Descubre El Lado Positivo De Morderte Las Uñas

Intenta recordar cuántas caras de asco has visto en tu vida, cuántas veces te han llamado la atención o incluso te han humillado con la intención de que dejes de morderte las uñas. Puede que lo estés haciendo ahora mismo, intentando arrancarte ese vestigio de uña que todavía te queda, o a lo mejor eres de los que te muerdes las pieles de los dedos y solo paras cuando te haces sangre. Si estás leyendo esto significa que ya no eres un niño. La onicofagia (que es el nombre científico que se le da a tu hábito) afecta al 45% de los niños y se mantiene después en el 10% de los adultos. Así que, lo más probable es que seas de los segundos y que lleves mucho tiempo intentando lidiar con este 'tema'.

Sí, hemos elegido deliberadamente la palabra 'tema' en lugar de 'problema', porque tal vez no lo sea. ¿Qué tal si en lugar de torturarte intentando dejar de morderte las uñas lo consideraras como una señal que te está dando tu cuerpo para advertirte de que hay algo mayor que tienes que resolver?

A estas alturas te habrán dicho un millón de veces lo malo que es, tanto para tus manos, como para tus dientes. Te habrán hablado de los microorganismos y las infecciones que puedes tener. Habrás lidiado, como decíamos antes, con caras de desprecio y métodos agresivos de la gente de tu alrededor para que dejes de hacerlo. Habrás sentido la vergüenza de intentar esconder unas manos 'auto-mutiladas'. Como consiguiente puede también que hayas intentado formas y formas de métodos disuasorios. Pintarte las uñas con productos vomitivos, vendarte los dedos, autocontrolarte... y nada ha tenido efecto por lo que tu frustración y culpabilidad habrán aumentado más todavía.

Así que lo primero que deberías hacer es parar. Dejar de torturarte. No tiene sentido. El hábito de morderse las uñas no es el problema en sí, es solo un síntoma, una vía de escape que tiene tu cuerpo para compensar desajustes psicológicos.

Los expertos definen la onicofagia como un acto involuntario, reflejo de una situación de estrés o de ansiedad que puede esconder traumas, baja autoestima, sentimientos de culpabilidad, necesidad de autocastigarse, e incluso malos tratos. La Asociación Americana de Psiquiatría llega más allá, clasificándolo como un trastorno obsesivo-compulsivo. Aunque eso es en casos extremos.

Pero el objetivo de evocar todos estos nombres que parecen tan serios y graves no es que te automachaques y te hundas todavía más en tu pozo, sino todo lo contrario. Que veas que tu cuerpo te está haciendo el favor te ha estado intentando mandar un mensaje y que, ahora que la has sabido descifrar, te puedes poner a trabajar en resolver lo que está en el origen de este hábito que tanto te está torturando. 

Puede que necesites la ayuda de un profesional que te acompañe en este camino, o que tú solo encuentres una técnica de autoconocimiento con la que consigas poner las cosas en su sitio. Una vez resuelto (o aliviado) el origen, podrás volver a fijarte en tus uñas y utilizar esas técnicas que antes no te habían funcionado. Al ser un acto que el cerebro ya ha interiorizado puede que necesites volver a apelar a ese odioso pintauñas o a vendarte los dedos, pero sabiendo que esta vez tienes muchas más posibilidades de que tenga efecto.

Lo que debes tener en cuenta es que tu cuerpo es muy paciente y que probablemente mantendrá este hábito hasta que a ti te de la gana tomar medidas. Pero mientras no lo hagas, ahí seguirá, apaciblemente, llevándote las manos a la boca constantemente, en los momentos menos indicados y haciéndote arrancar lo que pille en cada uno de tus dedos, exactamente como hasta ahora. Así que, ya sabes, está en tus manos.