Por qué deberías celebrar más tus pequeñas victorias

Celebrar tus pequeñas victorias puede marcar la diferencia entre una rutina robótica y una rutina gratificante

La rutina tiene su encanto. Especialmente cuando hemos decidido nosotrxs mismxs los ingredientes que hay en ella. Pero incluso la rutina más estimulante puede convertirse en un programa diario robótico cuando no celebramos las pequeñas victorias. Esta es una teoría del psiquiatra Benjamin Cheyette y la neuróloga Sarah Cheyette, quienes, en un artículo para Psychology Today, establecen que la única manera de disfrutar de las tareas cotidianas de manera saludable, sin caer en la inercia, es valorando debidamente el esfuerzo que has puesto en ellas. Recompensarte. A fin de cuentas, las grandes victorias llegan muy de vez en cuando.

Así, la probabilidad de que mañana saques una matrícula en la universidad, de que recibas un ascenso en tu curro o de que la persona de la que estás enamorando se acerque a ti para decirte que te desea como nadie son bastante escasas. Y eso no significa que no vaya a ocurrir: puede ocurrir, pero matemáticamente hablando lo más normal es que mañana sea otro rutinario día más sin grandes hazañas. De ahí la necesidad de centrar la alegría en las pequeñas cosas del día a día. Y no solo por las consecuencias externas de realizarlas bien, sino sobre todo por "el sentimiento positivo que obtienes cuando tienes éxito". Es una cuestión interna.

Una fundamental a la hora de dar pequeños pasos hacia victorias más grandilocuentes. En palabras de estos dos especialistas, "un ingrediente es establecer intencionalmente metas más pequeñas y alcanzables y celebrar cuando logra cada una", puesto que "esta es la forma de desarrollar gradualmente la autoestima y la esperanza". Si en lugar de felicitarnos, adoptamos una postura automática, pasando de una tarea a otra sin reflexión, estaremos perdiendo un valioso impulso emocional. Y ese impulso, cada hora, cada día, cada semana, cada mes, cada año, marca la diferencia en la imagen general de tu vida.

Pero tampoco tienes que volverte locx celebrando. No es un asunto cuantitativo, sino cualitativo: "reconocerte a ti mismx lo conseguido y tomarte un momento para registrar cómo te sientes al respecto es todo lo que necesitas verdaderamente", explica el matrimonio Chayette. En este sentido, conviene no confundir celebración con recompensa. No se trata de tumbarte cada media hora para recompensar el trabajo, sino de alegrarte y valorar tu propia dedicación. En última instancia, la relación con nosotrxs mismxs es la más determinante de nuestras vidas. Y podemos ser un jefe implacable o un jefe motivador.

¿Pero por qué necesitamos entrenar conscientemente esta actitud? ¿Tendemos a maltratarnos? El motivo es, según estxs dos expertxs, la configuración de nuestro cerebro. En concreto, "nuestros cerebros están construidos con un sesgo de negatividad y recordamos los problemas y los fracasos con más facilidad que los positivos y los éxitos". Esto provoca que años y años de inercia cotidiana nos lleven a un estado de apatía, sensación de fracaso e incluso automenosprecio. Debes activar el modo minicelebración para cuidar de ti. Poco a poco, y sin que apenas te des cuenta, tu rutina será mucho más gratificante.