No dejes que las expectativas de tus padres marquen tu vida

La visión vital que tus padres proyectan en ti puede condicionar tanto tu toma de decisiones como tu autoestima

No quieres decepcionarlos. Quieres que estén orgullosos de ti. Por eso, y aunque reconozcas la necesidad de fabricar tu propio camino en la vida, sigues mirando de reojo hacia tus padres. De manera consciente o inconsciente, siguen pesando muchísimo en las decisiones que tomas. La sombra de aquel niño que buscaba su amor te acompaña. Como si fuesen todavía los jueces de tu vida. Como si estuvieras aquí para encajar en el molde perfecto que siempre soñaron. Como si salirte del guión que planearon fuese el final de los tiempos.

Tus padres son tus ídolos interiores

En mayor o menor medida, todos vivimos atados a esas viejas cadenas de la infancia. Gerardo Castaño, psicológo humanista, cuenta que "ya desde niños bebemos de las expectativas de nuestros padres y entendemos cómo funciona el sistema por el cual se sienten más o menos orgullosos de nosotros". Esto lo interiorizamos y cargamos en nuestra edad adulta: "Se convierten en nuestros ídolos internos e inconscientes, y nada nos llena más ni gratifica más que experimentar el reconocimiento de nuestros ídolos".

Pero no siempre es sencillo darse cuenta de que estás siendo condicionado por la visión vital de tus padres. A veces oyes su voz en tu cabeza cuando vas a tomar una decisión: "tienes que terminar la carrera", "tienes que centrarte" o "tienes que echarte novio/a y sentar la cabeza". Pero muchas otras veces funciona de forma imperceptible, es más, lo tienes cristalizado en el alma. Su aprobación o desaprobación, como dice Gerardo Castaño, "afecta entonces de forma troncal a tu toma de decisiones". Aunque no quieras asumirlo, no estás eligiendo con libertad.

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Así mismo, también afecta al modo en que digieres las cosas que te van pasando en la vida. Como dice este experto en psicodinamismo, el juicio de nuestros padres "distorsiona la visión que tenemos de la realidad y nos lleva a evaluar como negativas determinadas experiencias que tal vez fueron positivas". O dicho de otro modo: nos cuesta disfrutar algunas situaciones porque sabemos o intuimos que nuestros padres no las aprueban. Esto nos lleva a ser menos experimentadores y, en algunos casos, a sentirnos fracasados.

Porque sí, estas expectativas parentales también pueden joder y mucho tu autoestima. Así me lo cuenta Gerardo: "Si nuestros padres nos han sobrehalagado de niños por cualquier cosa y fuera de lugar tenderemos a depreciar el cariño y pensar que los cumplidos no son reales. Por el contrario, si no hemos recibido felicitaciones y amor de niño en ningún caso estaremos en una constante persecución de un afecto fantasma mediante otras vías que realmente no nos van a reportar nada sustancial".

Descubre tus verdaderos intereses

Según Gerardo, la intensidad de este condicionamiento tóxico va decreciendo conforme vamos chocando contra las insatisfacciones de nuestra vida. "Descubrimos que las metas vitales de nuestros padres no se corresponden con lo que nosotros realmente queremos conseguir. Que hay cosas por las que no sentimos pasión y cosas que no disfrutamos hacer. Y que todo eso no es algo malo", reflexiona el experto. Aunque no todo el mundo experimenta esta influencia de forma negativa ni, por desgracia, todos los que sí lo hacen logran solucionarlo por sí mismos.

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"Si es una presión parental de poca envergadura, es probable que no se entrometa mucho en tu vida y puedas convivir con ello. Si es algo intermedio, aconsejo el diálogo siempre que haya posibilidad de respuesta productiva por su parte. Y si se trata de algo de mayor envergadura y que drena más energía de la recomendada, recomiendo la terapia. En concreto, la Terapia Focalizada en la Emoción, que por mi experiencia en consulta puedo atestiguar que aporta grandes éxitos terapéuticos en este tema", explica Gerardo.

Tu felicidad depende solo de ti

Esto es importante porque esta presión es, en definitiva, un obstáculo para tu felicidad, por mucho que pueda conducirte al éxito. "Queda muy bien decir que has estado yendo a piano e inglés desde los cinco años, que te has sacado un doble grado y que no has dejado de ascender en tu empresa, pero rara vez todo eso viene de la mano de una total armonía con uno mismo", dice Gerardo a este respecto. Para alcanzar esa armonía tienes que descubrir qué deseas realmente en la vida.

No tus padres. No nadie más. Tú. Solo tú. Y dedicarte a ello en cuerpo y alma.