Si crees que no vales nada, te arrimarás a gente que te lo confirme

Haz memoria y pregúntate si en algún momento de tu vida has conocido a una persona que objetivamente era perfecta como pareja, que tenía toda la pinta de que podríais tener una relación sana, de que te trataría de maravilla y serías feliz, sin embargo no te despertaba absolutamente ningún interés. O puede que, al contrario, supieras claramente que esa otra persona te iba a hacer la existencia más difícil, que la relación sería una batalla constante, pero te resultaba tremendamente... Esto te ocurre porque, a pesar de los tópicos, no buscas una relación en la que ser feliz sino una que te resulte 'familiar' y todo esto tiene una explicación.

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Cuál es el origen

Cuando nacemos somos muy vulnerables, necesitando al otro (padre, madre u otro cuidador) para sobrevivir. Esas personas nos cuidarán de la mejor manera que sepan o puedan según sus propias experiencias de vida. Estarán pendientes de nuestras necesidades o no, serán distantes, puede que esperen que llenemos sus vacíos, en definitiva se pueden dar tantas formas de cuidado como personas hay en el mundo. Lo importante es que nosotros nos sentiremos muy queridos, algo queridos o muy poco. Y eso se va a quedar grabado como un patrón automático y va a condicionar el resto de relaciones que tengamos a lo largo de nuestra vida.

Con esto puede que pienses: "pues vaya mierda porque yo no me sentí nada querido/a en mi infancia, ¿eso quiere decir que solo me atraerán personas que en el fondo no me quieran y con las que sufra?". Pues hay muchas posibilidades de que así ocurra, pero la buena noticia es que a medida que te des cuenta del patrón que tienes grabado, te conozcas y seas conscientes de tu historia de vida, serás capaz de entender mejor las relaciones que has tenido o las que estás teniendo en este mismo momento y cambiarlas. Porque hasta que tú mismo no te conoces de verdad, no puedes relacionarte con el otro de una forma sana y auténtica, no puedes dejar de hacerlo desde el modo automático.

Cuando entiendo la forma en la que me relaciono, dejo de culpar a los demás por no tratarme como me merezco, por no respetarme, en definitiva, por no quererme como a una parte de mí le gustaría, pero que a otra le resultaría insoportable porque activaría un gran miedo a lo desconocido. Que me traten de otra forma es meterme en un terreno en el que nunca he estado y, además, si yo me paso el día machacándome y reprochándome cosas, me va a resultar muy poco creíble que alguien venga y me diga lo mucho que valgo. Me resultará mucho más veraz que me reprochen y me machaquen porque resonará con lo que hay dentro.

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Romper el bucle

Así que la solución es tomar las riendas de la relación más importante que vas a tener y que es la única que seguro vas a tener toda la vida: la tuya, contigo mismo/a. Tienes dentro y delante tuyo cuando te miras en el espejo una persona muy valiosa y debes empezar a tratarla como tal. No es ni mejor ni peor que nadie, es especial simplemente porque existe. Claro que hay cosas que se pueden mejorar, que aún se puede crecer mucho, pero lo que necesitas saber es que, eres perfecto tal como eres ahora mismo.

Todos nacemos siendo diamantes con un valor incalculable, y según pasan los años nos vamos recubriendo con capas, de "soy feo, no valgo, debería tener más, mi cuerpo debería ser diferente"... y dejamos de vernos como somos en realidad. Nos perdemos a nosotros mismos y “mendigamos amor” a personas que a su vez tampoco se sienten valiosas y no saben como querernos. Cuando por fin trabajemos todos los “no merezco” o “no soy suficientemente bueno/a” que se han quedado grabados por nuestra historia de vida, seguro que no necesitaremos arrimarnos a una persona que nos diga que no valemos nada, porque sabremos que no es cierto.

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