Por Qué Nos Da Miedo Brillar Demasiado

Todos tuvimos alguna vez un globo que alguien pinchó, una ilusión rota que nos hizo un poco menos inocentes y un poco más "adultos". Aquella relación que parecía perfecta y se terminó, aquel amigo que nos decepcionó, aquel profesor que nos dijo que no servíamos para aquello, o esas ganas de comernos el mundo que nos pisó la crisis. Pero necesitamos recordar lo que había ahí, dentro de nosotros, cuando todas las capas de dudas, miedos o prejuicios no nos cubrían.

Seguro que recordarás alguno de esos momentos brillantes, uno de esos en que las chispas te saltan de los ojos y te sientes como pez en el agua. De esos instantes únicos en que todo parece encajar perfectamente y sientes que no necesitas nada más. Parece como si de pronto se hubiera sincronizado el ritmo del mundo con el tuyo, y sintieras que estás en el momento y el lugar exactos donde tendrías que estar. Pero por alguna razón, se distorsiona la imagen, y nos despertamos de ese estado casi onírico para volver a una rutina más bien difícil. Aparece la duda, el miedo, la inseguridad, el conflicto, y se rompe la armonía que había. La que sentías con tu pareja cuando os mirabais a los ojos, o la que siente el fotógrafo cuando encuentra el plano perfecto, la luz más exacta.

Y es que cada uno de nosotros tenemos un plano perfecto, una luz exacta, como la que vemos en los niños, porque ellos dejan que se vea bien por fuera. Cuando crecemos, no siempre la dejamos salir, porque nos asusta. Si alguna vez asoma, en seguida nos inventamos las razones que hagan falta para tratar de volver a la normalidad. Nos asusta liberar todo ese talento, por si no podemos controlarlo y nos desborda. Es más cómodo mirar desde el banquillo, hacer algún que otro show de vez en cuando, pero volando siempre bajo radar. El fuego a medio gas para no implicarnos excesivamente, no molestar a nadie, ni sufrir por exponernos demasiado.

Nos dirán de miedo al compromiso, conformismo o pereza, pero en realidad, es miedo. Porque fuerza no nos falta, e ilusión tampoco. Pero el miedo campa a sus anchas y adormece toda pasión que pudiera haber quedado en nosotros. Un miedo indescriptible y sutil que se esconde tan profunda e íntimamente en nosotros, que muchas veces ni siquiera lo sabemos. El miedo a ser completamente felices y maravillosos. El miedo a brillar demasiado y que a alguien le moleste o le haga sentir inseguro. El que nos impide decirle a alguien "te quiero" y vencer el orgullo, o ser emprendedores y perseguir nuestros sueños.

Lo curioso del miedo es que olvidamos que muchas veces se basa en fantasmas que nos hemos inventado nosotros mismos, y que cuando nos enfrentamos a lo que nos asusta, a menudo nos sorprende gratamente. En realidad, si la vida quiere enseñarnos algo, hacernos daño o decepcionarnos, lo hará de todas formas, pero con el miedo, lejos de evitarlo, nos amargamos durante más tiempo, porque dejamos de disfrutar lo que por el momento nos hace felices, e impedimos que brille esa luz más intensa que tenemos dentro. Porque es así, desde esa pasión sin miedo, como han triunfado los grandes, que han vuelto a construir un globo y otro globo, por muchos que les pinchasen.

Consejo milenial: que el miedo no te impida perseguir tus sueños.

Crédito de la imagen: Jairo Álvarez     Música: Josh Woodward     Locución: Jesús Ranchal

La música empleada en esta locución está registrada bajo una licencia Creative Commons