Qué Más Da Dónde Estés Si Sabes A Dónde Vas

El horizonte es tan amplio y diverso que es fácil perderlo de vista. Algunos lo llaman 'vida', ese camino largo hacia adelante donde hay tanto por hacer y mucho más por desear, donde solo avanza el ambicioso que quiere más y no el conformista que lo acepta todo a medias.

La vida es un gran viaje, de eso no hay duda. Un viaje para el que cada quien se prepara a su manera, que resolverá conflictos a su modo, que enfrentará adversidades con la actitud que decida, que celebrará los logros con el ánimo de quién ha trabajado mucho o poco por ellos. Pero para seguir avanzando en ese horizonte tan amplio y diverso que es fácil perderlo de vista, más que saber dónde estamos, hay que saber hacia dónde vamos.

Fijarse objetivos, plantearse metas; decidir lo que haré hoy para estar mañana donde quiero estar, esa es la actitud de un campeón. El camino de la vida puede ser una tortura para aquel que no se ha preparado, que no conoce lo que lleva en su mochila del “sé quién soy”, que se preocupa tanto por saber dónde está, que no le importa hacia dónde va y así se lo lleva la corriente. En cambio, ese valiente que se tomó el tiempo para responderse “quién soy” y para establecer el “hacia dónde voy”, no se va a perder en el camino.

¿Sentirse perdido? Es normal, lo que nos depara cada metro hacia adelante en el camino no lo sabemos, no tenemos ni idea de los obstáculos que tendremos que saltar, de cómo de duros o sencillos serán, y esa nubosidad llamada “incertidumbre” es la que hace -usualmente- que nos asustemos, nos quedemos atascados. Malos momentos, situaciones difíciles que nos ha tocado vivir, como quien deja el lugar donde nació, creció, se formó, hizo amigos y tenía toda una vida por delante, para ir a comenzar de cero en un lugar donde -para los demás- importará muy poco el “qué tienes para dar” y te juzgarán en base al “qué estás dispuesto a hacer”.

Y es justo en ese punto del camino donde más guerreros se quiebran, porque la importancia del “saber a dónde voy” se compara con el hecho de tener conmigo esa brújula que me sirve de guía. Podrá estar muy turbia la vista -tanto que me ciega completamente- pero, ¿acaso un buen piloto de aviones no va por el aire sin ver nada hacia adelante y aun así llega a su destino?