Por Qué Nos Hacemos Daño Cuando Intentamos Apagar Las Emociones

Nos dicen que es bueno ser positivos y seguir adelante en la vida, y a veces nos vamos al extremo de contener la tristeza, callar un enfado o ignorar nuestras emociones no cerradas por un ex. Desde pequeños nos decían: "sé fuerte", "no llores, que es de chicas" o "sonríe que estás más guapa". Esas frases parecen triviales, pero son muy negativas a largo plazo, porque muchos de nosotros hemos cogido el mal hábito de reprimir lo que sentimos, y a veces hasta ignorarlo. De pronto, el día menos pensado, estallamos y a veces ni siquiera sabemos por qué.

Nos equivocamos si reprimimos lo que sentimos, porque a largo plazo nos puede hacer daño a la salud, y nos puede explotar en la cara. Las emociones, al igual que el hambre o el sueño, se pueden gestionar y aprender a manejar, pero no deberíamos controlarlas de manera rígida, conteniendo y negando lo que sentimos.

Entender las emociones

Hay algunas personas que ni siquiera entienden bien lo que es una emoción, porque se han acostumbrado a confundirlas con sensaciones físicas o pensamientos racionales. El primer paso para poder liberar las emociones es comprender qué son.

Ante un hecho, podemos sentir algo físico, como atracción o rechazo; y algo emocional, como tristeza o alegría. También podemos pensar mil ideas y darle mil vueltas a lo que nos pase. No es lo mismo sentirse triste porque ha sucedido algo que estar triste porque hemos pensado en algo, como un recuerdo o algún miedo.

Las emociones no son ni malas ni buenas

Según los psicólogos, las emociones se dividen en agradables y desagradables. Es desagradable estar triste o enfadados, pero solo si nos permitimos sentir esas emociones, podremos también vivir la alegría con toda la intensidad.

Norberto Levy, médico y psicoterapeuta argentino, explica que es un error controlar las emociones:

“Al sentir una emoción que nos disgusta, como el miedo o enfado, queremos controlarla para que desaparezca.  Pero así sólo se intensifica. El camino es ayudarla a madurar”.

Para poder procesar y madurar una emoción es necesario aceptarla, sin juzgar. Nadie hace algo malo por sentirse triste o con rabia, otra cosa distinta es lo que hacemos con esa emoción, pero podremos ser más libres en lo que haremos si primero hemos aceptado lo que sentimos sin miedo.

También necesitamos expresar la alegría y el amor

La sociedad también penaliza la alegría exagerada algunas veces, o las manifestaciones de cariño. En el mundo laboral parece que incluso sonreír signifique no ser demasiado profesional, cuando en realidad está demostrado que se obtienen mejores resultados laborales o académicos si uno está motivado y cohesionado con el grupo.

Si echamos de menos a alguien, o si nos emocionamos por un éxito o por conocer a una persona, no deberíamos tratar de contener lo que sentimos, sino canalizarlo de la forma que más nos ayude. Puede ser que la mejor forma de liberar esa emoción sea hablar de ello, o en ocasiones lo que más ayuda es escribir, salir a correr y desahogarse, o gritar en medio de una montaña o en la autopista.

Necesitamos abrazarnos, darnos permiso para sentir, conectar emocionalmente con los demás y expresar lo que sentimos, pues más allá de lo bonita que es la vida cuando exploramos su lado emocional, no podemos ignorar que este aspecto de nosotros es muy necesario para nuestro bienestar, nuestra salud y nuestras relaciones personales.

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