La dieta sátvica es la filosofía alimentaria que podría traer la paz mental a tu vida

Los alimentos sátvicos son aquellos que aportan serenidad, lucidez y estabilidad emocional a nuestros cuerpos y mentes

Como descubrimos en el artículo sobre el hambre emocional, las diferentes emociones que sentimos nos reclaman meternos en el cuerpo diferentes clases de alimentos. Son capaces de dictar nuestra dieta. Sin embargo, y según la sabiduría yóguica, esta conexión funciona también en la otra dirección: los alimentos que comemos condicionan nuestro estado anímico hasta convertirnos en versiones distintas de nosotros mismos. Así lo recogen textos hindús antiquísimos como el Hatha Yoga Pradipika o el Baghabad Ghita, que separan los alimentos en sátvicos, rajásicos y tamásicos según los efectos que tienen sobre nuestra mente.

Somos lo que comemos

Según esta filosofía alimentaria, base de la dieta yóguica, los alimentos sátvicos son aquellos que nutren nuestra mente de serenidad, lucidez, concentración y, en líneas generales, de equilibrio anímico. Entran aquí las frutas maduras, las verduras, las hortalizas, las legumbres, los frutos secos, los cereales, el aceite de oliva, las semillas e incluso los productos lácteos frescos consumidos con moderación. Como dice la terapeuta en nutrición holística colaboradora del Yoga Center Madrid, Inés de Bragança, "son los mismos alimentos consumidos en gran cantidad en una alimentación mediterránea o 'plant-based' equilibrada".

No obstante, a veces necesitamos una dosis de agitación enérgica para hacer frente a las exigencias del mundo real. Y podemos obtenerla, según la sabiduría ayurveda, de los alimentos rajásicos, que excitan el sistema nervioso. "Estos alimentos pueden dividirse en dos. Por un lado, tenemos el café y el té, que si bien pueden reducir la claridad mental, consumidos con moderación no hacen daño. Por otro tenemos el azúcar, el pan blanco o la sal, que impactan de manera negativa en nuestra salud física y mental", cuenta Inés. Entorpecen el crecimiento interior y promueven ansiedad y vaivén anímico cuando se abusa de ellos.

Por último encontramos los alimentos tamásicos. Para la filosofía yogui estos poductos nos condenan a la pereza, la irritación e incluso la depresión. No deberíamos consumirlos porque generan una pérdida del sentido vital, además de inducir "un estado mental débil", según la terapeuta. Entran en esta categoría maldita los fritos, las carnes de animales muertos hace días, las frutas demasiado maduras o verdes, los quesos curados, las conservas y las bebidas alcohólicas, aunque Inés reconoce que "una copa diaria de vino rojo aporta antioxidantes y polifenoles beneficiosos". Estos tamásicos generan toxinas que nos hacen infelices.

¿Somos lo que comemos?

Pero las premisas psicoalimentarias sobre las que se sustenta la dieta sátvica provienen de manuales escritos varios siglos atrás. ¿Tienen sentido para la ciencia actual? "Cada vez hay más estudios que demuestran la conexión entre sistema nervioso y sistema digestivo. En función de qué tipo de alimentos comemos nuestro organismo segrega distintos neurotransmirores", cuenta Montse Canyete, coach nutricional y divulgadora de salud alimentaria. Inés coincide: "Las bacterias de nuestros intestinos son responsables de producir serotonina, la hormona de la felicidad. Y necesitan comida ‘real’ para funcionar de manera eficiente".

"En efecto, la serotonina, junto con la dopamina, son dos de los neurotransmirores cerebrales más importantes. Regulan nuestros estados de placer, satisfacción, gratificación y bienestar. Y hay alimentos que provocan que nuestro organismo los segregue con mayor intensidad", reafirma Montse. Estos alimentos son, para la filosofía yóguica, los sátvicos. Aunque Inés, experta en nutrición holística, aporta otra razón para sus beneficios sobre nuestra salud mental: "La comida sátvica ofrece un nivel de energía constante, sin picos de insulina, lo que significa que eres capaz de pensar de forma más rápida y clara".

Somos cómo comemos

Pero la dieta sátvica no limita sus recomendaciones a la elección de los alimentos. También presta atención al modo en qué comemos. En concreto, y según Inés, "es importante comer de una manera consciente y presente, no estando involucrados en otras actividades o conversaciones ajenas a esa comida, ya que la manera en que ingerimos los alimentos influye en nuestro proceso digestivo y estado de ánimo". En otras palabras: "Es necesario comer despacio y estar mentalmente involucrado en la comida", dice la terapeuta nutricional. La paz mental comienza en cada bocado.

Del mismo modo, los yoguis recomiendan no saciarse nunca porque comer en exceso transforma los alimentos sátvicos en alimentos tamásicos. La regla es sencilla: llenar la mitad del estómago de comida, una cuarta parte de agua y dejar libre el cuarto restante. "Ocurre que la vorágine mental en que vivimos nos lleva a no prestar atención siquiera a cuándo nuestro cuerpo está dando señales de no tener más hambre. Esto desemboca en digestiones más pesadas que nos hacen sentir cansancio y nos restan claridad mental, porque nuestra energía está concentrada en esa tarea". En definitiva, quizá vaya siendo hora de empezar a comer con corazón.