trastornos. "Frases como 'me duele verte así', 'estoy sufriendo viéndote tan triste' ayudan más, porque la persona siente que puede apoyarse en su entorno", apunta la psicóloga.

Aun así, es muy difícil salir de esta situación, que además es cultural. Cuanto más culto al cuerpo exista en la sociedad, más posibilidades hay de que las personas, sobre todo en la adolescencia, desarrollen este tipo de trastorno. Es difícil de prevenir, pero fomentar la confianza en uno mismo, que minimice los miedos —sin olvidar que es un mecanismo de supervivencia clave—, es un buen punto de partida para que no se desarrolle.