Los Consejos Que A Ti Te Salvaron A Otro Podrían Destrozarle

Qué absurdo sería si un diabético nos recomienda no tomar nada dulce porque nos quiere alertar de que puede matarnos. Seguro que lo haría con la mejor de las intenciones, pero se estaría equivocando. Igual que si nosotros le dijéramos a él que comiera un pastel porque a nosotros nos sienta el dulce de maravilla. Eso es lo que hacemos muchas veces cuando aconsejamos a los amigos. No podemos evitar proyectar nuestras propias experiencias, y damos por supuesto que la otra persona es como nosotros.

¿Cuándo dar consejos y cuándo evitarlos?

A veces podemos salvar a alguien de un grave error por abrir la boca, pero merece la pena que antes de aconsejar evaluemos si la naturaleza del consejo es objetiva o subjetiva. Por ejemplo, que cuando llueve te mojas si no llevas paraguas es un hecho, pero que la lluvia pone triste es solo un punto de vista. Es lógico que pretendamos proteger a nuestra hermana pequeña de una relación a distancia si en el pasado sufrimos una situación parecida, y al final acabaron poniéndonos los cuernos.

Pero en realidad una relación a distancia no tiene porqué ser negativa en sí misma, sino que puede que nosotros no estemos hechos para esta clase de relaciones, o que sencillamente esa pareja que tuvimos era un gran error y la distancia no hizo más que evidenciarlo.

En el terreno de las emociones no existen las recetas mágicas ni las soluciones universales. A menudo la vida se compone de tonos grises que son mucho más complicados y sutiles. Esto no implica que no haya veces en que un consejo sea positivo. Si el novio de una amiga es un manipulador y tenemos pruebas que lo demuestran, es normal que queramos ayudarla a abrir los ojos, pero si simplemente su sonrisa nos recuerda a la de un ex que resultó ser un falso, mejor no sacar conclusiones precipitadas.

En el terreno de lo no evidente es importante andar con cuidado: lo que a nosotros no nos funcionó quizá a otros les vaya mejor, y solo lo podrán saber si viven sus propias historias. No podemos salvar a nadie de la vida, porque la vida es la mejor maestra, y además nadie se merece quedarse sin ver la película y que le cuenten el final. Casi siempre la magia está en la trama misma, aunque a veces nos cueste verlo si estamos en medio de todo y quisiéramos que un mago con una bola de cristal nos contase que todo va a salir bien.

El mejor regalo es nuestro tiempo

Los amigos o la familia necesitan menos consejos nuestros de lo que nos pensamos. Hay regalos mucho mejores que un consejo: un abrazo, escuchar al otro y saber confiar en su criterio. Cada vez que tengamos la tentación de abrir la boca y soltar un consejo gratuito, estaremos delante de una oportunidad ideal para callarnos. Callar y escuchar de verdad. La solución, casi siempre, está dentro de la otra persona, y nosotros desde fuera lo mejor que podemos hacer es ayudarle a que la descubra y a que saque su mejor potencial.

Crédito de la imagen: Lauren Withrow