¿Cómo es y cómo se debe tratar a un sociópata ?

Es probable que en alguna ocasión te hayas planteado cómo reaccionarías en el caso de que te tropezaras con alguna situación potencialmente peligrosa en la que hubiese de por medio alguna persona con un trastorno antisocial de la personalidad (TPA) o lo que suele conocerse como un sociópata. Porque claro, un gran porcentaje de series norteamericanas, desde Mentes criminales a Elementary, se encargan de hacerte reflexionar constantemente sobre esa posibilidad.

Pero, ¿estás seguro de que todas esas series están retratando verazmente a los sociópatas? ¿no puede ser que hayan exagerado, aunque sea un poquito, para darle intensidad al suspense? Para despejar toda duda y toda leyenda, vamos a entrar de la mano de un psiquiatra en la cabeza de un sociópata.


El perfil de un sociópata

Para empezar, el doctor Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría explica que “en términos médicos, la sociopatía no existe”. Se trata de un concepto que se usa coloquialmente y “que evoca a la categoría de trastorno de personalidad antisocial”, afirma. Lo recoge así la Clasificación Internacional de Enfermedades, una publicación liderada por la Organización Mundial de la Salud que se encarga de reunir, clasificar, describir y diferenciar las enfermedades médicas.

Por tanto, lo primero a tener en cuenta es que la sociopatía y TPA hacen referencia a lo mismo aunque en diferentes registros idiomáticos y con significados más o menos amplios. Según la psicóloga general sanitaria Alba Aguilar, “la conducta antisocial engloba todos aquellos comportamientos que puedan constituir un peligro para la sociedad o en los que se infrinjan las normas básicas de convivencia social”.

Y por si te hacías la pregunta, sí, “la violencia se manifiesta en estas personas frecuentemente”, advierte el doctor Bobes. Pero todo depende del sistema que las rodee y de su tolerancia hacia sus comportamientos. En palabras del psiquiatra, “la familia muchas veces no tiene más remedio que aceptar que esa persona es así”, cosa que no ocurre en el exterior, donde “suelen crear conflictos continuamente” y donde también la tolerancia es menor, obviamente, al adscribirse a normas sociales que son más rígidas que las familiares.

El perfil de los que sufren este trastorno se caracteriza por el “incumplimiento reiterado de las normas sociales”, cuenta Aguilar. Y no solo no las cumplen, sino que “las desprecian”, añade, Bobes. Además son personas a las que no les preocupan “los sentimientos de los demás; no tienen en cuenta si los otros sufren”, aclara el doctor. El sentimiento de culpabilidad tampoco es algo que las caracterice, porque como explica Alba Aguilar, “son personas que no temen vulnerar los derechos de los demás, por lo que suelen verse implicados en procesos judiciales”.

Esa ausencia de remordimientos es lo que hace precisamente que estos comportamientos no sean fáciles de modificar por parte de los especialistas. Julio Bobes asegura que “ellos consideran que lo que hacen es lo que hay que hacer”, es decir, proyectan la culpa en causas externas a ellos mismos y no consideran que sus conductas sean las inadecuadas, sino que lo son las de los otros.

Los que padecen el trastorno antisocial de la personalidad suelen “tener baja tolerancia a la frustración, así que tratan de conseguir lo que quieren como sea”, comenta Bobes. A esto se le suma, como explica el especialista, un “bajo control de la impulsividad”, de ahí que presenten actitudes agresivas con frecuencia. Precisamente por eso, y al contrario de lo que se podría pensar por lo que nos cuentan los relatos que recoge el cine o la televisión, “los sociópatas no son grandes planificadores”, argumenta la psicóloga. Son personas que se dejan llevar con facilidad, así que es complicado que lleguen a meditar sus acciones.

Es por eso que las alteraciones más importantes que sufren, desde el punto de vista psiquiátrico, son las que están relacionadas con la esfera cognitiva. “La cognición es la capacidad de percibirse a uno mismo y a los otros en el entorno”, aclara el doctor Bobes. Esto les acarrea problemas para interpretar el significado de las cosas, lo que les lleva a tener una imagen de sí mismos muy errónea.


El ejemplo de la masacre de Columbine

Uno de los casos más mediáticos que ha tenido a una persona ‘sociópata’ como protagonista fue la Masacre de Columbine, perpetrada en la escuela secundaria de Columbine, en el estado de Colorado (Estados Unidos). De aquel episodio, del que resultaron 13 muertos y 24 heridos, han pasado ya 18 años. Los asaltantes fueron dos jóvenes, Dylan Klebold de 17 años y Eric Harris de 18, que se suicidaron tras los tiroteos.

Según los vídeos que grabaron antes de la matanza y los diarios que se encontraron de ambos, habían invertido cerca de un año en la planificación: habían hecho planos del instituto, habían decidido dónde colocarían los explosivos y el tiempo que les llevaría hacerlo. También se dedicaron a confeccionar un arsenal, para el que fabricaron bombas caseras y adquirieron armas.

El día que finalmente eligieron para llevar a cabo el plan fue el 20 de abril de 1999. Entraron en el centro con las bombas caseras que colocaron en la cafetería y en sus coches. Para la ocasión, Harris llevaba una camiseta en la que podía leerse “Natural Selection” y Dylan otra con la palabra “Ira”. Además, se equiparon con una carabina, una pistola automática y con dos escopetas con la intención de disparar a los sobrevivientes de las explosiones. Esperaron, pero estas no se produjeron. Así que entraron en el edificio donde provocaron dos tiroteos, uno en la cafetería y otro en la biblioteca, donde se produjeron la mayoría de las víctimas.

Sobre las causas de la masacre, los investigadores del FBI determinaron que ambos autores sufrían un desorden mental grave. Tras estudiar los diarios personales y los vídeos que dejaron, precisaron que Harris padecía una clara tendencia sociopática, un trastorno que le imposibilitaba sentir culpa alguna por sus actos además de profesar un odio generalizado hacia la sociedad. Sobre Klebold concluyeron que estaba inmerso en una profunda depresión y que poseía tendencias suicidas.

La Masacre de Columbine ha sido llevada al cine en varias ocasiones mediante documentales y películas en las que se hacía hincapié en el perfil sociopático de sus protagonistas. Una de las más reconocidas es Elephant, dirigida por Gus Van Sant y ganadora la Palma de Oro otorgada por el Festival de Cannes.


Diferencias entre un psicópata y un sociópata

“A la sociopatía y a la psicopatía nosotros las encuadramos en el trastorno antisocial de la personalidad”, explica el doctor Julio Bobes. Así que pueden parecer cosas diferentes, pero no es así: “clínicamente es solo una”, concluye. Bobes advierte de que la diferenciación entre los términos proviene de los códigos penales antiguos, donde servían para determinar si existía una causa eximente o no del delito.

Así que el concepto de ‘sociopatía’ hace referencia a una figura delictiva y no a una que se incluya en el capítulo de trastornos mentales y de comportamientos de la Clasificación Internacional de Enfermedades.

Por otro lado, Alba Aguilar puntúa que “algunas corrientes en psicología apuntan que, mientras la psicopatía es innata y está presente desde el nacimiento, la sociopatía se construye a través del aprendizaje”. Sobre el origen del trastorno, Bobes asegura que “no se sabe con toda seguridad, pero se conoce que hay factores genéticos que predeterminan estos comportamientos, y que muchas veces lo han padecido los padres” pero que también “hay una parte ambiental o del entorno que lo matiza”.

La psicóloga también añade otra diferencia: “los psicópatas tienden a ser mejor planificadores, mientras que el comportamiento sociópata es más errático e impulsivo”.


Cómo tratar a un sociópata

Llegados a este punto, debes estar tranquilo porque encontrarse a una persona que padezca este tipo de trastorno no es muy frecuente. Además no es algo que pueda aparecer de la noche a la mañana; deben ser comportamientos que comienzan a observarse durante la adolescencia, aunque como asegura el doctor Julio Bobes, “el diagnóstico definitivo no puede hacerse hasta que cumpla los 18 años”.

Es en ese momento cuando la personalidad termina de formarse y se considera que la persona ha alcanzado la madurez. Así que, si los comportamientos disruptivos y las conductas tendentes a la transgresión social no disminuyen tras la adolescencia sino que incluso se acentúan, existiría un problema que requeriría de consulta médica.

Por desgracia, Bobes afirma que “en nuestro país hay muy pocos sitios que tengan unidades orientadas específicamente a este tipo de trastornos de la personalidad y generalmente la mayor parte de ellos terminan en las prisiones como consecuencia de sus comportamientos delictivos”. Y ni siquiera ahí reciben tratamiento, en primer lugar porque “si se lo llegaron a ofrecer, puede que lo rechazaran porque no son conscientes de estar enfermos”, cuenta.

En segundo lugar, los tratamientos no siempre son efectivos, porque “no son trastornos que sean fácilmente tratables ni con psicoterapia, ni con psicofármacos, ni con la combinación de ambos, que es lo que se suele hacer”. Y en tercer lugar, los centros penitenciarios no suelen tener la capacidad para tratar a este tipo de pacientes “porque no suelen tener especialistas en psiquiatría”, concluye el doctor. En cualquier caso, Julio Bobes aconseja que el entorno familiar permanezca atento a los comportamientos que transgredan las normas cívicas y sociales, sobre todo si continúan tras el crecimiento.

Sin embargo, las probabilidades de que alguna vez llegues a cruzarte con una persona que sufra este trastorno son bajas. Si aún así percibes alguna conducta alarmante, Alba Aguilar recomienda que “lo primero que debemos hacer es intentar establecer una vía de comunicación con ella, aconsejarles un especialista o hablar con sus familiares más cercanos”. Aunque esperamos que no llegues a encontrarte en una situación de ese tipo.