Confirmado: tu personalidad tiene mucho que ver con ser el hermano mayor, el menor o el mediano

Que si los mayores son más independientes y responsables, que si los pequeños buscan más el cariño de los padres y son más egoístas, que si los de en medio no pintan nada. Mitos y leyendas sobre el papel que juega en la personalidad el hecho de ser el hermano mayor o el pequeño o la diferencia entre tener más de uno o ser hijo único hay miles, pero ¿qué hay de cierto en todo ello? Psicólogos y psiquiatras de familia se han ocupado durante años de determinar si esos factores nos predisponen a ser de una determinada manera y, al parecer, casi todas ideas preconcebidas son reales. 

Las primeras investigaciones se remontan al siglo XIX, cuando Alfred Adler, un colega de Sigmund Freud, se ocupó de comenzar a analizar si el orden del nacimiento determina el comportamiento de los niños. Él apostaba por que sí y sus estudios terminaron de demostrarlo. Durante años, estudió el comportamiento de niños de diferentes familias llegando a la conclusión de que, efectivamente, los primogénitos cuentan con mayores habilidades de liderazgo y son, por lo general, más dominantes y conservadores. Además, asumen el rol de 'cuidador' desde el momento en el que empiezan a compartir su vida con hermanos pequeños, cosa que refuerza su perfil responsable. Su situación les hace tener más iniciativa y ser más honestos y más resistentes al estrés que los hijos nacidos después.

Por otro lado, los pequeños buscan mucho más la protección de sus padres y demandan su atención con mayor asiduidad, siendo mucho menos independientes. Aunque no se dejan llevar siempre: buscan imitar las capacidades de sus hermanos mayores, lo que les convierte en personas mucho más activas y abiertas, más preparadas para la vida social y con mejores capacidades para buscar amistades y crear grupos.

¿Qué ocurre con los hermanos que están en medio? Suelen arrastrar la imagen de niños poco atendidos sin un papel definido. Pero Adler constató que son más conscientes y diligentes que el resto, más aventureros y más dispuestos a investigar en busca de su propia personalidad, por lo que son los más osados de los tres.

Y la cuarta posibilidad, los hijos únicos. ¿Es cierto que son más egocéntricos? Según Adler, sí: al no tener que competir con otros y recibir en exclusiva el cariño de ambos padres, los niños sin hermanos crecen en un contexto de sobreprotección que les lleva a ser más egoístas. No obstante, el psicoterapeuta también demostró que son bastante abiertos, forzados por tener que buscar compañeros de juegos fuera de su hogar.

¿Te reconoces en alguno de estos perfiles?