Dejar Todo Lo Que Tienes Para Descubrir Todo Lo Que No Tienes

Estudiar, aprobar el instituto, la selectividad, la universidad, un máster y conseguir un buen trabajo. Esta es la historia de alguien que ha hecho todo lo que supuestamente es "lo correcto".

Pongamos por ejemplo que ese alguien lo conocemos, que es esa persona que siempre sacaba buenas notas, que tenía las ideas claras y del que se dice "llegará lejos". Pongamos que tú eres esa persona, que tienes todo lo que deseas, un trabajo muy bien remunerado, amigos que sumas más que con los dedos de tus manos, el coche de tus sueños, la casa que te construías (con trucos) en el Sims, una pareja envidiable, unos padres cariñosos, etc.

Eres ese alguien que consigue todo lo que se propone, que se toma la vida con seriedad y normalmente recoge la buena cosecha que siembra. Eres esa persona que no tiene límites, que si hay que hacer algo se sigue, se persigue y se consigue. En definitiva, que lo sabes y lo tienes todo.

¿Todo? Pongamos que por un momento cumples todas las ambiciones de esa persona, que ya no te quedan sueños por cumplir, ni amigos por conocer, ni más dinero que ganar. Tienes absolutamente todo lo que soñabas, y te queda toda una vida por delante.

Hay gente que se pueda sentir satisfecha en bastarse con lo material, gente llena de títulos pero vacía de sentimientos, gente capaz de sentirse como el Indomable Will Hunting pero impotente para utilizar la palabra empatía. Como comentaba Deepak Chopra "es probable que la mente logre hacernos inteligentes, pero está mal equipada para darnos la felicidad, la realización y la paz".

Seguramente no seas tú, aunque quizás hay alguien que sí sea esa persona que, aun teniendo tanto, un día se despierta y dice se acabó. Se acabó todo lo que tiene: el trabajo soñado, la novia perfecta, los amigos de la zona de comfort, el coche, la casa y la buena vida.

Tiene demasiadas cosas en un círculo muy reducido, tantas distracciones que no le permiten disfrutar de lo que tiene allá fuera: el mundo, las diferentes culturas, un amanecer en la playa, cruzar un desierto con la incerteza de cuánta agua te queda o el sentimiento de miniatura ante un elefante en libertad.

"No es más rico quien más tiene sino quien menos necesita".  Hay gente que se conforma con menos y vive más feliz y hay gente, que, en definitiva, necesita conocer mundo para poder conocerse a sí misma.

Es ese tipo de gente que no se siente de ninguna parte, que no echa de menos su tierra porque la está pisando en todo momento, que ama a todas las personas, se emociona con la poesía y disfruta tanto con las pinturas rupestres como las vanguardistas.

Es esa persona que pensaba que lo sabía y lo tenía todo y, sin embargo, no había comprendido en su propia piel qué fue lo que llevó a los egipcios a construir las pirámides, o por qué adoraban al sol, como lo hacían los mayas, los incas y los aztecas.

Pudo por fin describir lo mismo que Marco Polo al ver los canales de Suzhou, sufrir el frío y el calor en el desierto de Gobi, compartir experiencias con los tibetanos en el Himalaya y descubrir tribus aborígenes semidesconocidas en el centro de Australia.

Viajó sin cesar, conociendo al mundo, a su mundo, el tuyo y el mío. Compartió risas con tribus hindús, filosofó con otras musulmanes y bailó con los himba en el sur de Africa. Conoció tantas culturas que no sabría con cuál quedarse.

Y entre todas ellas, se conoció a si mismo. Descubrió que la vida está hecha para disfrutarla, contigo y con los demás, que el sol nos da vida y nos permite contemplar el exterior. Aprendió que perder el tiempo es lo peor que puedes hacer, que los caminos tienden a convergir y que el arte mueve montañas.

En su interior, descubrió que la palabra lunes ya no da pereza, que un deseo material no sacia la felicidad, que el mejor plato puede servirse sin plato y que cualquier día puede ser el adecuado para vivir tu momento. En resumen, se dio cuenta de lo poco útil que le era todo lo que sabía.

Olvidó todos los números y artículos que había estudiado, aprendió nuevos idiomas y nuevas maneras de pescar, cocinar y bailar... Y lo aprendió todo a la vez, sin asignaturas, ni cursos, ni exámenes. Lo aprendió todo enfrentándose a la naturaleza, a la fauna y a la vida.

Os podría decir que esta persona volvió a su país, que montó una agencia de viajes o escribió un libro y decidió compartir con los demás su experiencia. Actuando así, se habría convertido en un viajero atrevido pero con limitaciones, ese rara avis de tu grupo que desea conocer mundo para volver a su guarida y explicártelo.

También os podría contar que le sigo en Instagram y leo su blog, que hacemos Skype una vez al mes y me envía postales periódicamente con lo que está conociendo. Os podría decir que vendrá por Navidades y que en su currículum lo venderá como una experiencia personal incomparable, como la persona que estudió en la Universidad del Mundo para volver a encerrarse en su mundillo.

Pero no fue así, la persona que dejó todo lo que tenía para descubrir todo lo que no tenía sigue viajando por su mundo, su casa, engrandeciendo sus conocimientos, alargando sus pasos y abriendo su corazón. No quiere volver a tener lo de antes, porque ahora quizás no tiene nada, pero lo siente todo. Está en paz con la vida, con él mismo y con el mundo entero. Y lo que le queda.

Si te cruzas con él, no lo retengas, comparte todo lo que sabes y aprende de todo lo que tiene.

Crédito de la foto: www.mirutadelaseda.com