Por qué somos tan cruelmente rápidos juzgando a los demás

Cuando conocemos a alguien, la primera impresión es lo que cuenta. Después es muy difícil cambiarla

Uno de tus peores enemigos se llama "sesgo de confirmación". Se trata de un mecanismo psicológico que te juega malas pasadas cada vez que te enfrentas a algo o a alguien que no conoces de nada porque consiste en encasillar lo desconocido en algo que conoces. En principio, sirve para ayudarnos a interpretar la novedad dentro de nuestros códigos y que sea más fácil tratar con ella, pero lo que acaba pasando es que la encasillamos. Y esto, desgraciadamente, también pasa con las personas, que antes de conocerlas ya somos capaces de decir un montón de cosas sobre ellas: por cómo se visten, por su forma de hablar, por la gente de la que se rodean.

Un estudio de la Universidad de Princeton citado por Muy Interesante demuestra que pocas décimas de segundo son suficientes para que los humanos nos creemos una imagen de alguien a quien estamos conociendo. ¿Te imaginas? Si ya es difícil definirte en los 140 caracteres que te da Twitter en la bio, ¿cómo podrías dar una visión acertada de ti en una simple fracción de segundo? Pues que sepas que todo el mundo se hace una idea de quién eres en ese pequeño momento, no hay margen para los matices, para lo que tengas que contar. Esa primera impresión se basa en los rasgos físicos, en la comunicación no verbal, en los gestos y en la mirada.

Y no solo eso: "esa imagen es tan potente que los hechos raramente la desmienten", apunta le artículo, pero no porque la persona que tienes en frente sea como tú crees que es, sino porque es muy difícil retroceder una vez que hemos definido a alguien, incluso si demuestra con hechos que no es realmente así. Para lo bueno y para lo malo: si alguien te cae mal, por mucho que se lo curre te seguirá cayendo mal y si alguien te parece buena gente, por muy mal que se comporte te seguirá pareciendo una buena persona.

"Esta impronta es el resultado en realidad de una adaptación evolutiva: cuando nuestros ancestros se encontraban entre ellos, debían decidir rápidamente si el otro sujeto era de fiar", cuenta Muy Interesante. Por eso tenemos que construir la confianza en un instante. Eso, en el pasado, podía tener consecuencias sobre tu supervivencia, pero a día de hoy nos ha convertido en unos juzgones que no dejan espacio a la duda. Y eso provoca que nos perdamos muchas, muchas cosas buenas de la gente. Imagínate lo complicado que es para ti definirte y lo fácil que o tienen los demás para hacerlo.

Teniendo esto en cuenta, el ejercicio que hay que hacer es luchar contra nuestra naturaleza e intentar dejar que la gente tenga tiempo para presentarse. Así, acercándonos poco a poco a las personas conseguiremos conocerlas mucho mejor y darles una oportunidad más justa que si simplemente nos fiamos de nuestra intuición porque, realmente, nos estamos perdiendo muchos detalles de gente que, con el tiempo, podría convertirse en una amistad.